La falta de capacitación en la autoconstrucción genera errores que afectan la seguridad, el presupuesto y la durabilidad de las viviendas
La autoconstrucción se ha consolidado como una de las principales formas de producción de vivienda en México, pues, de acuerdo con cifras oficiales recientes, 57.3% del parque habitacional del país ha sido autoproducido, lo que equivale a más de 20 millones de hogares.
Y, lejos de tratarse de un fenómeno exclusivamente rural, 64.3% de estas viviendas se ubican en zonas urbanas, donde el encarecimiento del suelo, el acceso limitado al crédito y el alto costo de la mano de obra empujan a miles de familias a construir por etapas y con recursos propios.
En la Zona Metropolitana del Valle de México, esta práctica se intensifica. Ante un mercado formal cada vez menos accesible, muchas familias optan por ‘hacerla a la mexicana’: ampliar poco a poco, ajustar sobre la marcha y tomar decisiones constructivas sin respaldo técnico.
No obstante, aunque esta estrategia permite avanzar cuando no hay alternativas, también abre la puerta a errores que, con el tiempo, pueden comprometer la seguridad estructural y elevar significativamente el costo final de la vivienda.
El precio de la improvisación
Especialistas del sector coinciden en que los problemas más frecuentes de la autoconstrucción tienen un origen común: la falta de planeación y asesoría técnica desde las primeras etapas.
De esta manera, muros que no transmiten adecuadamente las cargas, cimentaciones insuficientes para el tipo de suelo o estructuras que no consideran futuras ampliaciones son fallas recurrentes que, de no corregirse a tiempo, derivan en grietas, humedad, refuerzos costosos o incluso demoliciones parciales.
“Muchos autoconstructores comienzan con buena fe y excelentes intenciones; el problema surge cuando el supuesto ahorro inicial se traduce semanas después en desperdicio de materiales o trabajos correctivos que elevan el gasto”, señaló Oscar Montoya, gerente general de Materiales San Cayetano.
Adicionalmente, más allá del impacto estructural, la improvisación también afecta el presupuesto familiar. Cada error técnico implica volver a invertir en materiales y mano de obra, en un contexto donde los insumos y los servicios especializados mantienen una tendencia al alza.
Errores comunes que pueden evitarse
Entre las fallas más frecuentes se encuentran la ausencia de cálculo estructural, la preparación de mezclas empíricas sin proporciones adecuadas, la mala elección de materiales y el incumplimiento de secuencias constructivas básicas, como el curado del concreto o la correcta colocación de refuerzos.
En conjunto, estas prácticas reducen la durabilidad de la vivienda y aumentan los riesgos para quienes la habitan.
La mayoría de estos problemas, advierten expertos, podrían evitarse con orientación técnica básica desde la etapa de diseño y con información clara sobre el uso adecuado de materiales y procesos.
En ese sentido, la capacitación, aunque suele percibirse como un gasto adicional, termina siendo una inversión que racionaliza costos y previene desviaciones presupuestales.
La capacitación como herramienta preventiva
En los últimos años, la discusión sobre la vivienda ha comenzado a incorporar un elemento clave: la educación técnica del autoconstructor. Más allá de la oferta de materiales, distintos actores del sector han identificado que la falta de información es tan costosa como la falta de recursos económicos.
Por ello, algunas empresas, como Materiales San Cayetano, han impulsado esquemas de capacitación para quienes construyen por cuenta propia, con el objetivo de mejorar la toma de decisiones desde el inicio de la obra y reducir errores que afectan la seguridad y el patrimonio familiar.
Este tipo de iniciativas se enfocan en explicar procesos constructivos, planeación por etapas y uso eficiente de insumos, más que en promover productos específicos.
Construir bien para que perdure
La autoconstrucción seguirá siendo una realidad en el país mientras persistan las barreras de acceso a la vivienda formal. Sin embargo, especialistas advierten que construir sin asesoría técnica no debe entenderse como una estrategia de ahorro, sino como una decisión que puede poner en riesgo la calidad, la seguridad y el valor patrimonial de una vivienda.
La prevención está al alcance: información, capacitación y planeación desde el primer block pueden marcar la diferencia entre una obra que apenas se sostiene y una que realmente perdura en el tiempo.









