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Los hermanos sean unidos

Jorge A. Mc Loughlin

Jorge A. Mc Loughlin.

 

El Martín Fierro, personaje icónico del folklore argentino, nacido de la prodigiosa mente del escritor José Hernández, dice en uno de sus versos:

“Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera».

Días atrás en esta misma columna, escribía sobre los beneficios de la auto regulación y sobre los efectos negativos  que en todos los órdenes de la sociedad tiene la sobre regulación, especialmente cuando esta última puede convertirse en un incentivo perverso para alentar la corrupción entre aquellos que confunden el servicio público con servirse del público.

No por casualidad hice referencia a la falta de auto regulación que se observa en el mercado de la valuación, más específicamente el de la valuación de inmuebles que son objeto de créditos garantizados a la vivienda y que se encuentra desde el año 2003, regulado por la Sociedad Hipotecaria Federal.

¿Y qué relación pueden tener los versos del Martin Fierro con la falta de auto regulación en un mercado que hoy supera  los 2.2 billones de pesos, que representa más del 10% del  PIB y que en los últimos cinco años ha aportado casi 2 millones de soluciones de vivienda? [1]

Muy simple: existen dos Asociaciones Nacionales de carácter empresarial, la Asociación Nacional de Unidades de Valuación (ANUVAC) y la Asociación de Unidades de Valuación para la Banca Mexicana (AUVBM). Cuentan aproximadamente con 40 y 20 miembros activos respectivamente. Los socios de la AUVBM participan a su  vez ANUVAC. Vale decir, que hay al menos 70 unidades de valuación – ya que el padrón actual de las mismas asciende a 110 – que no pertenecen a ninguna de estas instituciones. Además de estas asociaciones empresariales existe la FECOVAL, que nuclea a 38 Colegios o Asociaciones de Valuadores[2] distribuidos a lo largo y ancho del país, y cuyos intereses no siempre están alineados con los de las asociaciones empresariales.

Podríamos mencionar también a otras instituciones – algunas a su vez integrantes de la FECOVAL, con un importante prestigio y “peso propio” en el medio, como la SAVAC, la SICIV y el IMV.

Algunas de estas asociaciones compiten entre sí para ver quien recluta mayor número de socios y obtiene de ese modo mayor representatividad.  La triste realidad es que al no existir un “frente común” la posibilidad de imponer una auténtica auto regulación, tanto en las empresas como en los profesionales, se hace prácticamente imposible.  En mi artículo anterior mencioné a Maquiavelo y hoy vuelvo a hacerlo preguntándome ¿el reinado de quien puede beneficiarse con esta división de quienes deberían estar férreamente unidos en beneficio de los múltiples usuarios de los servicios de valuación?

Como contrapartida pondré de ejemplo un gremio donde la auto regulación es seguramente más fuerte que cualquier regulación.  Un gremio que tiene una sola asociación nacional – con sus representantes estatales – y que cuida como pocos el prestigio de su profesión, sancionando con rigor cuando es necesario, a aquellos asociados que se apartan del Código de Ética que ellos mismos suscribieron.  Me refiero al Colegio Nacional del Notariado Mexicano, sin duda un buen ejemplo de que “la unión hace la fuerza”, fuerza que sin duda y llegado el caso, será necesaria para enfrentar las eventuales arbitrariedades del Príncipe.

 

Jorge A. Mc Loughlin

Director General de Revisora de Avalúos S.A. de C.V.

Miembro de la Comisión Nacional de Vivienda y Desarrollo Urbano de COPARMEX

Miembro de la Unión Interamericana Para la Vivienda

@JorgeMcLou @RAvaluos

 

[1] Fuente:  Jesús Alberto Cano Velez – Sociedad Hipotecaria Federal, citado en inmobiliare.com

[2] Fuente: Sitio oficial de FECOVAL – fecoval.org