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Para saber rodar hay que saber manejar

Por Lina Patricia Calderón Arzate.

No es una cuestión de elitismo hacia los que conducen bicicleta y no lo hacen en auto, es una cuestión de cultura. Y es que no muy continuamente vemos automovilistas circulando en sentido contrario por avenidas principales o sobre banquetas como ocurre todos los días y a cualquier hora tratándose de ciclistas.  Moverse en bici supone muchas ventajas sobre las que podemos tener al movernos en automóvil, entre ellas, la facilidad de sortear el terrible tránsito de esta ciudad al mismo tiempo que hacemos ejercicio, pero si esto ya esto supone una ventaja, ¿qué necesidad existe de violar cuanta norma de tránsito existe mientras vas montado en tu bicicleta?

Cualquier persona que conduce un auto tiene los conocimientos mínimos de las normas de tránsito que aquí y en la mayor parte del mundo aplican, algo así como que el semáforo en rojo significa alto, que esos simpáticos dibujos sobre el asfalto de personas simulando caminar sobre los cruces peatonales son para que la gente cruce de un lado a otro de la calle; que las flechas marcadas sobre el piso indican el sentido de la vialidad o que el carril de extrema derecha es para vehículos de baja velocidad.

Pero no debía asombrarnos que “moverse en bici” se ha convertido en una moda y como tal, cualquiera que alguna vez haya usado una bicicleta en un parque de pequeño y tenga un poco de valor, se aviente al ruedo sin saber las mínimas normas que debe seguir para llegar a su destino sin morir en el intento, y sí, morir en el intento, en su forma más literal, porque moverse en bicicleta por esta ciudad es un poco más complejo que salir como si se tratara de un paseo dominical.

La moda de moverse en bicicleta por la ciudad ha sido muy bien aprovechada por muchos, entre ellos, por las autoridades, quienes han implementado una variedad de mecanismos orientados a hacer que un mayor volumen de personas se decidan a cambiar su tradicional modo de transportarse, al de moverse en bicicleta, ya sea propia o a través de programas como “Ecobici” y otros, entre ellos, la construcción de ciclovías, el área de espera para ciclistas previa a la peatonal en las intersecciones con semáforo, los carriles confinados para autobuses compartidos  y hasta los famosos ciclotones del domingo. Sin embrago, a todas estas políticas les ha faltado un ingrediente muy importante para que el objetivo sea cumplido: la cultura vial.

Y no se trata de demeritar dichas acciones, a través de los años la ciudad se ha ido modificando según las necesidades de sus habitantes. Sino de hacer conciencia de que el uso de la bicicleta como modo de transporte cotidiano conlleva a la aplicación de normas como cualquier otro vehículo, de lo cual no se habla mucho.

Cuántas veces hemos visto ciclistas, enfundados en modernos y vistosos cascos, chalecos reflejantes de todos colores y sabores, montados sobre bicicletas de lujo que valen lo que un auto, equipadas con luces, velocidades y hasta bocinas, que parecen desconocer por completo el término, también de moda, denominado “cultura vial”, el cual  les  hace creer, que estar un escalón debajo de lo más alto de la jerarquía de la movilidad urbana, sólo por debajo de los peatones de a pie,  y los llamo peatones de a pie, porque todos en algún momento somos peatones, les da derecho a usar las calles y banquetas a su gusto y conveniencia.

La alta categoría jerárquica que nos coloca a los ciclistas casi en lo más alto de la pirámide de la movilidad, de nos ha hecho, de cierta manera, altivos y merecedores del respeto de cuanto ciudadano se nos atraviesa, ya sea a pie, en auto, en moto o hasta en bicicleta, lo cual empieza a provocar que nos convirtamos en una plaga que incomoda a muchos de los usuarios del espacio público.

Debemos tener en cuenta que las reglas de tránsito para vehículos motorizados son aplicables también a los ciclistas, no así las sanciones. En el caso de los automóviles, las reglas de tránsito existen, además de por seguridad, para evitar caos por las calles, pero para los ciclistas las reglas de tránsito son una cuestión de vida o muerte. La cantidad de faltas que cometemos al rodar, nos convierten no solo en infractores, si no en suicidas. Y es que no es lo mismo que manejar por esta ciudad sin cinturón de seguridad que circular en bicicleta sin casco, la más mínima distracción, o un pedaleo errado nos puede hacer caer con consecuencias fatales; el circular en sentido contrario, por ejemplo, pareciera una falta sin importancia, sin embargo, es una de las faltas que más peligro supone para los ciclistas; el uso de audífonos durante el trayecto evita que podamos escuchar el sonar de un claxon que podría ser la diferencia entre evitar o provocar una accidente;, circular por el carril de extrema izquierda o por vialidades de acceso restringido, el uso del carril exclusivo del Metrobús porque lo consideramos más rápido, pasarse los altos si ninguna prevención y la más rara de todas, pero más frecuente de lo que imaginamos: usar el celular mientras tomamos el manubrio con tu mano libre.

Otras faltas muy comunes que además de faltas de tránsito son faltas de respeto a los peatones, son el circular sobre banquetas o camellones y pisar las rayas peatonales. Pero contrario a las sanciones a los automovilistas por no respetar el reglamento de tránsito, los ciclistas son hacemos acreedores a una amonestación  verbal por parte de los agentes de tránsito y una invitación  a conducirnos de conformidad con lo establecido por las disposiciones aplicables. ¿Será esta la manera de hacernos respetar el reglamento? La respuesta está en nosotros los ciclistas, no es la ciudad la que debe estar preparada para que la usemos, somos nosotros quienes debemos usarla con responsabilidad y sobre todo respeto hacia todos los que en ella circulamos.

Lina Patricia Calderón Arzate. Es Lic. en Urbanismo por la Facultad de Arquitectura, UNAM (2002-2007), titulada en “Análisis Cualitativo del Sistema de transporte Metrobús en su primera etapa” (2008). A lo largo de su trayectoria profesional ha ganado diferentes premios: primer lugar del concurso Ángel Borja Navarrete, “Propuestas viables y originales para el hábitat y la vivienda popular en Xochimilco, Distrito Federal” UNAM (2004) e  “Implicaciones de la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita”, HT Contadores Asociados (2013).

Twitter:@BicireporteraDF