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¿Instalar sistemas fotovoltaicos en viviendas sin eficiencia energética en su diseño y equipos de uso final?

Por Odón de Buen 

La eficiencia va primero, pues

Hace más de 35 años trabajaba yo en el Instituto de Ingeniería de la UNAM en temas de energía solar, operando un sistema de medición de la irradiación solar y apoyando con el arranque de la planta solar de concentradores en línea que sigue existiendo en el Jardín Botánico Exterior de Ciudad Universitaria. También me tocó ser parte del proceso de inicio de la Asociación Nacional de Energía Solar (ANES), con la cual guardo, a la fecha, una relación profesional y de pertenencia.

Eran tiempos felices que fueron interrumpidos por la necesidad de mejorar la economía familiar y que me llevaron a buscar trabajo en la CFE, donde me encontré con la eficiencia energética en un programa que entonces “abría la cancha” para lo que hoy es el marco institucional del tema en México.

Sin embargo, mi afecto e interés por lo solar requirieron entonces que mi corazón encontrara la paz y esto lo encontré en el ejemplo de dimensionar e instalar un equipo solar fotovoltaico en una casa con, por ejemplo, un refrigerador ineficiente. En aquellos años un refrigerador nuevo en México de mediano tamaño  consumía alrededor de 1,300 kWh/año. Al mismo tiempo, la ola de eficiencia energética ya había llegado a Estados Unidos y un refrigerador nuevo del mismo tamaño consumía la mitad de esa energía. Dado el costo incremental mucho menor del refrigerador más eficiente respecto del costo de las celdas solares, me quedó muy claro que la eficiencia energética de la casa debe ir siempre primero y que, por lo mismo, mi cambio hacía mucho sentido.

Hoy día en México una parte de este problema está bien atendido: los equipos de uso final de electricidad más importantes (el refrigerador, las lámparas, la lavadora de ropa y el equipo de AC) son hasta cuatro veces más eficientes que hace 25 años, esto gracias a un cambio tecnológico que ha sido acompañado por un robusto sistema de normalización de la eficiencia energética que opera la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee).

No obstante, en México la gran mayoría de las viviendas de interés social que se diseñan y construyen en zonas de clima cálido lo son con elementos de envolvente que aplican bien al clima templado y benévolo de la Ciudad de México, pero no a climas extremosos. Este es un error que toma dimensiones de problema social cuando cerca de la mitad de los usuarios de la electricidad viven en zonas de clima cálido y donde el diseño de la envolvente de la vivienda determina su confort térmico y la cantidad de energía para los equipos que apoyan a lograr ese confort. Estas viviendas, que suman millones, llegan a consumir, en promedio, hasta cinco veces más electricidad que las de una vivienda promedio en zona de clima templado y la mayor parte de esa energía adicional se utiliza para proveer de confort térmico.

La Conuee ha atendido esta problemática a través de una NOM (la 020-ENER) que regula la envolvente de una vivienda para reducir, en una medida rentable desde la perspectiva de la sociedad (que incluye al quien habita la vivienda y al erario público por aquello de los subsidios), el calor que luego tiene que ser extraído consumiendo energía.  Esta NOM ha enfrentado la resistencia de los desarrolladores de vivienda y al interés insuficiente de autoridades locales (que la pueden incluir, con relativa facilidad, en el reglamento de construcción local), todo bajo la lógica de que la norma aumenta el costo de la construcción de viviendas con reducido margen de precio a la venta, afectando el acceso a las mismas a quienes menos tienen.

De acuerdo a estimaciones hechas hace unos meses, el costo adicional para una vivienda de interés social ronda en los 10 mil pesos, costo que inclusive puede ser mucho menor si la casa tiene techo de vigueta y bovedilla con aislamiento térmico en lugar de techo de concreto.

Cumplir con la NOM-020-ENER ahorra lo que puede costar el  sistema fotovoltaico que genere esa energía innecesaria a un costo mucho menor y que se paga, entre lo que ahorra el que la ocupa y la hacienda pública, en menos de tres años. Inclusive, si lo cubre la hacienda pública, recupera su inversión en poco menos de 5 años.

En pocas palabras, pido a mis amigos solares, como lo entendí hace más de 30 años cuando dejé la UNAM para trabajar en la CFE, que para las viviendas en regiones de clima cálido (y para muchas otras circunstancias),  la eficiencia energética debe ir antes de dimensionar y poner las celdas fotovoltaicas. Simple sentido común y económico, pues.

Odón de Buen, director general de la Conuee

https://www.gob.mx/conuee

Twitter: @odebconuee