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Más vivienda sí, pero con reglas: el reto de ordenar la CDMX

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Especialistas destacan que la CDMX requiere una estrategia territorial para atender la demanda de vivienda sin intensificar la gentrificación

En la Ciudad de México, la conversación sobre vivienda suele centrarse en una idea recurrente: construir más. Sin embargo, especialistas advierten que ese enfoque, por sí solo, no resuelve la crisis habitacional ni frena las tensiones urbanas que se han intensificado en los últimos años.

Por el contrario, cuando el crecimiento ocurre sin instrumentos claros de regulación y políticas públicas consistentes, puede profundizar fenómenos como la gentrificación, el encarecimiento del suelo y el desplazamiento de comunidades.

Así lo señaló Rosalba González Loyde, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al explicar que la capital enfrenta una contradicción: mientras se desarrolla vivienda que termina en el mercado de rentas de corta estancia, persiste un déficit habitacional que limita el acceso a un hogar para amplios sectores de la población.

Regulación y gestión territorial, claves para el acceso a vivienda

La especialista destacó que la lógica del mercado inmobiliario no está orientada a producir vivienda asequible, sino a maximizar ingresos mediante la rentabilización del suelo.

Por ello, subrayó que la participación del sector privado solo puede equilibrarse cuando existen normas eficientes, condiciones claras y una política pública que establezca límites e incentivos.

Asimismo, González Loyde enfatizó que el gobierno capitalino ha puesto sobre la mesa algunos mecanismos de gestión territorial; sin embargo, consideró que aún falta consolidar instrumentos definidos y efectivos que permitan regular fenómenos como las plataformas de alojamiento temporal, impulsar vivienda asequible, fortalecer esquemas de alquiler y articular soluciones de movilidad.

Gentrificación: un fenómeno complejo que transforma barrios y comunidades

En ese contexto, la universitaria puntualizó que la gentrificación no debe entenderse únicamente como la llegada de extranjeros a determinados barrios, sino como un proceso más complejo que implica el desplazamiento gradual de poblaciones con menores ingresos por otras con mayor capacidad económica.

En paralelo, aclaró que la urbanización —es decir, la transformación de suelo no urbano a urbano— no siempre produce expulsión directa, pero sí puede encarecer el territorio y modificar las actividades económicas, generando tensiones sociales y económicas.

De acuerdo con González Loyde, en la CDMX existen procesos de desarrollo vinculados al mejoramiento urbano y a intervenciones en zonas atractivas por su localización, que derivan en gentrificación cuando no hay políticas públicas sólidas ni instrumentos de gestión del suelo.

En estos casos, señaló, los procedimientos desregulados favorecen a quienes pueden pagar más por el territorio, lo que tiende a beneficiar a ciertos desarrollos inmobiliarios y acelera el encarecimiento del suelo, los servicios y las actividades comerciales.

Este fenómeno, advirtió, puede llevar a la expulsión de la población original y a una pérdida progresiva de identidad territorial. Incluso, hay estudios que observan cambios en los patrones de consumo en algunas zonas de la ciudad, reflejados en la desaparición de comercios tradicionales como tortillerías, lo que transforma también la vida cotidiana y la cohesión comunitaria.

Descentralizar la ciudad para equilibrar el desarrollo urbano

Más allá del componente económico, González Loyde subrayó que la gentrificación también afecta dimensiones sociales como la seguridad y la organización vecinal. En momentos críticos —por ejemplo, durante sismos u otros fenómenos naturales— el tejido comunitario se vuelve esencial, por lo que mantener redes locales y vínculos entre habitantes es un factor clave para la resiliencia urbana.

Ante este panorama, la especialista insistió en la necesidad de fortalecer políticas de gestión territorial que no se limiten a construir vivienda en zonas centrales, sino que también impulsen procesos de descentralización y reduzcan la hiperconcentración histórica de actividades y oportunidades en las mismas colonias de la capital.

Con ello, dijo, el reto para la CDMX no solo es incrementar la oferta de vivienda, sino hacerlo con reglas claras, instrumentos de regulación efectivos y una visión territorial que permita equilibrar el desarrollo urbano sin profundizar desigualdades, desplazamientos y tensiones sociales.

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Redacción Centro Urbano


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