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Vivienda social: el verdadero costo no está en el m², sino en habitarla

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Según expertos, factores como energía, mantenimiento y confort térmico redefinen la rentabilidad de la vivienda a largo plazo

En México, la vivienda social ha sido evaluada históricamente bajo una métrica dominante: el costo por metro cuadrado. Sin embargo, este enfoque resulta insuficiente para dimensionar el impacto real que tiene una vivienda en la economía de las familias, ya que deja fuera un factor clave: el costo de habitar.

Actualmente, el impulso a la vivienda en alta densidad busca atender el rezago habitacional; no obstante, también plantea cuestionamientos sobre la calidad de las soluciones construidas y los costos que los usuarios asumen a lo largo del tiempo.

En este sentido, especialistas advierten que el análisis de la vivienda debe ir más allá del momento de su construcción.

“Cuando hablamos de vivienda social, el error es pensar solo en cuánto cuesta construirla. La conversación correcta es cuánto le va a costar a una familia vivir ahí durante los próximos 20 o 30 años”, señaló Daniel Lúa, gerente comercial de Novaceramic.

Energía y confort térmico: el gasto invisible

Uno de los principales factores es el bienestar térmico. En un país con condiciones climáticas diversas, la capacidad de una vivienda para regular su temperatura incide directamente en el gasto energético de los hogares.

De acuerdo con estimaciones de organismos especializados, hasta 30% del consumo energético doméstico puede destinarse a climatización en zonas de alta demanda térmica.

En este contexto, las características constructivas y los materiales utilizados juegan un papel determinante en el desempeño de las viviendas.

“El confort térmico no es un lujo, es un factor económico. Una vivienda que regula mejor su temperatura reduce el uso de equipos eléctricos y, por tanto, el gasto mensual de las familias”, explicó Lúa.

Mantenimiento y envejecimiento de la vivienda

Otro elemento clave es el mantenimiento, pues, si bien en el corto plazo todas las viviendas presentan condiciones óptimas, con el paso del tiempo surgen diferencias importantes relacionadas con la durabilidad de los materiales y la calidad constructiva.

El costo de mantenimiento, aunque suele ser gradual, representa uno de los rubros menos considerados en la planeación de la vivienda social, pese a su impacto acumulado en el largo plazo.

En este sentido, especialistas coinciden en que la calidad de los materiales influye directamente en la frecuencia y costo de las intervenciones necesarias.

Plusvalía y patrimonio familiar

Además del aspecto funcional, la vivienda constituye el principal patrimonio de millones de familias en México. En ese sentido, la calidad constructiva y los materiales influyen no solo en su desempeño, sino también en su valor a lo largo del tiempo.

Una vivienda que conserva sus condiciones estructurales y estéticas tiende a mantener o incrementar su plusvalía, lo que refuerza su papel como activo financiero dentro del patrimonio familiar.

“Un desarrollo que envejece bien no solo conserva su valor, lo fortalece. La calidad constructiva impacta directamente en la plusvalía de la vivienda”, añadió el especialista.

Entorno urbano y sentido de pertenencia

Asimismo, la dimensión urbana resulta relevante. Los desarrollos habitacionales homogéneos y repetitivos pueden generar desconexión con el entorno, mientras que propuestas con mayor diversidad estética y calidad espacial favorecen la apropiación por parte de los habitantes.

Diversos estudios han señalado que cuando las personas perciben su vivienda como un espacio propio y de calidad, aumenta el nivel de cuidado, cohesión social y sentido de pertenencia, impactando positivamente en el entorno comunitario.

Hacia una visión integral de la vivienda

Especialistas coinciden en que el siguiente paso en la evolución de la vivienda social en México es incorporar el costo de habitar como una variable central en su desarrollo.

Esto implica analizar el ciclo de vida completo de la vivienda, considerando factores como eficiencia energética, mantenimiento y estabilidad en el valor del inmueble.

De esta forma, más allá de incrementar la cantidad de viviendas construidas, el reto consiste en mejorar su calidad y garantizar que representen una solución sostenible para las familias en el largo plazo.

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Redacción Centro Urbano


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