En la opinión de

Nuevo taller de diseño de Javier Sánchez, apuesta por hacer ciudad, aprovechando infraestructuras urbanas y arquitectónicas preexistentes

Por Gustavo López Padilla*

Para los arquitectos, la oportunidad de decidir la ubicación geográfica dentro del tejido de la ciudad y el criterio conceptual relacionado con la materialidad del taller de diseño, desde donde desarrollar su actividad profesional cotidiana, implica un gran compromiso, dada la representatividad de lo anterior.  Con esto se fija una postura de lo que implican la ciudad, la sociedad y la manera de entender  el ejercicio de la arquitectura. El rostro visible, urbano y arquitectónico del taller de diseño se vuelve significado e imagen. En relación con estas ideas previas, recientemente el Arq. Javier Sánchez Corral, desarrolla en paralelo los trabajos proyectuales y constructivos,  relacionados con las nuevas instalaciones de su taller de diseño.

En términos urbanos, para el nuevo taller de Javier Sánchez, la decisión de aprovechar reciclando las instalaciones de lo que fuera una fabrica de hielo, que datan aproximadamente de los años cuarenta del siglo pasado, ubicadas en la colonia Atlampa, en la Alcaldía Cuauhtémoc, en la ciudad de México, implica confiar y apoyar en todos los sentidos,   la revitalización de esa zona de la ciudad, en la que se mezclan actualmente viejas instalaciones industriales, algunos conjuntos habitacionales de interés social y puntuales zonas comerciales de barrio. Pensando en las condiciones habitables actuales de esa zona de la  ciudad, la postura del reciclamiento implica asumir el reto con inteligencia,  visión, prudencia, sensibilidad y audacia.

En primera instancia, para el proyecto del nuevo taller,  la imagen urbana preexistente de la antigua fábrica,  se ha respetado casi en su totalidad, instrumentándose apenas pequeñas modificaciones puntuales de proyecto. Lo anterior podrá irse ajustando y actualizando en el tiempo, de acuerdo al comportamiento de la revitalización urbana de esa región  de la ciudad y de acuerdo también a las necesidades propias del desarrollo del taller. La zona urbana en cuestión cuenta con un área importante de industrias, que podrán mantener su usos o reorientarlos según se vaya comportando el mercado. En sus alrededores, la zona cuenta con un equipamiento  de infraestructura vial importante, constituido por la ave. Insurgentes Norte, el Circuito Interior y la ave. Ricardo Flores Magón y muy cerca, pudiendo llegar a pié, se ubica el corazón de Santa María la Ribera, constituido por el parque público donde se ubica el atractivo Kiosco Morisco y formando también parte del parque, se ubica el Museo de Geología de la UNAM.

En lo que tiene que ver con el uso y aprovechamiento del espacio, para lograr un buen taller de proyectos urbanos y arquitectónicos, a partir de una instalación fabril, las posibilidades son diversas y versátiles, dadas la escala y generosidad de los espacios preexistentes, generalmente constituidos por lugares amplios, continuos y con alturas importantes que pueden variar entre siete y  diez metros. Para conformar la totalidad de los requerimientos de programa del taller, se reutilizaron espacios preexistentes, con sus modificaciones necesarias y se construyeron también algunas zonas nuevas de trabajo complementarias. En términos generales, el programa arquitectónico del taller de Javier Sánchez, está constituido por zona de acceso y recepción, área administrativa, áreas de reuniones formales e informales, amplias zonas de trabajo donde se desarrollan los proyectos, sumándose a lo anterior una zona de cocineta y comedor y otra más, en donde se podrán desarrollar actividades diversas complementarias, como conferencias, cursos o pláticas relacionadas con la arquitectura, la cultura o la economía. Se instrumentó también un pequeño jardín, mezclando especies vegetales, naturales a la zona geográfica.

La calidad visual del lugar, bien iluminado y ventilado, sobretodo en los lugares rescatados preexistentes, nos deja ver un carácter un tanto brutalista, con concretos aparentes, algunos de ellos muy texturizados, combinándose con detalles metálicos y ciertos tratamientos, sobre todo en los pisos, terminados con madera en tonos claros, creándose atmósferas vivenciales agradables, que propician la creatividad proyectual. Se trata de una propuesta arquitectónica funcionalista con detalles cercanos al expresionismo. Los espacios útiles de trabajo son amplios, continuos, reconfigurables, a manera de plantas libres, donde se propicia una vida comunitaria, que es natural a la idea del trabajo  en un taller.

Como parte sustancial de la propuesta se contempló la instrumentación de criterios e instalaciones de carácter sustentable, como son el aprovechamiento en lo posible de la luz natural, ventilaciones naturales cruzadas, la captación y potabilización del agua de lluvia para uso corriente en las instalaciones del taller y el reciclamiento y reutilización de las aguas residuales. Como parte del proceso de reciclamiento de estas últimas, en una zona lateral de los jardines exteriores, se cuenta con algunos espejos de agua, que a la distancia recuerdan la idea de humedales. Se suma a lo anterior la instalación de celdas solares, ubicadas en la azotea del volumen alto del taller, para la producción de energía, que contribuyen de manera importante a las necesidades de carga eléctrica y lumínica del conjunto del taller.

Me parece importante insistir en la idea del compromiso social que implica desarrollar proyectos, dentro de zonas consolidadas de la ciudad, que cuentan con infraestructuras urbanas funcionales y operativas, en lo que se refiere al transporte público, redes de agua potable, drenaje, suministro de energía, reciclando viejas instalaciones que pueden ser de distinta naturaleza, aunque por lo general son fabriles y que al cambiar de usos del suelo, enriquecen las posibilidades visuales, de calidades vivenciales del espacio y sobre todo de relaciones sociales y económicas de esas zonas de la ciudad, pudiéndose convertir en obras detonadoras del desarrollo. Se trata de hacer obras puntuales, con la idea final de hacer ciudad. Son importantes los criterios de crecer hacia adentro, revitalizando lo construido con base en densidades medias, mostrando realidades amables y asimilables. Mas allá del valor arquitectónico de las nuevas instalaciones del taller de proyectos del Arq. Javier Sánchez, la obra se puede convertir en el tiempo en un hito de renovación urbana de la zona de la ciudad donde se encuentra.

*Gustavo López Padilla
Arquitecto
https://navegandolaarquitectura.wordpress.com/

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