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Importancia de la vida en comunidad

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Al ofrecer respuesta al reto habitacional, pocas veces se aborda la reflexión en torno a la construcción de tejido social o a la convivencia comunitaria.

Por Aurora García de León*

Me gusta trabajar en el sector vivienda porque, en esencia, se trata de una actividad generosa que se enfoca en resolver una necesidad de vida. Considero mi profesión como un vehículo para mejorar las ciudades; una opción que permite impactar positivamente la vida de muchas personas, por eso amo lo que hago.

Como parte de este trabajo, con cierta frecuencia, se revisa la política pública en materia de vivienda en conjunto con autoridades y otros actores clave. Llama mi atención que, generalmente cuando se conversa, las reflexiones giran en torno a los m2 de construcción, si es de una o dos recámaras, la ubicación, las ecotecnologías, es decir, en torno a especificaciones físicas, sin duda muy importantes, pero pocas veces se aborda la reflexión en torno a la construcción de tejido social o a la convivencia comunitaria que también considero relevante.

Meditando en cuanto a si el tema amerita o no elevarse en rango de atención, me gustaría poner sobre la mesa algunas ideas: existen situaciones de convivencia y calidad de vida que pueden ser mejoradas desde la ciudadanía, en lo local, no todos los problemas encuentran solución en el ámbito gubernamental, las necesidades son muy diversas y cambiantes, es difícil diseñar una estrategia nacional que contemple todas las situaciones, cuando los vecinos se involucran en acciones desde el entendimiento de su colonia la mejora puede ser significativa. De cara al veloz crecimiento de los centros urbanos resulta necesario activar la capacidad ciudadana para mejorar las condiciones de vida en cada entidad.

Estadísticamente, conforme a INEGI, el porcentaje de mexicanos con 15 años o más que declaran haberse involucrado en algún tipo de actividad comunitaria en los últimos 12 meses es de 19%, una proporción que pudiera catalogarse como “con potencial”. Existe cierta apatía por participar en temas vecinales, quizás asociada a aspectos culturales, pero estoy convencida de que hay una parte que estaría dispuesta a involucrarse más a través de acciones específicas relacionadas con nuestra actividad.

Como empresa, desde hace 15 años, a raíz de replantear nuestra misión, tomamos la determinación de apostarle a las comunidades. Desarrollamos un sistema integral, basado en tres pilares que, en nuestra experiencia, contribuyen a mejorar el tejido social.

El primer pilar se refiere al diseño urbano. Es importante que los asentamientos cuenten con condiciones que favorezcan que los vecinos salgan y convivan. Parques bien equipados con áreas que en verdad se utilicen, iluminación adecuada en todo el proyecto, arborización densa (muy importante en climas cálidos), áreas de contemplación, buen acomodo de las viviendas, limitado uso de bardas, entre otras, son algunas de las acciones que, bien ejecutadas, invitan a salir y disfrutar. Una disposición urbana correcta puede incidir en la actividad vecinal, como decimos en DEREX: infraestructura crea cultura.

El segundo pilar se refiere a la organización comunitaria. Contar con un punto de reunión, bien habilitado, con luz, espacio suficiente, techado es muy útil, pero establecer un programa de actividades mensuales, con dinámicas diseñadas por expertos, apoyados en la logística por un equipo especial, es fundamental. Los vecinos pueden llegar a conocerse por sí solos con el paso del tiempo, pero eso generalmente tarda y no siempre se desarrolla con calidad. La actividad comunitaria, con asesoría adecuada, desde el inicio del proyecto, cataliza el proceso de integración e incrementa la probabilidad de que la interacción sea funcional.

El tercer pilar se refiere a la innovación. Como elemento adicional buscamos que cada proyecto cuente con una idea novedosa que pueda brindar sentido de identidad. Algún elemento que permita que los vecinos puedan decir con orgullo: ¡yo vivo en ese lugar, con esa idea fabulosa!

Cuando iniciamos la ejecución de esta visión, algunos consejeros de la empresa manifestaron su preocupación; percibían en la iniciativa cierta amenaza de que, organizar a los vecinos, pudiera jugarnos en contra ante cualquier falla o error. A 15 años de distancia puedo manifestar que no ha sido así, si bien, no hemos estado libres de sinsabores, la experiencia construyendo comunidades ha sido muy gratificante.

Entre los resultados más significativos destaca la generación de plusvalías entre 20% y 30% anual, incidencia casi cero de vivienda abandonada, participación promedio de 35% de residentes en actividades vecinales, incremento en la seguridad y permanencia de la imagen urbana con el paso del tiempo, por mencionar algunos. Considero, además, que este ejercicio tiene un impacto especial en las mujeres debido a las posibilidades que abre el contar con una red de apoyo adicional al círculo familiar, muy útil para resolver la logística y operación del día a día.

En conclusión, no sé si el desarrollo de comunidad deba elevarse a nivel de política pública nacional, pero me queda claro que los aprendizajes y el análisis sobre cómo mejorar las dinámicas sociales deberían tener una presencia más protagónica en las mesas.

*Aurora García de León,
Directora General en Derex.

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