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El arquitecto de la Nueva España

La mayoría del tiempo caminamos sin conocer el origen de lo que nos rodea, caminamos con la historia y la tradición, elementos que han daado origen a una nación. Un ejemplo notable es la arquitectura, caminamos alrededor de muchos edificios emblemáticos en su época, olvidados en la actualidad.

Ahora existen muchos arquitectos con innovadores propuestas, algunos enfocados en la ecología o la sustentabilidad, otros con un enfoque más abstracto y posmoderno. Sin embargo, existe un arquitecto representativo de su época, tradicional para muchos, clasificado dentro de los neoclásicos, estético y simétrico, pero sin duda cotidiano a los habitantes de la ciudad que transitan por diversas calles del centro histórico.

Manuel Tolsá fue un escultor y arquitecto español que llegó a la Nueva España en 1790, es reconocido en la capital por ser el escultor del famoso Carlos IV de España, mejor conocido como el Caballito, que se ubica en la actualidad afuera del Museo Nacional.

Estudió en la Academia de San Carlos de Valencia y de San Fernando en Madrid y es hoy en día uno de las grandes figuras en el México Colonial, fue director de Escultura de la Academia de San Carlos y realizó diferentes acciones encargadas por el Ayuntamiento de la Ciudad sin pago, como el desagüe de la ciudad, la introducción de agua potable, los famosos baños del Peñón y la plantación en la Alameda.

Además de las acciones mencionadas, Manuel Tolsá diseño el Palacio de Minería, la casa del marqués de Buenavista (hoy Academia de San Carlos), la casa de los marqueses del Apartado (frente al Templo Mayor) o la conclusión de obras empezadas como la Catedral de México, el ciprés de la Catedral de Puebla y los altares de la Profesa en Santo Domingo.

Uno de los edificios que a título personal más me impresionan y me gustan en el país, es el Hospicio Cabañas, el cual fue encargado a Manuel Tolsá por el obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, para crear un albergue en Guadalajara (en 1796 pertenecía a Nueva Galicia). Aunque el Hospicio se culminó en 1845 sin ver terminada la obra (Manuel Tolsá murió en 1816).

Este edificio es impactante por su monumentalidad y porque una de las principales calles de Guadalajara conduce a él, frente al emblemático mercado de San Juan, ahora es un Instituto Cultural.

Si has visitado el Hospicio y conoces su historia, la fuerza que el lugar emana es mayor, las historias de los niños que vivieron ahí durante años y las pinturas  de José Clemente Orozco le otorgan vida al lugar, como si los muros quisieran contar la infinidad de historias que resguardan. Así, Manuel Tolsá nos dejó uno de los edificios más emblemáticos de la capital jalisciense, estético, simétrico, histórico e impactante.