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En caso de irnos por la alternativa al NAIM, se deberán considerar costos de cancelación

Por José Luis Romero Hicks

El tema económico que ha causado más revuelo en las últimas semanas en nuestro país es sin duda el del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM).

Y no es para menos. Actualmente transitan por el Aeropuerto Internacional Benito Juárez poco más de 44 millones de viajeros cada año, pero su capacidad quedó rebasada por completo hace algunos lustros.

Es indudable que no generar mayor capacidad aeroportuaria para la Ciudad de México es un atentado contra la competitividad del país, así como una enorme pérdida de negocios y de turismo.

El IMCO refiere que en 2017, México ocupó el lugar 51 en competitividad internacional y el lugar 67 de 137 países en lo que concierne a la calidad de la infraestructura aeroportuaria. Es por esto que la administración saliente hizo del NAIM su obra insignia; se necesita un nuevo y más moderno aeropuerto.

Pero el proyecto de Texcoco causó sospechas en el presidente electo Andrés Manuel López Obrador desde la campaña, principalmente por el incremento reportado en los costos para su construcción.

En un acto nada frecuente en México, se realizará una consulta para que los ciudadanos que acudan a votar sean los que deciden si el proyecto del NAIM en Texcoco va a continuar o se va a desechar. En caso de que la mayoría de votantes se decante por la cancelación del NAIM, se desperdiciarán los 120 mil millones de pesos que actualmente ya se han invertido, aproximadamente un 42 por ciento de la inversión total.

Es evidente que la mejor justificación para cancelar el proyecto de Texcoco sería contar con un proyecto alternativo más eficiente y menos costoso. Desafortunadamente el grado de avance del NAIM hace muy difícil que exista esta posibilidad, pues al proyecto alternativo debería sumársele el costo irrecuperable que tendría la cancelación del NAIM en Texcoco.

Independientemente de la decisión final sobre el aeropuerto y donde se va a localizar éste, ha vuelto a la escena un cuestionamiento que creíamos ya haber superado hace algunos años: ¿Es México un país riesgoso para las inversiones?

José Luis Romero Hicks

@romero_hicks