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Urbanismo y deporte: un romance muy esperado

POR SOFÍA LÓPEZ OLALDE.

Comencemos con un dato duro: la inactividad física es el cuarto factor de riesgo de mortalidad más importante en todo el mundo. Ante esta alarmante cifra la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido recomendaciones en cuanto al tiempo de actividad física que debe realizar la población de acuerdo al grupo de edad al que pertenezca y, por tanto, invita a los gobiernos a difundir esta información y a promover el deporte.

Y el deporte no se puede promover si no hay lugares para practicarlo de forma democrática. Este es un uso del espacio público tan eficiente como olvidado, tan antiguo como necesariamente vigente. Ya fuese por el culto al cuerpo, por la importancia de la competencia en la comunidad, por estatus social o por un motivo espiritual y/o religioso; las antiguas ciudades incluían en su diseño espacios deportivos. Hoy la cosa ha cambiado un poco, los espacios deportivos y recreativos han sido sustituidos por edificios, cajones de estacionamiento, centros comerciales o peor aún, terrenos baldíos; digamos que el juego de pelota ya no es un elemento central en las ciudades mexicanas.

El deporte en nuestro país se ha convertido más en un negocio que en una actividad colectiva, popular e inclusiva. Prueba de esto, son los datos de la International Health, Racquet&SportsclubAssociation(IHRSA) quien en un informe presentado en 2014 aseguró que México ocupa el segundo lugar en América Latina en cuanto a importancia para la industria del ejercicio; el cuarto en el número de inscritos a gimnasios en el continente y de remate, el país que más clubes deportivos posee a escala mundial; el modesto negocio del deporte en México representa un mercado de 1500 millones de dólares.

Sin embargo, este millonario negocio, es alimentado tan sólo por el 2% de la población. Un alto porcentaje de los mexicanos no pueden pagar un gimnasio y mucho menos pensar en volverse socios de un club deportivo. El sedentarismo es un tema cultural sin duda, pero también sucede debido a la falta de oferta de actividades deportivas organizadas en espacios públicos gestionados por el gobierno, la comunidad o asociaciones que estén dispuestas a ofrecer servicios de calidad a bajo costo.

En nuestras ciudades de hoy, que padecen una sobredosis de coches, de partículas contaminantes, de estrés y de indiferencia, el deporte se erige como un favorito para contrarrestar los efectos negativos de la vida urbana y promover la salud, el sentido de pertenencia, el rescate de espacios públicos, el fortalecimiento del vínculo socialy, dicho sea de paso, contribuir a la erradicación de la violencia en las colonias y barrios a través de la canalización de la agresividad y las enseñanzas sobre resolución de conflictos que ofrecen estas nobles actividades.

La concepción de espacios públicos que en su diseño, construcción y gestión tomen en cuenta las demandas deportivas de la ciudadanía (un poco silenciosas pero que ahí están sin que muchos ciudadanos incluso lo sepan) y la implementación de políticas que promuevan y regulen este tipo de proyectos es urgente.Plazas, canchas, gimnasios, albercas, ciclopistas e incluso simples sendas trazadas en parques y aceras destinadas a correr o caminar deben ser parte de los planes de desarrollo urbano de las ciudades modernas.

Foto: Sofía López

Foto: Sofía López

 

Algunas ciudades como Medellín en Colombia, han creado un agresivo y estratégico plan para que, dentro de poco, los metros cuadrados de espacio público por habitante alcancen los estándares de la OMS y que un alto porcentaje de estos espacios ofrezcan la posibilidad de realizar actividades deportivas.

Desde hace algunos años, en todo México (y muchas otras ciudades del mundo), se ha promovido la instalación de gimnasios al aire libre que lamentablemente no siempre se han inaugurado en los mejores lugares ni tampoco se han mantenido adecuadamente, pero bueno, ya es un ligero avance.

En la Ciudad de México comienzan a verse deportivos delegacionales que son todo un caso de éxito: instalaciones limpias, un mantenimiento adecuado, actividades organizadas de bajo costo, instructores y entrenadores calificados y como consecuencia: un espacio público vivo. Ejemplos de esto son la Ciudad Deportiva Magdalena Mixihuca en Iztacalco y Venustiano Carranza, el Centro Deportivo Vivanco en Tlalpan o el Centro Deportivo, Ecológico y Cultural Plateros en Álvaro Obregón.

Foto: Sofía López

Foto: Sofía López

 

En su libro “El Deporte en la Construcción del espacio social”, Álvaro Rodríguez Díaz afirma que la elección y el uso de espacios determinados para el ejercicio no son fruto de la improvisación sino de la reflexión y están relacionados con la ubicación social de los usuarios. Los espacios deportivos son espacios sociales (Rodríguez, 2008).

El urbanismo y el deporte tienen que comenzar a vivir un romance; su relación tiene que ir más allá de proyectos para Juegos Olímpicos o espacios destinados a espectáculos deportivos; el vínculo debe estrecharse y comenzar a concebir a los espacios públicos destinados al deporte como espacios sociales que fomentan la construcción y funcionamiento de mejores ciudades.

Las urbes que en su diseño incluyan espacios públicos destinados al deporte y que en su gestión no olviden mantenerlos vivos compraran sin duda un boleto para el tren expreso hacia una ciudad bella, segura, saludable y cuerda.

Referencias

  • Rodríguez, A. (2008), El Deporte en la Construcción del espacio social, Serie Monografías Núm. 61, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid, España.
  • OMS (2010), Recomendaciones mundiales sobre actividad física para la salud. Recuperado de: http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/44441/1/9789243599977_spa.pdf

 

Sofía López Olalde es Ingeniera Química y Maestra en Planeación Estratégica. Actualmente dedicada a la docencia y consultoría en desarrollo sustentable.

@ProyCdsSustenta