IFC, NADBank y Grupo Vinte analizaron en el ULI Fall Meeting cómo ampliar el financiamiento y la infraestructura para impulsar viviendas eficientes y resilientes
La vivienda sustentable enfrenta un desafío que va más allá de incorporar tecnologías para ahorrar agua y energía: ampliar su alcance para que más familias accedan a sus beneficios. Para lograrlo, el sector inmobiliario necesita esquemas de financiamiento de largo plazo, inversión en infraestructura y mecanismos que permitan reconocer el valor de este tipo de desarrollos.
Este fue uno de los temas que abordaron representantes de Grupo Vinte, la Corporación Financiera Internacional (IFC), integrante del Banco Mundial, y el Banco de Desarrollo de América del Norte (NADBank) durante el Urban Land Institute (ULI) Fall Meeting 2026, celebrado en Miami. En el encuentro, los participantes analizaron las condiciones financieras y operativas que pueden ayudar a extender la construcción sustentable sin limitar el acceso a la vivienda.
Para Domingo Valdés, director de Finanzas de Grupo Vinte, la clave consiste en integrar la sustentabilidad a la estrategia de largo plazo de las empresas. Esto implica combinar capital y deuda para desarrollar comunidades que generen beneficios para sus habitantes y mantengan su viabilidad financiera.
Financiamiento de largo plazo impulsa el modelo
La relación entre IFC y Grupo Vinte comenzó en 2008, cuando el organismo respaldó a la desarrolladora mediante capital y financiamiento de largo plazo. Desde entonces, esta relación ha acompañado la consolidación de un modelo de negocio que incorpora criterios ambientales, sociales y de gobernanza.
Al cierre de junio de 2026, el 73% de la deuda de Grupo Vinte se clasificaba como sustentable, vinculada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) o a la certificación EDGE, un estándar que evalúa la eficiencia en el uso de recursos en los edificios. Además, la compañía acumula más de 26,000 viviendas certificadas bajo este esquema.
Durante el encuentro, Joel Sánchez, representante de IFC, señaló que una de las barreras para extender la vivienda sustentable es la percepción de que construirla requiere mayores costos y reduce la rentabilidad. Sin embargo, los casos existentes permiten examinar cómo las empresas pueden incorporar criterios ambientales a sus operaciones y acceder a instrumentos de financiamiento relacionados con estos objetivos.
Valdés explicó que el financiamiento institucional también ayudó a Grupo Vinte a mantener su crecimiento durante periodos de incertidumbre económica, como la crisis financiera global y la pandemia. Asimismo, fortaleció su capacidad de inversión y acompañó adquisiciones como las de Javer y Derex, con las que amplió su presencia en el mercado mexicano.
El caso de Derex, desarrolladora del noroeste del país, también mostró cómo una empresa puede extender sus prácticas ambientales al integrarse a una organización con mayor acceso a financiamiento. La compañía desarrolló un modelo de vivienda sustentable en una región marcada por la escasez de agua, de acuerdo con lo expuesto durante el panel.
La vivienda necesita infraestructura urbana
Además del financiamiento para construir casas, la discusión abordó la inversión que requieren los servicios y espacios que sostienen la vida cotidiana de sus habitantes. Para Kari Bergman, directora asociada de Financiamiento de Infraestructura Ambiental de NADBank, los recursos también deben llegar a sistemas de agua, vialidades, escuelas y espacios públicos.
Estos elementos amplían el alcance de la sustentabilidad más allá de la eficiencia de cada vivienda. También influyen en las condiciones de habitabilidad de las comunidades y en los beneficios que las familias pueden obtener de su entorno.
En este sentido, Bergman planteó la importancia de comunicar mejor las ventajas de una vivienda sustentable para que los compradores reconozcan su valor tanto en el patrimonio como en la vida diaria. El reto consiste en mostrar cómo la eficiencia en el uso de recursos y la infraestructura adecuada pueden traducirse en beneficios concretos para los habitantes.
Resiliencia, otro criterio para el financiamiento
La conversación también abordó la posibilidad de incorporar la resiliencia de los inmuebles a los criterios que utilizan las instituciones financieras y las aseguradoras. Joel Sánchez señaló que este tema representa una oportunidad para ampliar los incentivos relacionados con el desempeño ambiental de los edificios.
Como ejemplo, mencionó el caso de la aseguradora SURA en Colombia, que comenzó a ofrecer tarifas especiales para edificaciones sustentables hace entre cinco y siete años y ahora avanza hacia esquemas que consideran su resiliencia. IFC también desarrolló el Building Resilience Index, una herramienta que permite identificar riesgos y medidas para mitigarlos.
Este tipo de evaluaciones podría abrir oportunidades para reducir costos de aseguramiento y financiamiento, aunque su alcance dependerá de cómo las instituciones incorporen estos criterios a sus decisiones. Para el mercado mexicano, la resiliencia representa una dimensión adicional en la evaluación de los riesgos y el desempeño de los proyectos inmobiliarios.
El desafío, por tanto, consiste en extender estas experiencias más allá de casos particulares. El financiamiento de largo plazo, la infraestructura y la evaluación de riesgos pueden contribuir a que más desarrolladoras incorporen prácticas sustentables. Sin embargo, ampliar su alcance también requiere que los beneficios lleguen a los compradores y que las condiciones de financiamiento permitan desarrollar viviendas eficientes y resilientes a una escala mayor.





