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2024; Y más nos vale que la Política de vivienda esté entre las prioridades

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 Año electoral; casi 100 millones de mexicanos podrán votar y hay más de 20,000 cargos en juego. 2024; y más nos vale que la Política de Vivienda esté entre las prioridades de ciudadanos y candidatos.

Por Horacio Urbano* 

Llegó el 2024. El último año de esta administración. El año en que cerca de 100 millones de mexicanos seremos convocados al que sin duda será el proceso electoral más concurrido de la historia del país, para elegir a la primera mujer Presidenta de la República y a quienes ocuparán los más de 20,000 cargos de elección popular que también estarán en juego.

No hay que darle vueltas; es un momento determinante en la historia de México, y si bien es cierto que cada elección presidencial lo es por definición, esta vez pareciera que la de este año implica retos enormes en cuanto a la definición del futuro del país.

Porque esta vez el proceso electoral debiera garantizar que se den los pasos necesarios para consolidar una tendencia de desarrollo nacional, que más allá de puntos PIB, también se vea reflejado en la realidad cotidiana de todos los mexicanos, sin importar dónde viven, en qué trabajan o cuánto ganan.

Sin importar sexo o preferencia o definición sexual, color de piel, si enfrentan alguna minusvalía o si forman parte de un grupo étnico o cualquier otro tipo de minoría.

Y toca hacerlo al mismo tiempo que se asumen compromisos tan fundamentales como la atención a la crisis climática, o el cumplimiento de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Porque toda elección es reto y oportunidad… Solo que hay algunas que por sus circunstancias, querámoslo o no, son más importantes, trascendentales y definitivas, que otras.

Y este es el caso, con casi 100 millones de mexicanos y más de 20,000 cargos en juego, en unas elecciones que inevitablemente habrán de tener enorme impacto en nuestro futuro, y en las que más nos vale que la Política de Vivienda esté entre las prioridades de ciudadanos y candidatos.

Porque claro, tendríamos que elegir modelos que garanticen la viabilidad económica del país, pero, al mismo tiempo, garantizando también que sean modelos socialmente sostenibles. 

Y de ahí no deberíamos movernos; tenemos que pensar en modelos de futuro que tengan como prioridad a las personas.

Y para ello no podemos darnos el lujo de apostar por opciones que nos lleven al desastre ambiental, o que no garanticen que se cumplan las inmensas promesas que implican nuestras ciudades.

Y conste que más allá de la evidente importancia de la elección presidencial, no debemos descuidar las implicaciones de esos más de 20,000 cargos que también estarán en juego y que tienen que ver con los marcos legislativos y los gobiernos locales.

Porque si bien no podemos negar la esencia centralista y presidencialista de nuestro país, tampoco podemos negar el peso de los marcos legislativos y de los gobiernos locales.

Porque aún el presidencialismo más atroz requiere vasos comunicantes para ser funcional. Requiere contrapesos que pongan límites… Pero que también sumen.

De nada sirve la voluntad política, así sea la del Tlatoani en turno, si no existen condiciones para al menos internar aterrizar su Proyecto de Nación.

Condiciones que tienen que ver con las definiciones que se den en los órganos legislativos, sean estos de los ámbitos nacional o local.

Y que tienen que ver con las voluntades políticas y decisiones y acciones de gobierno de quienes gobiernen un estado o un municipio.

Y por supuesto, esto está muy lejos de ser un llamado a la búsqueda del mítico “Carro Completo” con que tanto sueñan los políticos. 

Es, por el contrario, un llamado a la búsqueda de muy buenos Proyectos de Nación, proyectos con una capacidad real de convencer, anclados en muy sólidas propuestas de campaña y, y esto es fundamental, en la evidente voluntad de, llegado el momento, construir los acuerdos indispensables para hacerlos viables.

Porque no debiéramos apostar dogmáticamente por un presidencialismo todopoderoso.

El verdadero reto ciudadano está en privilegiar las propuestas y en tener muy claro lo que el país y su gente necesitan.

