El organismo advirtió que el encarecimiento del suelo y las dificultades de financiamiento agravan el acceso a una vivienda adecuada
Alrededor de 3,000 millones de personas en el mundo habitan viviendas que no reúnen condiciones adecuadas, una problemática que se extiende tanto a países de menores ingresos como a economías desarrolladas, advirtió Anacláudia Rossbach, directora ejecutiva de ONU-Habitat y subsecretaria general de las Naciones Unidas.
Durante la conferencia La crisis global de vivienda: caminos hacia la acción desde las juventudes, realizada en la Universidad Iberoamericana (IBERO) Ciudad de México, la especialista señaló que los actuales sistemas habitacionales requieren transformaciones profundas para responder a las necesidades de la población.
De acuerdo con Rossbach, la crisis de vivienda no se limita a las condiciones físicas de los inmuebles, sino que también involucra el acceso a servicios básicos, la ubicación de los hogares, la seguridad, la integración con el entorno urbano y la capacidad de adaptación al cambio climático.
En este sentido, destacó que garantizar el derecho a una vivienda adecuada implica desarrollar políticas que contemplen las condiciones sociales, económicas y ambientales de las ciudades.
Encarecimiento del suelo dificulta acceso a vivienda
Durante su intervención, la directora ejecutiva de ONU-Habitat explicó que uno de los principales desafíos del sector habitacional es el incremento de los costos de acceso a la vivienda, particularmente entre las generaciones jóvenes.
La especialista advirtió que la especulación inmobiliaria, el encarecimiento del suelo y la falta de vinculación entre el financiamiento y la planeación urbana contribuyen a profundizar las dificultades para comprar o rentar una vivienda.
Esta problemática también se presenta en países económicamente desarrollados, donde una proporción creciente de la población enfrenta barreras para acceder a una solución habitacional acorde con sus ingresos.
Asimismo, Rossbach destacó que cerca de la mitad de las personas que rentan vivienda en el mundo destinan más del 30% de sus ingresos al alquiler, situación que puede comprometer la capacidad económica de los hogares.
Para las familias de menores recursos, esta carga financiera puede representar la necesidad de reducir gastos destinados a alimentación, educación o salud, lo que evidencia las implicaciones sociales de la crisis habitacional.
ONU-Habitat plantea transformar modelos habitacionales
Frente a este escenario, Rossbach destacó la importancia de replantear los mecanismos tradicionales de producción y acceso a la vivienda, mediante políticas públicas que respondan a las necesidades de la población y a los desafíos ambientales.
Entre las alternativas mencionadas se encuentra el aprovechamiento y la transformación de construcciones existentes, así como el fortalecimiento de la planificación urbana y el desarrollo de modelos habitacionales más sostenibles.
La directora ejecutiva de ONU-Habitat también subrayó la importancia de incorporar a las nuevas generaciones en la búsqueda de soluciones, al considerar que su participación resulta fundamental para construir el futuro de las ciudades.
En este contexto, destacó el papel de las universidades como espacios para impulsar la investigación, el intercambio de conocimientos y la formación de profesionales capaces de proponer alternativas frente a los desafíos urbanos.
IBERO fortalece colaboración con ONU-Habitat
En el marco del encuentro, Rossbach reconoció la participación de la Universidad Iberoamericana en la traducción al español del Informe Global de Vivienda de ONU-Habitat, una colaboración que permitirá ampliar el acceso a información especializada entre las comunidades hispanohablantes.
La funcionaria destacó la relevancia de este trabajo para fortalecer el debate internacional sobre vivienda y promover la participación de las comunidades urbanas de América Latina.
Por su parte, Eduardo Gamaliel Hernández Martínez, director de la División de Ciencia, Arte y Tecnología de la IBERO, señaló que la colaboración entre instituciones académicas y organismos internacionales permite vincular la investigación y la formación profesional con los desafíos sociales contemporáneos.
Destacó que abordar la problemática habitacional implica considerar no solamente aspectos de infraestructura o financiamiento, sino también las condiciones necesarias para garantizar derechos, fortalecer las comunidades y mejorar la calidad de vida de las personas.
Finalmente, el encuentro permitió fortalecer los vínculos de colaboración entre la IBERO y ONU-Habitat, con el objetivo de impulsar el intercambio de conocimientos y la participación de estudiantes y especialistas en el desarrollo de soluciones arquitectónicas y urbanas más inclusivas y sostenibles.





