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Las ciudades que estamos destruyendo

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Si pensamos en el compromiso de conducir la transformación urbanadebemos reconocer que estamos fallando, sin siquiera darnos cuenta de lo que vamos provocando en las ciudades que estamos destruyendo 

Por Horacio Urbano 

Las ciudades están cambiando porque la realidad es canija y van a cambiar con o sin el debido acompañamiento de sus gobiernos. 

Con o sin el debido acompañamiento de sus gobiernos y los que tendrían que ser obligatorios procesos de planeación urbana, armonización normativa, inversión en todo tipo de infraestructuras e inevitables alianzas con sociedad e iniciativa privada. 

Con o sin claridad en el futuro que se busca, y la consecuente hoja de ruta que establezca las metas a cumplir para convertir un sueño en algo viable. 

Las ciudades van a cambiar queramos o no… Ya lo que habrá que ver es si ese cambio será en el camino de buscar un futuro deseable y planeado, o si será apenas la triste consecuencia de la anarquía, la desidia y el abandono institucional. 

Pero de que van a cambiar…Van a cambiar… 

Y hoy tenemos que decir que el cambio no va por el camino correcto. 

Estamos quedando a deber ante el compromiso de hacer que nuestras ciudades se conviertan en poderosos motores de desarrollo humano. 

Desarrollo humano… Porque para medir el éxito de una ciudad resulta del todo insuficiente limitarse a presumir logros de desarrollo económico. 

No. Hay que volver a lo esencial. Y hablando de ciudades, lo esencial es entender que las ciudades son para la gente… Tenemos que planearlas para la gente, legislarlas para la gente, hacer las inversiones que permitan que la gente viva mejor e implementar procesos participativos, en que todos seamos parte de la definición de objetivos, estrategias y acciones. 

Y para lograr esto tendríamos que empezar por entender qué queremos, dónde estamos parados y qué hoja de ruta nos ofrece mejores escenarios para que todo esto se cumpla, a partir de objetivos de índole social, ambiental, urbano y económico. 

¿Para qué y para quién queremos las ciudades? 

Y como la lógica, como ya dije, es canija, cabe suponer que queremos ciudades que privilegien el alcance social, a partir de contextos sustentables y sostenibles. 

Queremos ciudades que no sean solo un artículo de lujo destinado solo a grupos de población de altos ingresos. 

Queremos entonces ciudades que asuman el reto de dar respuestas al reto habitacional desde una perspectiva integral, que atienda a todos los grupos de población, a partir de programas que respondan en forma oportuna y suficiente a sus necesidades y posibilidades. 

Queremos ciudades que entreguen viviendas bajo premisas de cercanía y complementariedad y eficiencia urbana. 

Viviendas dónde y cómo se necesitan, debidamente vinculadas a todo tipo de servicios e infraestructuras urbanas. 

Viviendas que permitan consolidar estructuras barriales y que sean esos elementos que den cohesión y lógica al tejido urbano. 

Por supuesto, estamos hablando de procesos que tienen que ser conducidos desde el gobierno. 

Procesos integrales anclados en un alto nivel de armonización legislativa y coordinación institucional. 

Procesos alineados al cumplimiento de objetivos comunes, que reconozcan que la transformación urbana implica actualizar lecturas y crear condiciones que permitan que se haga todo lo necesario para hacer efectivas las vocaciones y los proyectos de ciudad. 

Porque de poco sirve que en el discurso ya se hable de todo esto, si en los hechos sigue siendo imposible obtener los permisos necesarios para construir esas viviendas que tanta falta hacen.  

De nada sirve si desde las instancias públicas no se garantizan los abastos de servicios fundamentales como agua, electricidad o transporte público. 

De poco sirve si no entendemos que esa descoordinación institucional es un lastre que agranda las brechas de desigualdad entre los pocos ricos que pueden tener futuros urbanos, y los muchos pobres que van siendo excluidos de los barrios y ciudades que los vieron crecer. 

