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Vivienda social cae 64% en 10 años y aprieta oferta asequible

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Un análisis de Monopolio advierte que el mercado se volvió más selectivo, mientras la producción de vivienda social se desploma

La vivienda social en México atraviesa una contracción histórica que está profundizando la brecha de acceso a una casa propia, justo cuando la demanda se mantiene activa y se transforma por cambios demográficos y nuevas dinámicas familiares.

De acuerdo con un análisis de Marisol Becerra, directora de Estrategia de Datos y Consultoría de Monopolio, el cierre de 2025 deja una paradoja crítica: mientras la formación de nuevos hogares continúa y el mercado exige mayor accesibilidad, la oferta asequible se ha reducido de manera drástica.

La oferta se contrajo, sobre todo en vivienda social

El diagnóstico advierte que el mercado se ha vuelto cada vez más selectivo, no porque haya desaparecido la intención de compra, sino por la limitada disponibilidad de inmuebles alineados a la capacidad de pago de la mayoría.

En ese sentido, el análisis destaca que, aunque existe inventario disponible, éste es significativamente menor al observado en los años de mayor auge constructivo, además de que sus precios ya no corresponden con los ingresos reales de las familias.

Becerra subrayó que los datos del Registro Único de Vivienda (RUV) reflejan una alerta para el sector: la producción total de vivienda cayó de 302,000 unidades en 2015 a poco más de 138,000 en 2025, una contracción cercana al 54 por ciento.

Sin embargo, el mayor golpe se registró en el segmento social, donde el desplome fue más pronunciado. “La producción de vivienda social pasó de 279,000 unidades a apenas 102,000. Es una caída del 64% que ha creado un cuello de botella crítico justo donde los hogares mexicanos tienen la mayor necesidad”, señaló la especialista.

Hogares más pequeños y mayor movilidad cambian la demanda

Además del factor económico, el análisis apunta a una recomposición de las necesidades habitacionales, impulsada por nuevas estructuras familiares. Entre los datos que resaltan se encuentra una tasa de 33.3 divorcios por cada 100 matrimonios, lo cual ha incrementado la demanda por vivienda más compacta, mayor movilidad residencial y soluciones habitacionales que se adapten mejor a distintos momentos de vida.

Esta transformación ocurre, sin embargo, en un mercado con oferta insuficiente y encarecida, lo que limita el acceso de quienes buscan adquirir vivienda por primera vez.

Millennials y Gen Z: intención de compra, pero con barreras financieras

De cara a 2026, Monopolio identifica un desafío generacional importante: Millennials y Generación Z ya representan el 43.4% de la población nacional, equivalente a 56.5 millones de personas, y mantienen un interés alto por convertirse en propietarios.

Aún así, el entorno financiero y el aumento de precios elevan los requisitos de ingreso para poder acceder a una hipoteca. El análisis señala que las tasas hipotecarias se mantienen estables alrededor de 10.3%, mientras el valor de la vivienda registra incrementos anuales de entre 8% y 9 por ciento.

Esta combinación ha provocado una brecha de asequibilidad: en promedio, el ingreso requerido para acceder a una vivienda media ya es el doble del ingreso real de los solicitantes, una situación que se agrava particularmente en la Ciudad de México.

Vivienda para el Bienestar: oportunidad, pero con riesgos

Sobre el Programa de Vivienda para el Bienestar del Gobierno Federal, la directiva consideró que representa una señal relevante al colocar nuevamente la vivienda social en el centro de la agenda pública. Sin embargo, también advirtió que su impacto dependerá de criterios clave como la ubicación.

En particular, destacó que la vivienda debe concebirse como infraestructura social y ubicarse en zonas con empleo y transporte, pues de lo contrario podría reforzar problemas como segregación y rezago habitacional.

Hacia 2026: colaboración y nuevos mecanismos

Finalmente, el análisis concluye que la ruta hacia 2026 no puede limitarse a construir más, sino a construir mejor y con estrategias más diversificadas. Para ello, plantea que la colaboración público-privada será indispensable: mientras el sector público habilita suelo y define reglas, el privado debe aportar capacidad de ejecución y eficiencia.

Asimismo, se propone ampliar mecanismos como la renta con opción a compra y la reconversión de inmuebles subutilizados, con el objetivo de alinear la oferta a la realidad de los ingresos y evitar que la desigualdad habitacional siga creciendo en la segunda mitad de la década.

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Redacción Centro Urbano


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