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Ordenando a los pasajeros del transporte público

Por Silvia Mejia

En días recientes se publicaron los resultados de un modelo piloto que tenía la intención de educar a la población para subir y bajar del metro en una de las líneas más concurridas, la Línea 1 en la estación Balderas. Se trata del proyecto “Ascenso y descenso eficiente de los vagones del metro” que fue desarrollado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Los resultados fueron increíbles, y prueban que si nuestra ciudad tuviera un poco de orden, sería mucho más eficiente y vivible. El estudio muestra que si se delimitan las áreas de salida y de espera mediante unas líneas marcadas en el piso, las personas se forman y esperan su turno. Lo interesante fue que las personas que vieron las marca comenzaron a auto ordenarse y el piloto tuvo un éxito inesperado.

Con orden, el transporte se vuelve más eficiente porque los tiempos de espera son menores. De acuerdo con cifras del Laboratorio para la Ciudad, se calcula que se reduce entre 10 y 15% el tiempo de espera, este ahorro equivale al paso de tres trenes más en hora pico en 4 horas. Si calculamos que en promedio cada tren lleva de 1020 a 1530 pasajeros (cifras del Metro) esto equivale a que se pueden movilizar de forma eficiente entre 3,000 y 4,500 pasajeros en hora pico.

Para los que usamos el Metro o el Metrobus, entendemos que un proceso de orden y conciencia es fundamental si queremos viajar en confort y con la comodidad de un libro en la mano durante los 40 minutos o más de trayecto que nos toma llegar al trabajo. Situación que es común en ciudades como Barcelona o Londres, donde la gente que viaja en metro o autobús lo hace en compañía de un libro para disfrutar el camino y aprovechar el tiempo.

La realidad es que nuestros sistemas de transporte público en su mayoría están colapsados por la gran afluencia de gente que diariamente los utiliza.
El transporte público en la Ciudad de México es el principal medio por el cual se traslada el 60% de la población. Sin embargo, la falta de una inversión continua para mejorar cuantitativa y cualitativamente el servicio y hacer frente a la creciente demanda desde que se construyera la primera línea en 1969 ha derivado en el colapso que hoy vivimos los usuarios, aunado a la sobre saturación y las condiciones de hacinamiento y violencia, hoy características comunes de estos medios.

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“Ascenso y descenso eficiente de los vagones del Metro” es un acierto; sin embargo, un programa permanente de educación a viajeros es necesario así como es necesario un programa de educación al automovilista, al ciclista y al peatón. La permanente capacitación para usar nuestros sistemas de movilidad sin duda mejoraría la accesibilidad a la ciudad. Aunado a esto deberemos promover el uso de sistemas de transporte no motorizado que son muy efectivos en distancias cortas, tal como el uso de la bicicleta y el programa Ecobici. Una ciudad accesible es una ciudad eficiente y competitiva. Pero mejor aún una ciudad accesible es una ciudad de gente feliz.

Silvia Mejía Reza. Consultora en ONU Habitat México.

Twitter: @silviamreza