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Tren Interurbano detona ajuste inmobiliario en el poniente de la CDMX

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El Tren Interurbano reduce tiempos de traslado y reconfigura la demanda en corredores consolidados

La entrada en operación del Tren Interurbano México–Toluca ‘El Insurgente’ comienza a incidir en algo más que la movilidad entre el Estado de México y la capital. En el poniente de la Ciudad de México, la nueva conectividad perfila un ajuste en la dinámica inmobiliaria, particularmente en zonas donde ya convergen empleo, servicios y oferta residencial.

El sistema conecta Zinacantepec con Observatorio a lo largo de 58 kilómetros y permite recorrer el trayecto en alrededor de 39 minutos, frente a traslados que podían superar la hora y media. En su etapa completa, se estima que podría movilizar hasta 230,000 pasajeros diarios, lo que introduce un cambio relevante en accesibilidad para corredores con alta concentración de oficinas.

Movilidad que ajusta el mercado

Para zonas como Santa Fe, donde la congestión vial ha marcado su desarrollo, la mejora en conectividad incorpora un factor que empieza a reflejarse en decisiones cotidianas. Gabriela Serrano, de Desarrolladora del Parque, señaló que la reducción en los tiempos de traslado modifica la manera en que se evalúan las ubicaciones.

“La movilidad cambia la manera en que la gente decide dónde vivir. Cuando los trayectos se acortan, zonas que antes se percibían lejanas empiezan a competir en igualdad de condiciones”, explicó.

Este cambio comienza a observarse en corredores como Santa Fe y Bosques de las Lomas, donde coinciden corporativos, vivienda vertical y servicios. En el caso de Santa Fe, la alta concentración de empleo frente a una conectividad limitada ha sido un reto histórico; en este contexto, la entrada del tren no corrige por completo el desbalance, pero sí ajusta el punto de partida para el mercado.

Corredores que se fortalecen

El efecto no es homogéneo. En zonas como Bosques de las Lomas, Interlomas, Lomas Altas o Cuajimalpa, con un perfil más residencial y consolidado, la nueva conectividad no detona desarrollo desde cero, pero sí fortalece condiciones existentes.

“La conectividad reduce distancias percibidas. Para quien trabaja en el poniente, vivir en zonas cercanas se vuelve más viable. Eso influye directamente en la decisión de compra”, indicó Serrano.

En este sentido, especialistas coinciden en que la infraestructura no genera valor por sí sola; sin embargo, acelera procesos cuando coincide con demanda activa y oferta consolidada. El efecto suele darse de forma progresiva: primero cambia la percepción, después la demanda y, eventualmente, los precios.

Un nuevo factor en la inversión

De acuerdo con organismos como ONU-Hábitat y el Banco Interamericano de Desarrollo, la inversión en transporte puede reflejarse en incrementos de valor inmobiliario de entre 5% y 20% en zonas bien ubicadas, con efectos en el mediano plazo.

Para el poniente de la capital, donde las condiciones de mercado ya estaban dadas, la conectividad introduce un nuevo componente que puede acelerar esa dinámica, sobre todo en segmentos que priorizan cercanía y tiempos de traslado.

“Hoy la ubicación no se mide solo en kilómetros, sino en tiempo. Y cuando ese tiempo se reduce, el mercado se reacomoda”, añadió Serrano.

Así, el Tren Interurbano comienza a marcar un punto de inflexión en la relación entre movilidad y mercado inmobiliario. Más allá de la conexión física, el proyecto perfila un ajuste en la forma en que se toman decisiones de compra e inversión en el poniente de la Ciudad de México.

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Redacción Centro Urbano


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