El avance de la IA lleva a las empresas de América Latina a priorizar activos inteligentes, tecnología y automatización por encima de una expansión basada sólo en metros cuadrados
La transformación impulsada por la Inteligencia Artificial (IA) también modifica las decisiones inmobiliarias de las empresas. Más que reducir el gasto asociado a sus espacios, las organizaciones en América Latina comienzan a replantear cómo sus activos pueden contribuir a sus objetivos de largo plazo.
De acuerdo con el reporte Future of Work 2026: Navegando la complejidad de la IA en América Latina, elaborado por JLL Research, 65% de las organizaciones de la región prioriza el posicionamiento estratégico de largo plazo en sus decisiones de bienes raíces corporativos, mientras que 64% da prioridad a las inversiones transformacionales. Con ello, el sector avanza de una lógica centrada en administrar costos hacia otra que busca generar ventajas competitivas mediante activos más inteligentes y resilientes.
El cambio también alcanza la estructura de los costos de ocupación. Las empresas no esperan una reducción significativa de estos gastos; en cambio, prevén una redistribución desde los costos tradicionales asociados al espacio físico hacia tecnología, automatización, modernización y operación inteligente de los inmuebles.
Esto implica que las decisiones sobre los portafolios corporativos ya no dependen únicamente del precio de renta o de la cantidad de metros cuadrados disponibles. Las organizaciones comienzan a considerar la capacidad tecnológica de los edificios y su potencial para responder a nuevas formas de trabajo.
Activos más inteligentes toman relevancia
El reporte de JLL señala que la inversión inmobiliaria apunta hacia propiedades inteligentes, tecnológicamente habilitadas y alineadas con la productividad, la experiencia de los empleados y la resiliencia de las organizaciones. Por ello, la estrategia deja de concentrarse en ampliar superficies y pone mayor atención en elevar el desempeño de los activos existentes y futuros.
Dentro de esta transformación, la inteligencia artificial adquiere un papel relevante. En América Latina, 42% de las organizaciones ya optimiza o utiliza soluciones de IA, mientras que 58% todavía evalúa alternativas, realiza pruebas o analiza la evolución de estas tecnologías.
México se encuentra entre los mercados con mayor avance en este proceso. El reporte registra que 44% de las organizaciones mexicanas se encuentra en fases de adopción escalada u optimizada, frente a 52% en Brasil, 40% en Argentina y 19% en Colombia. Además, JLL identifica a México como un mercado con mayores niveles de preparación y una adopción más avanzada que Argentina y Colombia.
Sin embargo, la adopción tecnológica no se traduce de manera automática en una mayor demanda de superficie. La evolución de las funciones laborales y de los modelos de trabajo lleva a las empresas a revisar qué características necesitan realmente en sus inmuebles.
En este contexto, el espacio de trabajo adquiere una función más vinculada con la productividad y la experiencia del empleado. Las prioridades de inversión incluyen la construcción de calidad, la optimización de edificios mediante IA y el posicionamiento estratégico de largo plazo, además de una mayor atención a servicios, accesibilidad y espacios colaborativos.
La oficina cambia de función
La transformación también modifica la relación de las empresas con sus oficinas. Las organizaciones que ya cuentan con políticas definidas de trabajo muestran una tendencia hacia una mayor presencialidad, aunque con diferencias según el modelo que aplica cada compañía.
Por ello, el reto inmobiliario no consiste solamente en determinar cuánto espacio necesita una organización, sino en definir qué características debe tener ese espacio para responder a sus nuevas necesidades.
JLL plantea que las empresas deben incorporar la experiencia del empleado y el posicionamiento estratégico entre los criterios para evaluar sus espacios corporativos, junto con los indicadores tradicionales de costo. Asimismo, recomienda priorizar activos con infraestructura tecnológica y potencial de automatización, en lugar de basar la expansión únicamente en el incremento de metros cuadrados.
De esta manera, la evolución de la IA comienza a trasladarse de las áreas tecnológicas hacia las decisiones inmobiliarias. Para las organizaciones, el valor de un inmueble dependerá cada vez más de su capacidad para acompañar los cambios en la operación, la fuerza laboral y las necesidades del negocio.




