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Las casas se van a seguir construyendo

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Por Elena Tamés Cornish*

A principios de octubre participé en el Foro Regional de Vivienda 2026 del BID, en Washington, en el panel donde se presentó la Metodología Integral para atender el déficit cualitativo de vivienda en América Latina y el Caribe, un trabajo elaborado con expertos de toda la región. El documento muestra que hoy el reto en la región ya no es cuantitativo, sino en qué condiciones viven las familias: el déficit cualitativo representa cerca del 78% del total. Y propone poner la asistencia técnica en el centro. La pregunta que me tocó plantear es cómo llevarla a escala.

En este Octubre Urbano, la pregunta es especialmente pertinente en México, donde la conversación pública gira hoy alrededor de la vivienda nueva.

El déficit cualitativo tiene una característica que lo distingue: cada caso es un caso. De ahí solemos concluir que atenderlo es necesariamente lento, caro e ineficiente. Después de más de veinte años en campo, estoy convencida de que la barrera no es la diversidad de las viviendas. Es llegar a esa conclusión.

Delegar en quien ya construye

Las familias han construido la mayor parte de nuestras ciudades. Ya deciden, compran, contratan y construyen. Si desglosamos las actividades de una acción de mejoramiento, la mayoría se puede sistematizar, apoyar con tecnología o delegar en ellas. Solo unas cuantas necesitan al profesional. El cambio de paradigma es dejar de preguntarnos cómo hacerlo por las familias y empezar a preguntarnos cómo sumarnos a lo que ya hacen. Para lograrlo, veo tres frentes.

Primero: asistencia técnica que dure. Hablamos mucho de crédito para las familias y casi nunca de cómo financiar la asistencia técnica. He visto organizaciones y asesores extraordinarios dedicarse a otra cosa porque el financiamiento llega y se va, como un electrocardiograma. Con ellos se pierde la experiencia acumulada, y cada programa vuelve a empezar de cero. Sin cuadros técnicos estables en territorio, no hay escala posible.

Segundo: controles inteligentes y medir lo que importa. La preocupación por el mal uso de los recursos es legítima. Pero el control excesivo desde el centro, y sobre todo diseñar las soluciones desde el escritorio, vuelven la operación en territorio una pesadilla de formularios. Hay que medir si se cubrió la necesidad, no si se colocó un crédito o se dispersó un recurso. No importa si se puso aislamiento, sino si se resolvió el confort térmico: en un clima la respuesta será aislar y en otro, ventilar. Las nuevas metodologías para medir el déficit cualitativo son un gran avance. El reto es convertirlas en una guía sencilla de campo para medir el antes y el después de cada intervención.

Tercero: delegar de verdad. Lo decimos mucho, pero en la práctica volvemos a las familias receptoras de un subsidio. Delegar es darles el recurso, con herramientas y controles adecuados. A algunos les parece escandaloso, pero en un estudio de costos confirmamos que las familias que administran el recurso logran un 30% más de alcance (los detalles están en Planear para habitar mejor). Compran el material, contratan al albañil y supervisan una sola obra, la suya. Eso reduce la complejidad y construye capacidades que se transmiten de boca en boca.

¿Y para qué el arquitecto?

Si no hiciera falta, no estaríamos hablando de déficit cualitativo. El profesional tiene que estar, de forma quirúrgica, en el diagnóstico y en la definición de la solución con la familia. Y ese diagnóstico tiene que ser presencial, por dos razones. La confianza no se construye a distancia: atendemos familias, no casas. Y muchos de los problemas que ponen a una vivienda en déficit son invisibles para quienes la habitan; una foto muestra lo que la familia cree que está mal, no lo que está mal. Un buen diagnóstico en sitio ahorra malentendidos y retrabajos en obra.

Delegar también es democratizar la información. Plataformas como Decide y Construye ponen consejos y tutoriales al alcance de quienes autoconstruyen, en el momento en que los necesitan. No todas las familias serán sujetas de subsidio o de crédito, pero todas van a seguir construyendo.

La ventana que se está abriendo

Según la Encuesta Nacional de Vivienda 2020, el 58% de las viviendas propias en México necesita construir o ampliar espacios: casi 14 millones de viviendas. Un cuarto, un baño, una cocina más grande. Esas ampliaciones van a ocurrir con o sin nosotros. Y la ampliación es justo el momento en que más se profundiza el rezago: se tapan la luz y la ventilación, y se comprometen las estructuras. Cada una puede agravar el problema o convertirse en la oportunidad de resolverlo.

Escalar no es estandarizar soluciones. Es estandarizar procesos, medir lo que importa y confiar en las familias.

Este Octubre Urbano, la pregunta no es si las casas se van a construir. Eso ya está pasando. La pregunta es si vamos a estar ahí, a tiempo, para acompañarlas.

Referencias

Silva de Anzorena, M. P., Menezes Fajardo, W., Castro Bedolla, E. y Madera Arends, R. (2026). Metodología Integral para atender el déficit cualitativo de vivienda en América Latina y el Caribe. Banco Interamericano de Desarrollo. https://doi.org/10.18235/0014505

Tamés Cornish, E. (2026). Planear para habitar mejor: hagámoslo juntos, desde adentro. Miguel Ángel Porrúa.

INEGI (2021). Encuesta Nacional de Vivienda (ENVI) 2020. Presentación de resultados.

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