Y así, con esa base, elegir funcionarios que tengan muy claro a quién sirven y qué implica eso. Que tengan muy claro que con las elecciones terminan las campañas y que quienes resulten electos tendrán que servir y responder a las necesidades de todos, lo mismo a quienes votaron por ellos, que a quienes no lo hicieron.

Sería muy bueno que los ciudadanos eligiéramos las fórmulas que mayores probabilidades nos ofrezcan de cumplir con nuestras prioridades, sin importar si ello implica votar por partidos diferentes según el cargo.

Y ojo, que en muchos casos es posible que esa mezcla de colores sea la que puede dar mejores resultados a los ciudadanos.

Y no tendría que ser de otra forma en una democracia, ya que, insisto, pasado el momento electoral, quienes resulten electos tendrían que deber su fidelidad a los ciudadanos, ya sin importar si votaron o no por ellos.

Queda en nosotros… La gente… Las personas… Los ciudadanos… La enorme responsabilidad de elegir, y, antes de ello, tener muy claro lo que queremos, para con esa certeza, elegir a quienes nos puedan entregar mejores resultados.

Y es evidente que la lista de prioridades es larga y compleja, porque tenemos que hablar de temas fundamentales como justicia social, salud, educación, seguridad o economía, pero considerando también temas tan cotidianos y fundamentales como nuestras ciudades y viviendas.

Necesitamos ciudades que nos multipliquen todo tipo de oportunidades de cara al futuro.

Oportunidades que tienen que ver con las viviendas que son parte muy importante para definir la forma en que vivimos y viviremos en esas ciudades.

Dirán que ocupé muchas palabras para llegar, al fin, a los temas comunes en estas columnas: ciudades y viviendas.

Pero la realidad es que no podemos hablar de estos temas olvidando el contexto que al menos por este año habrá de definirlos. Vivimos en esas ciudades y esas viviendas, y no debiéramos dudar al momento de ponerlas entre las claras prioridades que tendríamos que buscar en las propuestas de cualquier político.

Porque debemos tener muy claro que necesitamos mejores ciudades y más y mejores viviendas.

Ciudades y viviendas al alcance de todos: DE TODOS.

Y esta vez hablamos de elegir a más de 20,000 funcionarios públicos, que, más nos vale, tendrían que tener entre sus prioridades a la gente y, para ello, inevitablemente a las ciudades y viviendas que definen sus formas de vida y sus oportunidades de cara al futuro.

No es tema menor; este 2024 cerca de 100 millones de mexicanos decidiremos quienes ocuparán los más de 20,000 cargos que estarán en juego en unas elecciones que inevitablemente habrán de tener enorme impacto en nuestro futuro, y en las que más nos vale que la Política de Vivienda esté entre las prioridades de ciudadanos y candidatos.

Es la democracia… Y en democracia la voluntad de la gente lo es todo. Toca ser responsables con ese superpoder, definiendo muy bien qué futuro queremos y exigiendo a quienes aspiren a un cargo público, propuestas claras que nos hagan confiar en que depositamos ese futuro en buenas manos.

El futuro es nuestro activo más importante… Contiene nuestras realidades y esperanzas… 

Es tan importante, que no podemos sentarnos a ver cómo lo definen los políticos… 

Es nuestro momento; hagámoslo valer.

*Horacio Urbano
Presidente de Centro Urbano

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Horacio Urbano

Horacio Urbano es arquitecto. Su experiencia profesional se ha desarrollado en los diferentes ámbitos que definen la industria de la vivienda. En 1999 inició un proyecto editorial dirigido a los sectores inmobiliario y construcción que a lo largo de los años se ha convertido en una poderosa plataforma multimedios y en una verdadera referencia para esta industria. Fundador, junto con la también arquitecta Roxana Fabris, de Grupo Centro Urbano, firma que impulsa y desarrolla una serie de esfuerzos de comunicación relacionados con estos sectores. Como parte de su trabajo en México y el extranjero, ha escrito o participado en una serie de libros especializados, es colaborador de diferentes medios impresos y electrónicos, es activo conferencista y bajo diferentes modelos colabora también con diversas empresas e instituciones públicas y privadas del sector.


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