Pese a la crisis global de vivienda, “a nivel global hay menos de 10 países que están produciendo vivienda social en la escala que lo está haciendo México”, señaló Fernanda Lonardoni
En el Foro Los Nuevos Retos de la Vivienda, Fernanda Lonardoni, jefa de la Oficina de ONU-Habitat para México, Cuba y Centroamérica, señaló que México se posiciona como uno de los pocos países que producen vivienda social a gran escala, en un contexto marcado por una crisis habitacional a nivel global.
“A nivel global hay menos de 10 países que están produciendo vivienda social en la escala que lo está haciendo México; en América Latina, sólo Brasil y México. Y eso es un tema para celebrar porque estamos en medio, desde hace algunos años, de una crisis global de la vivienda”, indicó.
En ese sentido, explicó que el contexto internacional presenta retos estructurales que requieren soluciones coordinadas entre los distintos actores del sector. Añadió que la vivienda no puede entenderse únicamente como un producto de mercado, sino como un elemento central para el desarrollo social.
“Para ONU-Habitat, la vivienda no es un bien económico, ni solamente un producto de mercado. La vivienda es un derecho humano. Es la base de un nuevo contrato social, es también el punto de partida para construir ciudades más justas, sostenibles e inclusivas”, afirmó.
Lonardoni destacó que la problemática es de gran escala. Casi la mitad de la población global, es decir, cerca de 2,800 millones de personas viven en condiciones de insuficiencia habitacional, mientras que más de 1,000 millones habitan en asentamientos informales.
En México, agregó, el reto también es significativo. Actualmente, el país registra un déficit cercano a los 8 millones de viviendas, además de rezagos en calidad, espacio y acceso a servicios básicos.
“Pero más allá de las cifras, lo que esto nos dice es que estamos frente a una crisis global que requiere soluciones estructurales y muchas alianzas”, puntualizó.
Una crisis global con impacto local
Ante este panorama, la representante de ONU-Habitat subrayó que la producción de vivienda implica una alta complejidad, debido a la diversidad de factores que intervienen en su desarrollo.
“Hacer viviendas es profundamente complejo, hay temas estructurales económicos, temas que afectan a toda una cadena de valor, pero implica también coordinar políticas públicas, marcos normativos, esquemas financieros, procesos productivos en los que participan más de 40 ramas de la economía. Desde los materiales hasta la logística, desde el diseño hasta el financiamiento, la vivienda es un ecosistema completo de gestión integrada”, explicó.
Asimismo, señaló que la calidad de la vivienda depende de cada una de las decisiones que se toman a lo largo de este proceso, lo que incide directamente en la calidad de vida de las personas.
“La calidad de la vivienda define la calidad de vida de las personas que habitan nuestras ciudades”, indicó.
Hacia un modelo de desarrollo integral
En ese contexto, Fernanda Lonardoni destacó que el sector enfrenta una oportunidad para replantear su enfoque y avanzar hacia modelos más integrales.
“La calidad de la vivienda define la calidad de vida de las personas que habitan nuestras ciudades. Pero también tenemos hoy una gran oportunidad con la vivienda; cómo lo marca el Plan Estratégico de ONU-Habitat que empezamos oficialmente su implementación este año hasta 2029. Transitar de modelos de producción de vivienda a modelos de desarrollo urbano sostenible”, afirmó.
Añadió que este cambio implica integrar la vivienda con la planeación territorial, incorporar criterios de sostenibilidad en materiales y procesos, así como alinear los esquemas de financiamiento con objetivos sociales y ambientales.
Finalmente, destacó que la vivienda representa un punto de convergencia para atender diversos desafíos urbanos, por lo que su desarrollo puede detonar soluciones de mayor alcance.
“La vivienda es el punto donde convergen todos los grandes desafíos urbanos, pero también es donde pueden empezar las soluciones”, concluyó.