¿Qué sentido tiene analizar las inmensas oportunidades de reconvertir zonas urbanas o inmuebles cuyas vocaciones han cambiado, si hoy resulta imposible actualizar usos de suelo y tener los  permisos que se requieren para hacerlo? 

No. La transformación urbana no va a esperar que superemos la indolencia con que vemos pasar la vida y cambiar nuestros barrios y ciudades. 

Más nos vale entender que el cambio será, así sea un cambio negativo resultante de anarquías, ilegalidades o decisiones tomadas a la ligera. 

La sustentabilidad implica transformar el hoy en forma responsable, sin poner en riesgo el futuro de las próximas generaciones.  

Y el hecho es si pensamos en el compromiso de conducir la transformación urbana, debemos reconocer que estamos fallando, sin siquiera darnos cuenta de lo que vamos provocando en las ciudades que estamos destruyendo 

Urge pasar del discurso al hecho. No basta hablar de ciudades densas, compactas, verticales, de usos mixtos, sostenibles y sustentables, si eso, que tan bonito suena, no viene respaldado por políticas e inversiones públicas, ajustes normativos, un alto grado de coordinación y armonización institucional y las indispensables alianzas con sociedad e iniciativa privada. 

Alianzas que detonen procesos participativos en que todos seamos parte de la toma de decisiones. 

Alianzas que permitan multiplicar los alcances de los esfuerzos, al sumar a los mismos la participación de todas las cadenas de valor que definen la inversión privada. 

No. El futuro urbano no se gana en el discurso… 

El futuro urbano se construye y exige dinámicas que permitan actualizar lecturas y objetivos, y corregir posibles desviaciones. 

El futuro urbano no es cosa de grillas o tema para improvisados. 

Sí. Toca a los gobiernos locales conducir estos procesos, pero toca que al asumir esa inmensa responsabilidad, reconozcan sus debilidades -personales e institucionales- y se acerquen los recursos, humanos, institucionales y económicos, que permitan la máxima eficiencia posible para cada proceso. 

Sí. La transformación urbana será con o sin nosotros. Más nos vale que sea con nosotros… Y más nos vale que asumamos con total responsabilidad cada uno de los retos que habrán de definir esos futuros urbanos. 

Hombres y Mujeres de la Casa 2026: Edición de Plata 

A finales de este año se llevará a cabo la ceremonia en que se entregará el Premio Hombres y Mujeres de la Casa 2026, el reconocimiento más importante del sector inmobiliario nacional, que en su 25 Edición, marca importantes pautas en lo que respecta a reconocer la transformación de una actividad fundamental por lo que representa como motor de desarrollo social, ambiental, urbano y económico. 

El Premio Hombres y Mujeres de la Casa es otorgado por Centro Urbano, a través de un Consejo Consultivo, en que participan distinguidas personalidades de la industria inmobiliaria, y se entrega en tres categorías, Sector Público, Sector Privado y Cimientos/Trayectoria. 

Estén atentos ya empezó el proceso que nos permitirá tener ganadores, fecha y sede para esta Edición de Plata de la ceremonia de entrega del Premio Hombres y Mujeres de la Casa, que se llevará a cabo al final de noviembre en la Ciudad de México. 

Estén atentos y sean parte de esta gran fiesta del sector inmobiliario mexicano. 

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Horacio Urbano

Horacio Urbano es arquitecto. Su experiencia profesional se ha desarrollado en los diferentes ámbitos que definen la industria de la vivienda. En 1999 inició un proyecto editorial dirigido a los sectores inmobiliario y construcción que a lo largo de los años se ha convertido en una poderosa plataforma multimedios y en una verdadera referencia para esta industria. Fundador, junto con la también arquitecta Roxana Fabris, de Grupo Centro Urbano, firma que impulsa y desarrolla una serie de esfuerzos de comunicación relacionados con estos sectores. Como parte de su trabajo en México y el extranjero, ha escrito o participado en una serie de libros especializados, es colaborador de diferentes medios impresos y electrónicos, es activo conferencista y bajo diferentes modelos colabora también con diversas empresas e instituciones públicas y privadas del sector.


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