Ajustan las metas del programa insignia de la Política de Vivienda para ubicarlas en un rango sexenal que implica generar entre 1.2 y 1.8 millones de viviendas destinadas a quienes ganen hasta dos salarios mínimos
Por Horacio Urbano
Ojo, que esto es importante…
Precisó la presidenta Claudia Sheinbaum: la meta sexenal del programa Vivienda para el Bienestar es producir, al manos, 1 millón 250,000 viviendas dirigidas a trabajadores que ganen hasta dos salarios mínimos y no tengan vivienda propia.
Precisión que resulta muy necesaria, toda vez que este programa ha sido la bandera de su Política de Vivienda y uno de los ejes de su Política Social, lo que ha llevado no solo a establecer metas muy ambiciosas, sino, ademas, a hacerle diversas actualizaciones que han implicado ajustar a la alza dichas metas, partiendo de un objetivo que en su origen se fijó en 1 millón de viviendas, y que en la última actualización ya se ubicaba en 1 millón 800,000, de las que 1 millón 200,000 estarían a cargo del Infonavit, 500,000 de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi) y 100,000 del Fovissste.
Entonces, ¿1 millón 250,000, no que 1 millón 800,000?
A ver, que lo que anunció la Presidenta no fue una reducción a las metas de su Política de Vivienda…
Fue un anuncio importante, porque Sheinbaum le inyecta sensatez a la Vivienda para el Bienestar, dando a las metas un rango que establece máximos y mínimos, cuyo cumplimiento dependerá de factores de muy diferentes índoles, que van de la disponibilidad de suelo, infraestructuras básicas, constructores, mano de obra y materiales, a los que hay necesariamente que agregar dos temas fundamentales; la realidad de la demanda y la viabilidad de producirlas.
Y es que si bien es cierto que datos oficiales revelan que sigue existiendo un muy importante rezago habitacional que afecta a más de 8 millones de familias, la mayoría de ellas en los grupos de ingresos para los que fue diseñado el programa, también lo es el hecho de que rezago no necesariamente equivale a demanda.
Porque rezago implica gente que padece algún tipo de precariedad, fundamentalmente cualitativa, relacionada con la vivienda, en tanto que la demanda se refiere ya a población que llegado el momento, y ya contando todas las bondades que pueda tener el programa, quiere y puede comprar esa vivienda.
Y es que de uno u otro modo, así sea en precariedad, muchas de las familias que están en condición de rezago habitacional tienen resuelto ese problema bajo esquemas que responden, con razonable eficiencia, a temas tan importantes como ubicación, modelos de ocupación, y usos y costumbres.
Y tristemente hay muchas otras familias que por diversos motivos, como es el caso de la dispersión en que viven y necesitan su solución de vivienda, difícilmente pueden ser atendidos a través de la Vivienda para el Bienestar o cualquier otro esquema relacionado por modelos tradicionales de producción industrial de vivienda.
Ya iremos viendo cómo responde la demanda… Y cómo responde la oferta… Porque hoy la realidad indica que no en todos los lugares en qué hay necesidad de estas viviendas, hay condiciones para producirlas y habrá que ver si los gobiernos, fundamentalmente los locales, quieren y pueden revertir esa realidad.
Y habrá además que ver qué pasa con las estructuras de costos relacionadas con el programa, que hoy están ya bajo mucha presión, y en muchas regiones hacen apenas viable la sobrevivencia del programa,
Es simple; la Presidenta le puso piso y techo a la Vivienda para el Bienestar.
Esto será así:
El piso: la meta de la Vivienda para el Bienestar es producir al menos 1 millón 250,000 viviendas en el sexenio,
El techo: para, si fuera posible y necesario, llegar hasta 1 millón 800,000.
O como hubiera dicho Vicente Fernández; “mientras ustedes sigan aplaudiendo, yo seguiré cantando”.
Porque recursos hay… El tema es que haya demanda para esas viviendas y oferta para ofrecerlas.
Lo bueno es que ya se están entregando las primeras Viviendas para el Bienestar y hay muchas más en diferentes etapas de producción, así que empiezan a haber elementos para entender la realidad de la demanda y si existen condiciones para producir la oferta necesaria.
Las viviendas se necesitan… Pero habrá que ver si al final del sexenio el resultado del programa se ubica más cerca de 1 millón 250,00 o de 1 millón 800,000… Y entender por qué se dio ese resultado.
Y claro, habrá que dar seguimiento a las calidades que van cumpliendo los proyectos que se van entregando y buscar que cada entrega genere experiencias que permitan que el programa cobre vida y se vaya haciendo más eficiente.
En aquella mañanera, y complementando lo dicho por la Presidenta, la cabeza de sector; Edna Vega Rangel, titular de Sedatu, dijo que en el 2025 se formalizó la construcción de 395,000 viviendas, que la meta para este año es formalizar la construcción de 400,000 más, que existe ya reserva territorial para al menos 900,000, y que ya están en diferentes etapas de sus procesos de producción 478 proyectos en 31 estados del país, siendo la Ciudad de México la única entidad que registra cero avance en Vivienda para el Bienestar…
Fue positivo… Dar rango a la meta del programa permite ajustar la producción a las capacidades de la oferta y la demanda…
Otorgando al programa piso, techo y sensatez.
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