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La nube necesita una ciudad

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Por Gabriel España*

Durante muchos años pensamos que la economía digital iba a hacer menos importante la geografía. Internet parecía permitir que casi cualquier servicio pudiera prestarse desde cualquier lugar. La inteligencia artificial, paradójicamente, puede estar demostrando lo contrario.

La nube necesita tierra. La inteligencia artificial necesita capacidad de cómputo. Y detrás de esa capacidad hay algo muy poco virtual: centros de datos, electricidad, transmisión, fibra óptica, sistemas de enfriamiento, agua, suelo e infraestructura.

Eso está empezando a cambiar también la manera en que las ciudades compiten por inversión.

Pero hay una discusión que me parece particularmente importante. Los centros de datos requieren inversiones enormes y consumen cantidades significativas de energía, pero generan relativamente pocos empleos permanentes dentro de sus instalaciones. La pregunta que algunas autoridades empiezan a plantearse es razonable: ¿por qué asignarles energía, agua, suelo e infraestructura si, vistos aisladamente, no son grandes generadores de empleo?

Creo que ahí está precisamente el punto: no deberíamos verlos aisladamente.

En Río de Janeiro se está desarrollando Rio AI City, uno de los proyectos de infraestructura digital más ambiciosos de América Latina. Lo interesante no es solamente su escala. Río está intentando conectar esa infraestructura con universidades, centros de investigación, startups, empresas tecnológicas y formación de talento.

México también está entrando de lleno en esta transformación. Querétaro se ha convertido en uno de los mercados más importantes de centros de datos en América Latina. AWS anunció una inversión de US$5,000 millones y CloudHQ otros US$4,800 millones para desarrollar seis centros de datos.

La pregunta, entonces, no es si esta transformación llegará a México. Ya llegó.

La pregunta relevante es qué hacemos con ella.

He trabajado buena parte de mi carrera financiando proyectos de infraestructura en mercados emergentes, y esta discusión me resulta familiar. Un proyecto importante puede quedarse simplemente en un activo aislado o puede convertirse en una plataforma que impulse mucho más desarrollo a su alrededor. La diferencia no está solamente en el monto de la inversión. Está en cómo se integra a la economía y a la ciudad.

Un centro de datos puede generar relativamente pocos empleos dentro de sus cuatro paredes. Pero alrededor de esa infraestructura pueden desarrollarse empresas de inteligencia artificial, software, ciberseguridad, cloud, ingeniería y servicios especializados. Pueden surgir startups, nuevos proveedores, laboratorios universitarios y centros de investigación. También puede atraer talento que de otra manera se iría a otras ciudades o a otros países.

Ahí, me parece, está buena parte de la derrama económica que deberíamos estar buscando.

También hay una oportunidad muy concreta en infraestructura. Si un proyecto requiere cientos de megawatts, puede contribuir a ampliar generación, transmisión y almacenamiento. Si necesita agua, puede ayudar a financiar tratamiento y reúso. Si requiere conectividad, puede acelerar inversión en fibra y redes digitales. Y si necesita talento, puede impulsar programas universitarios, capacitación técnica e investigación aplicada.

Pero nada de esto ocurre automáticamente.

Por eso creo que las ciudades deben dejar de pensar en estos proyectos únicamente como desarrollos inmobiliarios y empezar a verlos como inversiones ancla alrededor de las cuales puede construirse un ecosistema mucho más amplio.

La sustentabilidad también tiene que estar en el centro de esa discusión. No tendría sentido atraer miles de millones de dólares de inversión si para hacerlo se compromete la disponibilidad de agua, se saturan las redes eléctricas o se trasladan los costos a las comunidades. Energía confiable y cada vez más limpia, reúso de agua, resiliencia, movilidad y una adecuada integración urbana deben formar parte del proyecto desde el inicio.

Y hay otro elemento que, en mi opinión, será cada vez más importante: el talento.

Las ciudades ya no compiten solamente por empresas. Compiten por personas. Ingenieros, investigadores, emprendedores, científicos de datos y especialistas en tecnología eligen también dónde vivir, dónde crear empresas y dónde desarrollar sus carreras. Universidades de calidad, vivienda, movilidad, seguridad y calidad de vida pasan entonces a formar parte de la infraestructura económica de una ciudad.

México tiene ventajas importantes: integración con América del Norte, una base manufacturera profunda, cadenas logísticas desarrolladas, talento técnico y una industria financiera e inmobiliaria sofisticada. Pero aprovechar esta nueva ola de inversión requerirá algo más que otorgar licencias y conectar megawatts.

Requerirá pensar en conjunto.

La pregunta que deberíamos hacernos no es solamente qué infraestructura necesita la inteligencia artificial, sino cómo podemos aprovechar el capital que está movilizando para financiar la infraestructura, el talento y las oportunidades que necesitan nuestras ciudades.

El verdadero retorno de estas inversiones no debería medirse únicamente en megawatts o metros cuadrados. También debería medirse en cuánto conocimiento generan, cuánto talento atraen, cuántas empresas ayudan a crear y qué infraestructura dejan detrás.

La ciudad del futuro no será necesariamente la que tenga más tecnología. Será la que sepa convertir tecnología, capital y talento en mejores oportunidades y una mejor calidad de vida para quienes la habitan.

*Gabriel España

Managing Director de Iskali Capital Group (ICG)

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