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Diseñando en armonía con la naturaleza, Conjunto Campeche

Arquitectura | En la opinión de | Opinión |

Por Gustavo López Padilla*
La naturaleza para ser gobernada debe ser obedecida.  Francis Bacon, filósofo empirista inglés (1561-1626).

Uno de los compromisos mas importantes de los arquitectos que se ha vuelto imperativo a lo largo de los últimos años, es el buscar con nuestros trabajos profesionales,  conciliar el desarrollo de las ciudades y sus arquitecturas en armonía con la naturaleza. Se trata de crear ámbitos habitables, en los cuales los seres humanos encuentren las mejores oportunidades de vida que ofrece la modernidad, disfruten atmósferas vivenciales que procuren bienestar, intentando con ello que florezcan las cualidades del espíritu, propiciando una sana convivencia colectiva. Se parte de la idea de que lo anterior se puede lograr, si los proyectos urbanos y arquitectónicos que se realicen,  dando vida, diversidad  y rostro a nuestras ciudades, toman en cuenta a la naturaleza, logrando además beneficios en lo que tiene que ver con la salud pública. Es importante tener presente, que las calidades y diversidades de los espacios colectivos generan conductas, siendo importante entonces, tener en cuenta en  todo esto buscar la mejor relación entre arquitectura y  naturaleza, implicando en la medida de lo posible, entendimiento y respeto de sus condiciones originales.

En 1975 el equipo de diseño Sánchez Arquitectos y Asociados, constituido en ese entonces por Luís Sánchez Renero, Félix Sánchez Aguilar, Alberto Robledo Landero, Gustavo López Padilla y Fernando Mota Fernández, fue invitado por el FOVISSSTE a realizar el proyecto de un conjunto habitacional a ubicarse en la ciudad de Campeche, en el estado del mismo nombre. De inicio, la particularidad del proyecto tuvo que ver con el hecho de que el terreno de 4.87 hectáreas era un huerto poblado de naranjos, constituido en su mayoría por árboles sanos y productivos. El requerimiento solicitado fue la construcción de 200 viviendas unifamiliares, cada una de las cuales debía alojar en promedio seis miembros, lo que se traducía en una población total de 1200 habitantes, resultando con ello una densidad bruta de 41 viviendas por hectárea. Al comenzar los primeros planteamientos del proyecto, algunas voces implicadas en el mismo, sugirieron que para facilitar diseños y construcción, se podían eliminar los árboles preexistentes, resultando así un terreno libre que permitiría mayores libertades proyectuales.

Como responsables del diseño, pensando antes que nada en el respeto a la naturaleza, nos pronunciamos decididamente por una alternativa distinta, sugiriendo que  debíamos considerar  la trama regular de la posición de los naranjos, procurando en la medida de lo posible conservar el máximo de árboles, argumentando que lo anterior podría generar un diseño ambientalmente sano, atractivo e interesante, con la ganancia adicional de que en lo referente a los necesarios diseños de arquitectura de paisaje, que en los conjuntos sociales de esta naturaleza, muchas veces quedan relegados hasta el final, dependiendo su ejecución de  las posibilidades del presupuesto disponible, con la opción de respeto a la naturaleza preexistente, desde el principio estos diseños quedaban en buena medida resueltos,  con ahorros económicos significativos. El conservar los naranjos, propiciaría  de inicio sombras frescas que calificarían la vida social del conjunto, teniendo en cuenta el clima caluroso y húmedo característico de la región de Campeche. Sumaríamos a lo anterior el tomar en cuenta las maneras de vida de las gentes de la localidad, procurando en el conjunto además de la frescura de los naranjos, el contar en el diseño de algunas casas con pórticos abiertos a calles peatonales, protegidos del sol, de tal suerte que en ellos se propiciara vida comunitaria, sobretodo en las tardes y el las noches, en las cuales se podría convivir y platicar amablemente entre vecinos.

