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Somos la generación que ya no quiere relaciones

Somos la generación que ya no quiere relaciones

La palabra amor esta compuesta por el prefijo negativo “A”(sin) y “MOR”(separación): que significa “no separar”

Por qué pensamos que la pareja tiene que ser perfecta? ¿Por qué creemos que el otro va seguir nuestro ritmo de crecimiento? ¿Firmamos un contrato cuando comenzamos y nunca lo revisamos?

Tal vez sólo queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo mundo pueda darle “Me Gusta” y poner un comentario, queremos una publicación acreedora del hashtag #parejaperfecta.

Los humanos modernos, mejor conocidos como millennials, necesitamos compromisos fuertes. Y el primero tiene que ser con uno mismo, con el amor propio, ya que rara vez estaremos dispuestos a asumir relaciones sólidas.

En mi opinión, creo que es más fácil buscar a alguien con quien compartir un almuerzo los domingos, con quien quejarnos los lunes, con quien comer pizza los martes y que nos desee los buenos días los miércoles. Pero somos la generación que no quiere relaciones.

Cuando nuestros amigos nos invitan a su boda la primera idea que cruza por nuestra mente es ¿Cómo le habrán hecho? y después de un proceso largo de reflexión nos preguntamos ¿Cómo habrán conseguido un ‘felices para siempre’?

Nosotros también podremos encontrar un ‘felices para siempre’ si sólo vamos buscamos por Tinder un intento de encontrar a la persona adecuada. Como si tratáramos de hacer un pedido a domicilio de nuestra alma gemela.

No idealizamos el amor pero leemos artículos como ‘Cinco maneras de saber que le gustas’ o ‘Siete formas de gustarle’ con la esperanza de ser capaces de moldear a una persona para tener una relación con ella.

Jugamos mutuamente un juego donde nadie es ganador, pues vamos renunciando a cualquier oportunidad de conexión. Competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente y acabamos ganando en la categoría…el que acabará solo.

Pero aun así queremos la facha de una relación, sin el esfuerzo que implica tenerla. Queremos tomarnos de la mano, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones duraderas; queremos promesas, pero no un compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican.

Queremos tener relaciones profundas, pero sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero sin entrenar el corazón; no queremos que nos conquisten porque eso implica que nos puedan lastimar al perseguir la idea del amor.

Esperamos encontrar la felicidad descargando a la persona perfecta para nosotros como si fuera una aplicación nueva; que puede actualizarse cada vez que hay un problema, guardarse fácilmente en una carpeta y borrarse cuando ya no se utilice.

Queremos mantener el equilibrio, fingir que no tenemos sentimientos aunque seamos un libro abierto. Queremos que nos necesiten, pero no queremos necesitar a nadie, y nuevamente nos cruzamos de brazos a discutir las reglas del juego que estamos intentando jugar, en vez de admitir que al final del día sí queremos tener una relación.