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La peatonalidad en su laberinto

Cada vez se hacen menos casas...

No hay duda, en respuesta a la más contundente lógica, todas las tendencias en materia de urbanismo hablan de hacer ciudades para la gente, lo que entre otras muchas cosas implica reducir el número de automóviles y crear condiciones que permitan y promuevan que la gente camine, use transporte público o apueste por algún modelo alterno de movilidad, que generalmente resulta ser la bicicleta.Y la realidad es que siendo estos supuestos inobjetables, también es cierto que existen flancos por dónde sí que pueden ser objetados.

De entrada habría que hablar de la escala urbana… porque al igual que en tantas cosas de la vida, por más que se diga lo contrario, cuando se habla de ciudad, claro qué importa el tamaño.
Y por supuesto, otra cosa a la que nadie y nada pueden estar ajenos, es la canija realidad.

Escala y realidad…

Porque sobra decir que el tamaño importa en la planeación urbana y que es evidente que los modelos de baja densidad que hemos usado en Mexico han dado como resultado ciudades extensas y dispersas.

Y bueno… La realidad urbana se hace presente de modo tal que ni caso tiene tratar de alcanzarla… y en el caso mexicano nos habla de falta de planeación, de pobre inversión en infraestructura, de corrupción, ilegalidad y falta de gobierno.

Caminar así no es cosa fácil… porque las distancias y la falta de transporte público de calidad lo hacen poco viable, dejando como única opción la construcción de una caminabilidad a nivel de barrio, que al transitar a una mayor escala choca de frente con la distancia y la falta de infraestructura.

La peatonalidad en su laberinto

Cosa difícil para algunos especialistas en movilidad y grupos ciudadanos, que pretenden hacer suya la agenda del peatón, porque aunque a ellos no acabe de quedarles claros, esto de la peatonalidad debe ser solo una más entre las muchas consecuencias de todo modelo de planeación y gestión urbana.

La peatonalidad no puede ser un fin en sí mismo… tendría que ser parte del listado de objetivos de un proyecto de ciudad y sus éxitos debieran ser consecuencia de los buenos resultados del mismo.

Un buen proyecto de ciudad muy bien implementado se debe ver reflejado en la calidad de vida de sus habitantes.

Y esa calidad de vida inevitablemente otorga prioridad a la persona y facilita sus opciones de movilidad… incluyendo en ello al simple y humano acto de andar a pata.

Por eso resultan absurdos los fundamentalismos ciclistas o peatonales… porque aunque sean opciones de movilidad que acaban siendo reflejo de calidad de vida, son, a fin de cuentas, resultado de la forma entender y atender los retos urbanos.

Porque tampoco se trata de que la caminabilidad o el uso masivo de la bicicleta sean el gran objetivo de un proyecto de ciudad…

No… se trata, eso sí, de que la planeación atienda los retos de crecimiento, consolidación y regeneración de nuestras ciudades, poniendo siempre a las personas como protagonistas de la historia, y haciendo uso de cuanto instrumento sea posible para ello, incluyendo, por supuesto, a aquellos relacionados con la movilidad .



Horacio Urbano es arquitecto. Su experiencia profesional se ha desarrollado en los diferentes ámbitos que definen la industria de la vivienda. En 1999 inició un proyecto editorial dirigido a los sectores inmobiliario y construcción que a lo largo de los años se ha convertido en una poderosa plataforma multimedios y en una verdadera referencia para esta industria. Fundador, junto con la también arquitecta Roxana Fabris, de Grupo Centro Urbano, firma que impulsa y desarrolla una serie de esfuerzos de comunicación relacionados con estos sectores. Como parte de su trabajo en México y el extranjero, ha escrito o participado en una serie de libros especializados, es colaborador de diferentes medios impresos y electrónicos, es activo conferencista y bajo diferentes modelos colabora también con diversas empresas e instituciones públicas y privadas del sector.