Sustituir el término Vivienda Digna por Vivienda Adecuada, es un pequeño paso para el hombre, pero un salto enorme en lo que respecta a la forma de entender y atender los retos de la vivienda; un salto encaminado a romper la subjetividad de la calidad de la vivienda
Por Horacio Urbano
Noticia importante. Aprobó el Senado un dictamen que actualiza la Ley de Vivienda, sustituyendo el término “vivienda digna y decorosa”, por el de “Vivienda Adecuada”.
Dirán los clásicos: es un pequeño paso para el hombre, pero un salto enorme en lo que respecta a la forma de entender y atender los retos de la vivienda.
Dirán los escépticos (o los que saben poco de estos temas o, citando otro clásico, a los que ningún chile les embona): es una tomada de pelo, porque es apenas un ajuste de forma, que no aporta nada positivo a los procesos de dar respuestas al reto habitacional.
Dirán los sensatos: gran noticia, porque brinda criterios claros, que permiten dar mejores respuestas a todas las vertientes de los retos de la vivienda.
Porque ojo… Ese pequeño ajuste legislativo, fortalece el contexto en que debemos entender los retos y oportunidades de la vivienda.
A ver… Esto no es una Reforma meramente cosmética, todo lo contrario, es un ajuste de forma, que incide de lleno en el fondo, al cancelar un término insípido y etéreo, y que en realidad no dice nada, sustituyéndolo por uno bastante más claro, desarrollado y de aceptación prácticamente mundial, que se puede traducir en políticas y programas encaminados a planear ciudades, jerarquizar inversión pública y atender el rezago habitacional.
Es, además, un ajuste legislativo que armoniza la Ley de Vivienda con recientes Reformas Constitucionales, que modifican los artículos cuarto y 123 de nuestra Constitución, reconociendo el Derecho de las personas trabajadoras a una Vivienda Adecuada.
Además, el concepto y los alcances del término Vivienda Adecuada, se alinean con una serie de instrumentos internacionales suscritos por nuestro país.
La Reforma enriquece políticas y acciones de vivienda, al incorporar criterios claros y susceptibles a su análisis, medición y corrección.
Hay que recordar que el término Vivienda Adecuada fue desarrollado por la ONU, a través de su agencia, ONU-Habitat, para definir esa Vivienda Adecuada a partir de siete conceptos:
- Seguridad de la tenencia,
- Disponibilidad de servicios, materiales, instalaciones e infraestructura,
- Asequibilidad,
- Habitabilidad,
- Accesibilidad,
- Ubicación y
- Adecuación cultural.
Y estos siete conceptos, permiten modelar esquemas que fortalecen las políticas públicas y abren caminos para dar mejores respuestas a la compleja integralidad del rezago habitacional, reconociendo que hacer vivienda no es levantar cuatro paredes y ponerles techo, sino algo mucho más profundo… Es hacer hábitat.
Porque el paraguas de la Vivienda Adecuada vincula el espacio privado con el espacio público y con todos los alcances de la correcta integración con las estructuras urbanas.
Y brinda, además, un punto de partida que, iniciando con la vivienda, pone a las personas como parte fundamental de los procesos urbanos.
Viviendas para la gente… Ciudades para la gente…
Sobre esa base, toca profundizar en modelos que permitan garantizar la calidad, presente y futura, de las viviendas en que habremos de vivir.
Porque está claro que el reto no se limita a hacer y/o financiar más viviendas, sino que va más allá y trata de, claro, hacer más, pero, sobre todo, hacerlas mejor… Mucho mejor.
Y mejor sobre la base de criterios de alcance global como los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, desarrollados también por la ONU, y, ahora, los ya comentados siete criterios de la Vivienda Adecuada.
Sobre esa base, lo mínimo que hay que buscar, es que las agendas urbanas y de vivienda se basen en ese catálogo de conceptos y en sus consecuentes esquemas de implementación.
Esquemas que hay que traducir en instrumentos que veamos reflejados en los modelos de producción…
Porque sí, cumplamos los ODS y los criterios de la Vivienda Adecuada…
Pero… ¿Con qué esquemas de financiamiento, fuentes de fondeo, marcos normativos, regulaciones urbanas, certificaciones, materiales y tecnologías?
A eso hay que entrarle, para que cada vez nos quede más claro qué define la calidad de la vivienda, los conjuntos habitacionales, los espacios urbanos y las zonas metropolitanas…
Con eso en mente, un grupo de empresas que forman parte de la cadena de valor que produce los materiales y tecnologías que se usan en la producción de vivienda, hablaban con las autoridades sobre la necesidad de abrir la discusión para entrar a profundidad a cada concepto, tecnología, material y servicio, involucrado en el proceso de definir la calidad de la vivienda.
Y para ello, hablaban de modelar un decálogo que sintetizara conceptos fundamentales como:
- Seguridad,
- Duración,
- Mantenimiento,
- Patrimonio,
- Comunidad,
- Habitabilidad,
- Arquitectura,
- Sustentabilidad,
- Líneas y capacidades de producción y logística, y
- Resiliencia
Criterios alineados con ODS y Vivienda Adecuada, y que tendrían que analizarse en sentido vertical, pero, sobre todo, transversal…
Y claro… Esta misma conversación tendría que llegar a temas relacionados con el acceso a financiamiento y capital de trabajo.
Porque el verdadero reto, es fortalecer todos los factores que definen los ecosistemas en que se desarrollan las transformaciones urbanas y los retos de la vivienda.
Por lo pronto, sí, sustituir el término Vivienda Digna por Vivienda Adecuada, es un pequeño paso para el hombre, pero un salto enorme en lo que respecta a la forma de entender y atender los retos de la vivienda; un salto encaminado a romper la subjetividad de la calidad de la vivienda.
Y sí… Toca llevar esa forma de entender la vivienda a todo proceso relacionado con esa actividad fundamental.
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