La capacidad energética se consolida como el principal condicionante para la expansión del sector industrial en mercados como Tijuana
El sector industrial en la frontera norte atraviesa una etapa de mayor definición. Tras el ciclo expansivo impulsado por el nearshoring, la competencia dejó de centrarse en ocupar naves disponibles y comenzó a enfocarse en asegurar infraestructura crítica. En particular, la energía eléctrica se convirtió en el insumo que hoy determina la viabilidad de nuevos proyectos.
En Tijuana, esta transición ya resulta evidente. SiiLA señaló que las subestaciones de la región operan entre 89% y 99% de su capacidad, mientras las nuevas conexiones enfrentan restricciones técnicas y tiempos de aprobación prolongados. En este entorno, garantizar suministro eléctrico desde la etapa de planeación dejó de representar una ventaja competitiva y se transformó en una condición indispensable para desarrollar manufactura intensiva o centros logísticos de gran escala.
El ajuste reciente en la actividad inmobiliaria no elimina esa presión estructural. Si bien el ritmo de absorción moderó su crecimiento tras el pico expansivo de 2022, la disponibilidad en corredores industriales clave se mantiene en niveles reducidos. De acuerdo con datos de SiiLA, el submercado La Presa conserva una tasa de disponibilidad ligeramente superior al 3%, lo que confirma un entorno de oferta acotada incluso en una fase de normalización. En este contexto, la limitante ya no se ubica únicamente en el inventario, sino en la capacidad instalada que permita sostener nuevas operaciones.
Reserva territorial con energía asegurada
Bajo esta lógica, Fibra Macquarie adquirió 124 hectáreas en el submercado La Presa, en Tijuana, con acceso garantizado a 90 megawatts de energía. La operación, valuada en 113.8 millones de dólares (mdd) y estructurada en pagos a lo largo de tres años, permitirá desarrollar el proyecto por etapas conforme se consolide la demanda.
El terreno ofrece un potencial de hasta 3.4 millones de pies cuadrados, equivalentes a aproximadamente 316,000 metros cuadrados de área bruta rentable, bajo un estándar mínimo LEED Gold. Más allá de la escala, el elemento diferenciador radica en la capacidad eléctrica previamente asegurada, en una región donde ampliar redes o incorporar nuevas cargas implica procesos complejos y plazos extendidos.
Así, en la frontera norte, la siguiente fase del ciclo industrial no dependerá únicamente de la construcción de nuevas naves, sino de la posibilidad real de habilitarlas con energía suficiente y estable. La infraestructura eléctrica, más que el inventario disponible, define hoy el ritmo y la escala del crecimiento.









