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Ampelmann y AIFA

Revista Futuros Urbanos |

Por Roberto Remes Tello de Meneses.*

Los semáforos peatonales se inventaron después de la Segunda Guerra Mundial, lo cual motivó distintas respuestas gráficas, algunas por país y otras por ciudad. Una de las figuras más simbólicas es el Ampelmann, un símbolo didáctico cuyo origen está en la Alemania Oriental y en el psicólogo Karl Peglau. Al reunificar las dos Alemanias, el “hombrecillo del semáforo” desapareció de los pasos peatonales de Berlín, pero con el paso del tiempo, dominaron las voces para traerlo de vuelta. No todo lo que ocurrió en la República Democrática Alemana estuvo mal.

Soy un declarado opositor al régimen federal, a la forma en que ha venido tomando decisiones que contrastan con el pasado, al desmantelamiento irracional de políticas que funcionaban, sin negar la necesidad de romper con lo que no funcionaba, la corrupción, la insensibilidad respecto a la inequidad y los desequilibrios en el desarrollo económico. Lo que es innegable es que el actual gobierno prometió una transformación y en ese sentido la está cumpliendo.

Uno de los elementos más simbólicos de la ruptura con el pasado está marcado por el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Por años, hubo estudios que demostraban no sólo la necesidad de un nuevo aeropuerto, sino además la conveniencia de Texcoco por sobre todas las opciones que fueron puestas sobre la mesa, Tizayuca como el otro finalista, pero también Santa Lucía.

El anuncio de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), a inicios de la administración de Enrique Peña Nieto, con terrenos federales y no con expropiaciones como en el Foxismo, detonó distintos tipos de discusiones. La ambiental fue una de ellas, pero no la única. Hubo foros sobre el desarrollo regional y sobre el abandono del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Una de las propuestas que llevé a esos foros fue relativa a la conectividad. Mi planteamiento ha sido reforzar la infraestructura de transporte urbano para enlazar tanto a trabajadores como a pasajeros, con la planeación de dos nuevas líneas del metro que puedan contar con vías de rebase para servicios exprés en sus tramos centrales, y que a su vez aseguren una comunicación ágil y conveniente hacia el nuevo aeropuerto. Lo dije en su momento para el NAIM, e insistiría que es lo necesario para el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). La ampliación del tren suburbano ayuda, pero está muy lejos de ser una solución para la operación del aeropuerto.

La propuesta más interesante que escuché, con respecto al destino de los terrenos del AICM, fue en uno de esos foros. El Arquitecto Víctor Márquez, quien a su vez cuenta con experiencia nacional e internacional en el diseño de aeropuertos, propuso que los terrenos del AICM se dividieran en tres distintos destinos: el área más cercana al Circuito Interior, para un desarrollo urbano bien planeado, probablemente de una ciudad administrativa, con vivienda y oficinas públicas; un área central y ambiental, que conectara la Alameda Oriente con el Bosque de San Juan de Aragón; y un área exterior, destinada a servicios logísticos, considerando la cercanía con el NAIM.

La cancelación de Texcoco representa un gran absurdo no sólo a nivel nacional, debe haber pocas experiencias en el mundo de abandono de una infraestructura de esas características. La rápida adaptación del AIFA, hoy con un nivel de utilización mínimo, alimentó las dudas de los escépticos. No obstante, me parece que el aeropuerto está mucho mejor planeado y construido que lo que sus críticos pensarían; aunque mucho menos listo para resolver los problemas de la saturación aérea, que lo que pensarían sus promotores.

Veo tres desenlaces posibles a esta historia. Dos que me recuerdan la desaparición temporal del Ampelmann, y uno que me trae a la cabeza su resurgimiento años después. Si el régimen de la Cuarta Transformación se mantiene en el poder los próximos años, el espacio aéreo seguirá bastante desordenado, con dificultades en la operación de ambos aeropuertos, AICM y AIFA, e incluso con algunos riesgos, como los que hemos presenciado en los últimos meses. Si el régimen cae, la oposición tendrá como bandera la recuperación del proyecto de Texcoco, algo que me resulta muy complicado en lo social.

La idea de abandonar el AIFA, retomar el NAIM y, por supuesto, cerrar el AICM, es muy similar a la cancelación, en su momento, del NAIM. La inversión aeroportuaria más acabada ya no es la opción de Texcoco, sino el Felipe Ángeles. El único problema que veo es la incompatibilidad de AIFA con AICM, pero a la vez es una solución, la misma que representaba, en su momento, Texcoco: concentrar las operaciones en Santa Lucía y usar los terrenos del actual aeropuerto para financiar la infraestructura faltante para el nuevo aeropuerto, incluido un tren exprés.

Ni en lo político tiene sentido la confrontación permanente de dos proyectos de futuro, ni en lo urbanístico. El AIFA debería volverse un proyecto de unidad entre los dos modelos confrontados: que unos entiendan que el suelo y sus usos pueden reciclarse, elevando su productividad; que los otros se den cuenta que México cambió y lo que alguna vez fue la opción más viable, ya no lo es más.

Las dos Alemanias coincidieron en tiempo, pero no en territorio; los dos Méxicos coinciden en territorio pero no en tiempo. Ampelmann es un símbolo de la reunificación alemana en tanto surgió del régimen que dejó de existir. En la solución aeroportuaria y el desarrollo regional deberíamos encontrar un punto de diálogo entre esos dos Méxicos con miras a la reunificación. Yo veo en el Felipe Ángeles una de esas rutas para la reunificación.

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Columnista invitado


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