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A diez años y seis líneas

Por Lina Patricia Calderón Arzate.

 

Y cuando más creemos que nos estamos acercando a una verdadera política de movilidad  del sistema de transporte en la Ciudad de México es cuando más caemos en la cuenta de que no hay obra, transformación, acto o política que nos dé gusto a todos.

El primer esfuerzo importante para regular el sistema de transporte público llevado a cabo por la autoridades de la Ciudad de México, luego de muchos años de abandono, fue la línea Uno del Metrobús, allá por el año 2007, la cual recorría de norte a sur de la ciudad y viceversa un tramo de 19 kilómetros de la Avenida Insurgentes comprendido entre Doctor Gálvez e Indios Verdes. La gran cantidad de cambios que generó para los usuarios de transporte, comerciantes, residentes y sobretodo automovilistas que circulaban por una de las avenidas más importantes de la ciudad fue de inicio incómoda, mal vista y hasta increíble para algunos que consideraban imposible el hecho de que ningún otro sistema de transporte colectivo compartiera uso con este nuevo modo de transporte, o que el carril de extrema derecha ya no pudiera utilizarse como estacionamiento momentáneo; pero sin lugar a duda, lo que más causaba incredulidad por parte de todos los citadinos era el hecho de que todo un carril fuera usado única y exclusivamente para  el uso del nuevo capricho del gobierno de la ciudad.

Y al hablar de regulación del sistema de transporte en esta ciudad, no me refiero sólo al hecho de poner orden en una de tantas vialidades que conforman nuestra gran urbe, hablo también de la regulación que como usuarios y no usuarios de transporte colectivo adoptamos al integrarse este nuevo sistema de transporte. La introducción de nuevos sistemas de pago, el costo superior a los sistemas tradicionales de transporte y como ya se mencionó la nueva forma de circular distinta a la que estábamos acostumbrados.

Ahora bien, ninguno de los millones de habitantes que padecimos la incomodidad de más de un año de obras, la tala de cientos de árboles y todos los daños colaterales que la obra de la línea uno generó en ese entonces, usuarios o no usuarios actuales del Metrobus,  podemos negar que, este sistema, importado de otras ciudades, es hoy por hoy el sistema de transporte más eficiente, regulado, limpio y con mejor servicio que ofrece esta ciudad.

Hoy, después de ya seis pruebas tangibles de que el Metrobús no sólo es uno de los sistemas mejor evaluados por los usuarios de transporte colectivo, si no de que sus efectos en la estructura urbana de la ciudad, son en su mayoría benéficos, se pretende impedir que circule por Paseo de la Reforma, como si fuese esta avenida para uso exclusivo de turistas o para ser fotografiada sin que un autobús se atraviese en la imagen, olvidando por completo que en esta avenida y en sus calles circundantes existe la mayor concentración de población flotante que diariamente trabaja, circula, se manifiesta o visita este punto de la ciudad, por lo cual no se puede dejar de lado que las políticas orientadas a incentivar a los actuales y futuros pobladores al uso del transporte público eficiente como el Metrobus, son para ellos y que su inclusión no afecta de manera alguna la imagen de una avenida o de los monumentos que en ella se encuentran.

Los opositores a este proyecto argumentan, que la avenida Paseo de la Reforma, sus glorietas, monumentos y vegetación se verán afectadas durante el proceso y ejecución de la obra, otros opinan que el sistema simplemente no es necesario. Habría que hacer una encuesta a estos sobre sus modos de transporte cotidianos, muy probablemente nunca han tenido que experimentar la calidad de transporte que circula diariamente no solo por Reforma, si no por toda la ciudad. Y es que, no existe, ni existirá, una sola obra o proyecto urbano que durante su proceso no conlleve afectaciones a terceros, y no es que sea meritorio llevar a cabo una masacre ecológica por el Bosque de Chapultepec o la destrucción del patrimonio de la ciudad para introducir el Metrobús en Reforma, lo meritorio es considerar que los beneficios del sistema no son sólo para sus usuarios, sino para todos los que padecemos la Ciudad de México.

Regresando la mirada diez años atrás, reflexionando sobre la incredulidad de los citadinos a adoptar sistemas que en otras ciudades han funcionado, integrando ideas que parecían utópicas como el uso de la bicicleta que hasta hace unos años era impensable en esta ciudad, es cuando debemos preguntarnos si es necesario oponernos a cualquier cambio que parezca perjudicial, aun cuando sus efectos nos beneficien a todos.

 

 

 Lina Patricia Calderón Arzate. Es Lic. en Urbanismo por la Facultad de Arquitectura, UNAM (2002-2007), titulada en “Análisis Cualitativo del Sistema de transporte Metrobús en su primera etapa” (2008). A lo largo de su trayectoria profesional ha ganado diferentes premios: primer lugar del concurso Ángel Borja Navarrete, “Propuestas viables y originales para el hábitat y la vivienda popular en Xochimilco, Distrito Federal” UNAM (2004) e  “Implicaciones de la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita”, HT Contadores Asociados (2013).

Twitter:@BicireporteraDF