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La (nueva) industria de regeneración urbana con participación social

Hablemos de Urbanismo |

POR ANTONIO DÍAZ.

Es notable y medible la carencia de aplicación efectiva de políticas publicas, normas y procedimientos para lograr el buen diseño y la planeación urbana a nivel nacional. No es problema nuevo.

Podemos experimentar en casi cualquier ciudad de nuestro país problemas de invasión, construcción informal, problemas viales, hacinamiento, grandes desarrollos habitacionales de interés social con problemas de abandono, falta de infraestructura, equipamiento y desde luego falta de desarrollo comunitario.

Y ante la problemática, la pregunta es: Cual es la oportunidad?

Y la respuesta es: El impulso y desarrollo de una industria de regeneración urbana con participación social que tenga alcances de largo plazo que de paso a planes piloto de re-urbanización y eventualmente a sistemas funcionales de crecimiento urbano con participación social. Las nuevas leyes y lineamientos del gobierno federal atienden la problemática histórica y forman una base sólida para corregir el rumbo que ha tomado el crecimiento de las ciudades del país y deben ser complementadas con acciones concretas que consideren la regeneración urbana de lo ya construido y no solo atender la construcción de espacios vacíos.

Hay factores que explican por que algunos países desarrollados tienen ciudades bien diseñadas, planeadas y con crecimientos horizontales y verticales que se disfrutan, mientras que en Latinoamérica tenemos, en general, ciudades parchadas que a partir de nuestras independencias, crecen desordenadamente, sin vialidades adecuadas, con problemas crónicos, produciendo esos paisajes urbanos que todos conocemos, incluyendo ciudades perdidas y fraccionamientos en deterioro, sin mencionar las varillas de la esperanza. Entre los mejores ejemplos se encuentran la mayoría de los países anglosajones, donde el común denominador es la activa participación de la sociedad en el desarrollo de sus territorios.

Todas las explicaciones apuntan a que nos faltan elementos de política publica, normas y procedimientos que sean producto de una visión de largo plazo. Me permito aquí escribir (contra las reglas gramaticales y para hacer mi punto) que el problema del urbanismo mexicano es la falta de “largoplacismo”. Dicho de otra forma, nuestro problema es la maximización de utilidades de corto plazo de terratenientes, constructores, inversionistas y funcionarios públicos a costa del resto de la población.

Lo malo de la falta de “largoplacismo” es que no se maximiza valor para nadie en el largo plazo y se destruye valor para la mayoría que tiene que pagar la falta de servicios y equipamiento y tiene que invertir mucho mas horas en transporte, agregando desde luego los costos económicos y sociales de la inseguridad. Durante los últimos doce años se han construido mas de diez millones de casas, tanto en la informalidad como en grandes desarrollos habitacionales formales. Estimo que hoy alrededor de dos millones de familias sufren esta problemática a nivel nacional, tan solo en el entorno urbano (no rural).

El factor mas importante que explica las diferencias del urbanismo británico, norteamericano o alemán vs el mexicano (latinoamericano) es que el de ellos es producto de la participación activa de la sociedad y el nuestro es producto de la maximización de beneficios de corto plazo de los que tienen voz, voto y medios.

De aquí la propuesta de partir de la famosa frase que dice que “mas vale tarde que nunca” y en vez de suponer que vamos a seguir viviendo cada vez peor, se promuevan cada vez mas procesos de regeneración urbana con participación social que no solo se concentren en las avenidas mas importantes del país, sino que incluyan los centros históricos, áreas mal urbanizadas y los grandes conjuntos habitacionales construidos en los últimos 15 años en los que hoy habita la tercera parte de la población del país que además es parte de nuestra clase media formal.

El impulso de procesos de regeneración urbana con participación social es algo que se puede observar y vivir en la Ciudad de México. Las experiencias de las colonias Roma o Condesa, la re densificación (o torrificación) de Paseo de la Reforma o la transformación de Mazaryk son ejemplos que aunados al Nuevo Polanco y al actualmente debatido Corredor Chapultepec generan fuentes de trabajo, mejor calidad de vida y sobretodo plusvalía. 

