Más allá de construir vivienda, especialistas advierten que factores como la identidad visual tienen un impacto directo en la permanencia de los residentes
Durante décadas, la discusión sobre vivienda social en México se centró en incrementar la oferta habitacional para atender la creciente demanda de hogares.
Sin embargo, conforme las ciudades avanzan en procesos de densificación y transformación urbana, especialistas señalan que el debate ha comenzado a desplazarse hacia otro aspecto igual de relevante: la calidad de los entornos donde las personas desarrollan su vida cotidiana.
Más allá del número de viviendas construidas, urbanistas y expertos en desarrollo habitacional advierten que factores como la identidad visual, el estado de conservación de los espacios comunes y el sentido de pertenencia que generan los conjuntos habitacionales tienen un impacto directo en la permanencia de los residentes, la apropiación comunitaria y la conservación del patrimonio familiar.
El tema cobra relevancia en un contexto donde México acumula más de 6 millones de viviendas deshabitadas, muchas de ellas ubicadas en desarrollos que enfrentan problemas de deterioro físico, desconexión con su entorno urbano y escasa apropiación social.
La importancia de generar identidad
De acuerdo con especialistas, los desarrollos de vivienda que priorizan únicamente la eficiencia constructiva y la repetición de modelos pueden derivar en espacios homogéneos e impersonales, donde resulta más difícil que los habitantes desarrollen vínculos con su entorno.
Gilberto Méndez Pineda, director comercial de Novaceramic, consideró que la calidad urbana también debe evaluarse a partir de la experiencia cotidiana de quienes habitan las ciudades.
“Las ciudades no solo deben ser funcionales; también deben generar orgullo en quienes las habitan. Cuando una familia siente que vive en un entorno digno y visualmente cálido, cambia su relación con el espacio y con la comunidad”, afirmó.
Bajo esta visión, la construcción de comunidad y el fortalecimiento del sentido de pertenencia dependen no sólo de la vivienda en sí misma, sino también de la imagen urbana, la calidad de los espacios públicos y la capacidad de los desarrollos para ofrecer entornos que las personas deseen cuidar y conservar a lo largo del tiempo.
Entornos que influyen en la percepción de seguridad
La calidad del entorno construido también guarda relación con la forma en que las personas perciben las ciudades donde viven. Según datos retomados por Novaceramic, 58.6% de los mexicanos considera insegura la ciudad en la que habita, mientras que diversos especialistas han señalado que el estado de conservación del espacio urbano influye en dicha percepción.
Aunque la inseguridad responde a múltiples factores, expertos coinciden en que la degradación visual, el abandono de espacios y la falta de mantenimiento pueden contribuir a generar una sensación de deterioro que afecta la relación de los habitantes con su entorno.
Asimismo, la conservación adecuada de los desarrollos habitacionales tiene repercusiones económicas. Una vivienda que mantiene sus condiciones físicas y su atractivo urbano tiende a preservar mejor su valor patrimonial, un aspecto relevante considerando que para millones de familias mexicanas representa su principal activo económico.
Construir para durar
Especialistas consideran que el éxito de un desarrollo habitacional no debería medirse únicamente por su costo o velocidad de construcción, sino también por su capacidad para mantenerse vigente y funcional con el paso de los años.
En este sentido, la conversación sobre vivienda social comienza a incorporar conceptos como habitabilidad, identidad urbana, bienestar comunitario y resiliencia de largo plazo, elementos que buscan garantizar que los conjuntos habitacionales no sólo resuelvan una necesidad inmediata, sino que contribuyan a consolidar ciudades más sostenibles y cohesionadas.
De esta manera, la calidad urbana se perfila como un componente cada vez más relevante dentro de la política habitacional. Más allá de incrementar la producción de vivienda, el desafío consiste en crear entornos capaces de generar pertenencia, conservar su valor y ofrecer condiciones adecuadas para el desarrollo de las comunidades a lo largo del tiempo.









