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De la calle y la ciudad

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Por Silvia Mejía Reza*

El arquitecto y el urbanista tienen la tarea de generar espacios confortables, atemporales, dinámicos, funcionales, que inviten a su uso. Richard Sennett nos cuestiona: ¿Cómo vincular la división entre lo interior y lo exterior? ¿Cómo invitar e identificar a través de lo visual? ¿Cómo crear espacios que generen vínculos con desconocidos? (Texto: The Open City)

La dinámica de las ciudades nos ha llevado a la urgente necesidad de recuperar el uso de los espacios públicos donde se generen dinámicas de diálogo, encuentro, transición, de ocupar el espacio abierto de las urbes. La necesidad de regresar al pasado, como los griegos en la antigua polis donde el espacio urbano era fundamental y sus teatros semicirculares al aire libre eran utilizados para manifestaciones políticas; hoy es la plaza el medio de expresión cultural, político y social. ¿Cómo lograr que la gente se identifique con su ciudad, se genere cohesión social, en una época global de diversidad en todos los sentidos? La solución está en el espacio público democrático para lograr los foros donde todos interactuemos o simplemente podamos estar.

Se entiende como espacio público no sólo a la plaza o el parque. Espacio público es todo lo que nos rodea en el exterior por donde podamos transitar como peatones. En nuestra ciudad de México, el espacio público ha sido factor de gran importancia en la agenda de gobierno. La Autoridad del Espacio Público, AEP, es la encargada de la recuperación de plazas, parques y calles. Hemos visto importantes transformaciones en los parques de barrio, plazas, bajo puentes y en las calles de nuestra ciudad. El Centro Histórico, por mencionar un ejemplo, en las calles de Madero, 16 de Septiembre, Argentina o en la colonia Polanco la calle de Homero y ahora con gran polémica la calle de Masaryk.

De acuerdo con el Titular de la AEP, Eduardo Aguilar, se está iniciando un nuevo esquema para la renovación del espacio público llamado “Contribución por mejoras”, un modelo donde el 50 por ciento de la inversión lo pagan los beneficiados y el otro el Gobierno del DF. Es así como se pueden lograr grandes inversiones para la recuperación del espacio público de calidad.

La recuperación de plusvalías, como mejor se conoce, es una práctica común en  muchos países como Colombia, Nueva York o Barcelona. En nuestro país se ha utilizado para infraestructura, sin embargo, ha provocado la inconformidad de muchos vecinos involucrados en este piloto de Masaryk. La pregunta es ¿si al recuperar un espacio público se genera un beneficio integral, económico, social, de habitabilidad para los propietarios, no sería lógico que formen parte de la inversión?

Un caso de éxito es  la calle de Madero en el Centro Histórico, donde se incrementó en 200% el valor del suelo con inversión pública. Masaryk no va a ser la excepción, la revitalización de esta zona va a incrementar la afluencia de gente y su dinámica económica. Otro ejemplo es la calle 16 de Septiembre que paso de dos mil peatones en horas pico a seis mil; es indudable que esta avenida comercial tendrá un éxito similar o mayor, sólo hay que entender que los impuestos no pagan todo, si queremos ciudades de vanguardia y competitivas hace falta aportar un poquito más.

Según Enrique Peñalosa, “cuando un centro comercial reemplaza los espacios públicos, los espacios de convivencia, la ciudad está enferma y es probable que su población también”. El espacio público permite la democracia participativa, es un lugar para todos y de todos, lugar de recreación, convivencia, transición o simplemente de estar. Ya sea calle o parque es fundamental que todos trabajemos por recuperarlos.

 

* Maestra en Arquitectura y Urbanismo

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Silvia Mejía Reza


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