Inicio / Opinión / Hablemos de Urbanismo / Eso que llaman gentrificación

Eso que llaman gentrificación

Hablemos de Urbanismo | Opinión | Urbanismo |

Por Susana Gómez*
Las redes sociales ocasionalmente se vuelcan en la discusión sobre los costos excesivos de los
arrendamientos, requisitos absurdos, viviendas inadecuadas en renta, el desalojo de comercios
tradicionales, el surgimiento de nuevos establecimientos y muy recientemente las pasiones se
volcaron en twitter por la llegada de extranjeros y el uso cotidiano del inglés en uno de los
polígonos más preciados de la ciudad, el Roma-Condesa. Esta discusión ha traído varias
veces a flote el término de gentrificación pero pocas una discusión fructífera que reconozca
que debe ser comprendida como un proceso que no se puede leer de la misma manera en
diferentes latitudes.

El término fue propuesto por la socióloga británica Ruth Glass en 1964 en su libro “London,
Aspects of change” con la finalidad de mostrar al gobierno inglés la presión ejercida hacia los
pobres para que salieran del centro del Londres. La palabra en primer lugar hace referencia a
una clase social de terratenientes y a un segmento de la nobleza. Glass planteó el fenómeno
como un problema complejo que deriva en el incremento de precios y desplazamiento de la
clase trabajadora como resultado de la rehabilitación de algunas casas y el cambio en la
tenencia de la tierra, de renta a propietarios (Lees, Slater y Wyly; 2008, 2010). Al respecto,
Neil Smith recordó que Engels en su libro “Contribuciones al problema de la vivienda” habló
sobre el desplazamiento de trabajadores en la nueva ciudad industrial y que con la
renovación de París implementada por el Barón Haussman, por encargo de Napoleón III,
sucedió algo similar.

En los siguientes años el término fue ampliamente retomado con la finalidad de explicar
procesos similares en ciudades del norte global. David Ley (1978, 1996) apuntó que la
gentrificación era el resultado de la reestructuración económica, sociocultural y demográfica
del espacio urbano consecuencia del crecimiento del sector servicios y la naciente clase media
conformada por los trabajadores técnicos y de cuello blanco atraídos por la oferta de servicios
y espacios de ocio, el incremento del costo de vida en los suburbios, así como con un cambio
de preferencias asociado al rechazo de la homogeneidad y falta de autenticidad de los
suburbios frente al carácter de los vecindarios citadinos con una arquitectura distintiva,
diversidad social y cultural, enfatizó también, el rol que jugaron instituciones públicas y
privadas en la promoción de la revitalización del centro de las ciudades y el uso de tierra
vacante.

El proceso también se ha asociado a colectivos y prácticas de ciertos grupos. El rol de las
mujeres y su inserción laboral en el sector servicios (Rose, 1996), la reestructuración de las
familias y los colectivos LGBT así como con prácticas vinculadas a la puesta en escena del
capital cultural de ciertos grupos identificados como yuppies o hípsters y de aquellos con
interés en espacios con contenido histórico ya que esto representaba alejarse de la clase
trabajadora, además de tener la facilidad de estar cerca de los circuitos de producción
cultural que se generan en esas áreas.

Las posturas más críticas dieron cuenta del papel que tienen los promotores inmobiliarios. En
ese sentido, Neil Smith (1979) resaltó el proceso de desinversión previo a la creación de
paisajes susceptibles de ser aprovechados por los capitales inmobiliarios, del tal forma que la
gentrificación, más que el regreso de población significaba el regreso de los grandes capitales
al centro de las ciudades, esta propuesta se complemento con las afirmaciones de Sharon.

Zukin quien le llamo gentrificación construida, entendida como la intervención de los
grandes desarrolladores, la cual no necesariamente se concentraba en áreas centrales ni
implicaba un desplazamiento de población, la autora también habló de la
supergentrificación, entendida como el ingreso de grandes inversiones o capitales globales en
espacios que previamente habían pasado por un proceso de gentrificación.

Posteriormente, algunas investigaciones han propuesto adaptaciones del término para
mostrar procesos similares fuera de la ciudad y vinculados con otros fenómenos. Se evidenció
la gentrificación rural o verde (Smith y Phillips; 2001) como un proceso que tiene que ver con
el renacimiento rural y la proliferación de sentimientos antiurbanos producidos por el
deterioro de la calidad de vida en las grandes ciudades (Ferras, 2007). También, se relacionó
con las transformaciones de la dinámica socioespacial provocada por la llegada de un gran
número de estudiantes a determinada zona y con la turistificación que resulta de la
transformación de un barrio a un enclave exclusivo para turistas.

En el contexto latinoamericano se han hecho esfuerzos por demostrar que los procesos son
cualitativamente diferentes a los que suceden en el norte global (Janoshka, Sequera y Salinas,
2014). Se han puesto de relieve los mecanismos realizados por administraciones públicas y
entes privados a través de distintas formas de violencia física (desalojos, quemas de casas) y
simbólica, la creación de nuevos mercados inmobiliarios, el posicionamiento estratégico del
patrimonio arquitectónico y cultural para transformar barrios en escenarios (turísticos), así
como las políticas de desplazamiento de espacios y prácticas producidas bajo la informalidad
para facilitar la creación de nuevos mercados inmobiliarios (Janoshka y Sequera, 2014;
Olivera y Delgadillo, 2014).

Como se vio en los párrafos anteriores, lo que se conoce comúnmente como gentrificación
resulta de la confluencia de varios factores, contrarrestar sus efectos negativos requiere
necesariamente que los identifiquemos y que la discusión se vuelque sobre ellos. Que sirva
este breviario para avivar la reflexión sobre la gobernanza, las políticas del espacio urbano y
de dotación de vivienda sin dejar del lado la brecha de desigualdad y la necesidad de recordar
que todas tenemos derecho a viviendas dignas, rodeadas de espacios públicos habitables y
porque no, de espacios para el ocio y el disfrute.

*Susana Gómez
 
Etnóloga y urbanista, defensora de derechos humanos y fundadora de Coalición de Personas Sordas A.C. Copesor

Tags

Columnista invitado


Utilizamos cookies de terceros para generar estadísticas y mostrar publicidad personalizada.