Hay otros ejemplos notables a nivel nacional como la regeneración del centro histórico de Puebla o el Distrito Tec en Monterrey, en los que la combinación de iniciativas del sector privado han sido apoyadas por gobiernos locales para el desarrollo de planes maestros de regeneración urbana.

Sin embargo, no podemos olvidarnos de la población que vive en los grandes conjuntos habitacionales construidos a partir del inicio de este siglo, que son alrededor de la tercera parte de las viviendas del país y en los que viven alrededor de 40 millones de personas que pertenecen a la economía formal urbana del país, que hoy sufren de altos niveles de criminalidad, cuyas casas adquiridas en los últimos años no tienen mercado secundario por que hoy valen menos de lo que los compradores están pagando por ellas.

La propuesta es agregar a la discusión de políticas publicas, normas y procedimientos, la asignatura pendiente de regenerar grandes conjuntos habitacionales a nivel nacional, desarrollando las comunidades que ahí viven.

La regeneración urbana de grandes conjuntos habitacionales es necesaria y posible.

México está viviendo una transformación que, por lenta, pareciera no estar pasando.

Nuestra evolución nos va a permitir tener un mejor país, mas rico, mas equitativo y con mejor calidad de vida. Creo que la conciencia de que estamos avanzando (aunque suframos retrocesos) es imprescindible para continuar evolucionando. Sin ella, podríamos ser presa de la depresión colectiva de los que no tienen (poder, dinero, educación) y el cinismo de la clase privilegiada.

Me llamó la atención una cita que leí en algún periódico atribuida a Gordon Brown, ex primer ministro del Reino Unido que dice algo así como “en la generación de un estado de derecho, los primeros 500 años son los mas difíciles.” Y nosotros ya estamos llegando…

No es este el espacio para debatir si el peor problema del país es la impunidad o la corrupción y la obvia necesidad de tener un estado de derecho funcional, pero el tema que nos ocupa es un claro subconjunto del grande: la necesidad de la participación de ciudadanos responsables en los temas de política publica, de generación de normas, reglas y leyes que atiendan las necesidades a largo plazo de todos, y no solo las de corto plazo de los que tienen mas voz, votos y medios a su alcance. Esto hace sentido si lo evaluamos desde la perspectiva de la sustentabilidad ambiental, social y económica.

Creo que nadie puede negar que el buen desarrollo de México depende de la participación activa de la sociedad, en todos los ámbitos. Lo que probablemente no sea universalmente aceptado es como lograr mayor participación social en procesos políticos, económicos o urbanos, para ir aterrizando en el tema que aquí me ocupa.

Los brotes de participación social institucional empiezan a mostrar resultados. Entre los mas notables esta “Mexicanos Primero” y su impacto en el terreno de la educación. Creo que la participación de este grupo ha sido trascendental en la instrumentación de la reforma educativa del país.

En el terreno del desarrollo urbano es necesario también institucionalizar la participación social. Esta debe ser muy local (por colonias), debe tener vías de relación con gobiernos municipales, para lo que existe la figura de Observatorio Local Urbano y a nivel nacional pueden surgir figuras que defiendan los intereses de largo plazo de la sociedad en temas de desarrollo urbano.

El próximo mes de noviembre, un grupo denominado “Alianza por la Regeneración Urbana” presenta su documento fundador en el Foro de Innovación y Gobernanza Metropolitana de ONU-Hábitat que se celebrará 23 y 24 de noviembre en Guadalajara.

Veamos si este grupo puede colaborar con grupos de vecinos organizados y con las instancias gubernamentales para lograr que una industria que se ha caracterizado por sus altos índices de crecimiento y aportación al PIB, pueda también evaluar también el impacto económico de la plusvalía (o minusvalía) individual de los que compran una casa de interés social y la posibilidad de desarrollar un mercado secundario funcional de compra-venta-renta de vivienda a nivel nacional.

ANTONIO DÍAZ es Director general de Provive y la Fundación tu+yo.

[email protected]

@ProviveMx

 

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