Así entonces, los diseños particulares de las viviendas se estructuraron a partir de la trama geométrica regular de la posición de los naranjos, determinando con ello  áreas y distribuciones alternadas de  espacios abiertos (patios) y cerrados (habitables) de cada casa. Se buscaron ventilaciones cruzadas, aprovechando los vientos dominantes del lugar para buscar frescuras ambientales, renovaciones del aire al interior de las unidades habitables  y tratando que las orientaciones volumétricas de las mismas, evitaran en la medida de lo posible incidencias directas del sol y  sus consecuentes ganancias de calor, privilegiando para el efecto el predominio de muros cerrados, con aberturas de ventanas reguladas, en lo que tiene que ver con sus dimensiones, pero buscando también, espacios interiores bien iluminados. Teniendo en cuenta posibilidades presupuestales, los espacios  interiores de descanso, tomaron en cuenta tanto en sus dimensiones en planta como en alturas la utilización de hamacas, que forma parte de la vida tradicional cotidiana en la región.

El conjunto de inicio cuenta con cuatro calles externas perimetrales, vinculadas directamente al tejido general de la ciudad y al interior del mismo se plantearon proyectualmente,  bloques de viviendas que definen calles peatonales sombreadas, posicionando mayoritariamente en la periferia los estacionamientos requeridos, separando así los movimientos vehiculares del estar y caminar de las gentes, mayores, jóvenes y niños. En una zona central del terreno, densamente poblada de naranjos, se diseñó una plaza jardín, contando  con una pequeña zona comercial, en la que se pueden comprar artículos de primera necesidad, enriqueciendo este nodo la vida comunitaria. Otras plazas y jardines de menor escala diversifican los espacios públicos, volviendo atractivos los recorridos peatonales en el lugar. Una sola calle vehicular atraviesa el conjunto en la parte media del mismo, articulando con ello las dos calles perimetrales mas largas, relacionando así el lugar con el tejido urbano de la zona. En términos de porcentajes de usos del suelo, el 49% del mismo está ocupado por la posición de las viviendas, el 9% por los estacionamientos y la calle transversal y en lo que tiene que ver con las distintas posibilidades de espacios abiertos se ocupa el 42 %,  20240.00 m2, lo que se traduce en 16.86 m2  por habitante,  cumpliendo de manera eficiente la norma saludable, que en este sentido consideran los estudiosos de las ciudades modernas.

En lo que se refiere a los prototipos de vivienda, se plantearon cuatro tipos, de uno y dos niveles construidos, variando sus áreas entre 60.75 m2 y 106.69 m2. El criterio anterior planteó la mezcla necesaria de distintos grupos sociales y económicos, para enriquecer con sus interacciones la vida comunitaria y cultural del lugar. Los procedimientos constructivos empleados en estas viviendas fueron convencionales, a base de muros de carga y entrepisos prefabricados de concreto armado, terminado lo anterior con aplanados finos de mezcla en los exteriores y yeso en los interiores, aplicando colores claros en sus terminados como es usual en la zona, teniendo en cuenta sus condiciones climáticas. Los pórticos de doble altura en las viviendas que cuentan desde luego con dos niveles construidos, califican la imagen urbana de las mismas y como ya se comentó, fomentan la interacción entre las personas.

Al final de cuentas se trata de un conjunto abierto, permeable vivencialmente al tejido urbano colectivo colindante, con la propuesta de intentar con su arquitectura de hacer ciudad, planteando  enriquecer las relaciones comunitarias y la actividad cultural en la zona, respetando como se ha dicho las preexistencias naturales. Las gentes que viven en el lugar y las que transiten aleatoriamente por el mismo, pueden estar en sus ámbitos públicos, disfrutar las sombras frescas de sus árboles, comer naranjas libremente cada temporada de producción, alegrar su vista con los colores vivos de los frutos y percibir los agradables aromas de cada floración. Vale la pena insistir en la idea de que las calidades y diversidades de los espacios colectivos en las ciudades generan conductas y los espacios agradables con intensa vida social,  propician seguridad entre el público en general  y buenos comportamientos.

*Gustavo López Padilla
Arquitecto
navegandolaarquitectura.wordpress.com

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Columnista invitado


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