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Advenimiento erótico en la urbanidad contemporánea

Por Ulises Velasco Velasco.

Eros, el dios griego del amor, ha dado la espalda al urbanismo moderno.

El encuentro erótico comienza con la visión de la ciudad deseada,  con las sombras de los edificios caminando hacia el toqueteo de la infraestructura aledaña, los sentidos y el conocimiento del cuerpo mutan  en  fragmentos de cuentos de Tununa Mercado, los ojos ven por instantes, la piel de la ciudad, me refiero al asfalto, se refresca con la lluvia acida tocando y recorriendo sus sendas, la continuidad de la vida en la ciudad es intransferible ante lo bello de sus formas sinuosas y de su agradable error en el territorio que le toco establecer  la vida de millones de habitantes con alegorías carnales del núcleo y los guetos  donde habitan. La presencia de miradas profundas hacia sus cavidades de equipamiento pervertido, la luz entra y sale, se necesita una destreza más que sexual para recorrer la ciudad en forma pacífica, dispersión  interminable, corrientes que permiten escuchar los murmullos de los edificios mirándose sin parpadear, monolitos hambrientos por proliferar ante una ausencia de columnas esbeltas, hay un momento en el que hay una orgia masiva en toda la ciudad, sugestivo y locuaz son las formas polinucleares  de caminar la ciudad, el nomadismo ante la concupiscencia de territorios vaginales donde no llega el trasporte colectivo, es idóneo conocer la familiaridad de puntos donde la ciudad retoma lecturas del kamasutra y aquí, es donde surgen los obeliscos de forma, no cuadrada, sino sensual, imprescindible la demagogia de letanías por parte de onanistas, proverbios hacia las curvas de los pensamientos descarnados de nuestra ciudad y es así como las sombras de los edificios postradas sobre los ríos donde el reflejo es un importante acontecimiento de luces y formas las cuales se han perdido  por el erotismo sádico de la urbanidad, y la masturbación de nuevos obeliscos genéricos en la periferia de la urbe que se vuelve hotel de paso para millones de personas con pesadillas sexuales, donde las intervenciones urbanas son a semejanza de clubes nocturnos, donde las luces artificiales retiran a las luciérnagas diciéndoles que ellas no son el plato nocturno de los sedentarios famélicos y hambrientos de sexo urbano, y sin embargo Eros ha renunciado a la nueva urbanidad…

 

Eros, el dios griego del amor, ha dado la espalda al urbanismo moderno.

 

Diferentes acontecimientos, vicisitudes y determinados tiempos han  recreado una línea erótica entre las ciudades y distintos núcleos urbanos, estas circunstancias nos dicen que no existe limitante ante funesto acto urbano, históricamente, la unidad básica del urbanismo (la vivienda) se ha prostituido como parte fundamental de políticas públicas, donde monigotes recrean aforismos sobre la nueva urbanidad y la nueva contemporaneidad de la forma de vivir, habitar y recrear, esto es sugestivo y sin embargo es perfecto para conocer la prostitución de la ciudad.

Las ciudades medievales generalmente están rodeadas por una muralla defensiva que solo tiene algunos accesos y salidas a los destinos más importantes, la traza de estas ciudades nos hace rememorar nuestra contemporaneidad con trazas irregulares y sinuosas, es decir, el advenimiento de un urbanismo desenfrenado y locuaz para millones de habitantes, estas ciudades ya tenían una organización de barrios conformada por su religión o diferentes actividades económicas, la plaza pública, es donde se desempeñaba la vida urbana de la ciudad y donde se explayaba el dialogo poético y erótico de sus habitantes.

A través de los vestigios de las murallas y de las edificaciones podemos entender la castidad de la ciudad, su no expansión y como la configuración de la ciudad obedece a una limitante al ciudadano a su misma reproducción, estas ciudades nos dan ejemplo que la morfología de un lugar nos hace más sexuales o más castos, es decir: las ciudades medievales se reprimieron  de los placeres urbanos, como si la ciudad tuviera la decisión de no mantener relaciones genitales con otra ciudad.

Eros, el dios griego del amor, ha dado la espalda al urbanismo moderno. En esta época de la historia los centros urbanos estaban dispersos, claro está, tenían un vínculo económico entre núcleos, pero no pululaban entre sí, más allá de proliferar su urbanismo lo mantenían en un acto de coyunturas ortodoxas religiosas que mantenía un orden de la ciudad. Es bien sabido que muchas religiones considera la castidad como una virtud y si tomamos en cuenta la configuración de la ciudad medieval bajo los monumentos religiosos entonces se entiende que tenían un espectacular con un mensaje de castidad todo el tiempo prendido.

En la historia de las ciudades, desde las antiguas, las medievales, las barrocas y las del renacimiento, nunca se había tenido un arribo tan explosivo de migración y de expansión de las ciudades como lo fue en la época industrial, en este periodo tenemos la primera prostitución de la ciudad, los núcleos urbanos en este periodo sufren una trasformación provocada por la llegada de nuevos medios de trasporte y nuevas formas de trabajo en todas las industrias.

Este periodo histórico origino a una escala mayúscula fabricas que empezaron a configurar territorios, y estas mismas requerían de obreros, en algunos casos especializados para desarrollar nuevas actividades industriales, este cambio tan brutal del territorio rural a urbano es la presentación del erotismo del urbanismo, esa manifestación de los pequeños bloques urbanos que empiezan a ganar territorio al campo a través de una economía de carácter urbana, industrializada y mecanizada es antecedente de que la ciudad comenzaba a tener un apetito sexual por nuevos territorios, los nuevos avances tecnológicos daban apertura para que los edificios se expandieran a diestra y siniestra, la conectividad de sendas empezó a gozar orgias desenfrenadas de los deseos por llegar cada vez más lejos, a partir de ese momento se inició una transición histórica donde la ciudad sustituía la castidad medieval por un libertinaje entre territorios nunca explorados.

Eros, el dios griego del amor, ha dado la espalda al urbanismo moderno.

En 70 años del siglo XX  e inicios del XXI la mancha urbana ha pululado en diferentes ciudades y son distintos factores por los cuales está mancha se ha desarrollado hasta lugares inhóspitos donde se ha expuesto la intimidad del territorio y estos factores por ejemplo son:

La autorización de desarrollos habitacionales cada vez más alejados de las zonas urbanas, y cada vez más inhumanos, este elemento es parte fundamental de la reproducción sexual de  la ciudad, le han dado todas las circunstancias aptas para proliferar sobre territorios que se pensaba eran estériles, sin embargo nos hemos percatado que no hay tierra que pueda fecundar la ciudad con desarrollos urbanos donde el coqueteo social es más bestial que humano y donde la urbanidad es carnal por circunstancias cotidianas y donde el erotismo tiene un peso monumental con la urbanidad, es decir, estos desarrollos son a semejanza de alojamientos eróticos  donde lo más importante es reproducirse bajo parámetros de noche y aplicable solo para dormir. Este fenómeno de núcleos de dormitorio es parte sustancial y preponderante en los desarrollos habitacionales los cuales son generados de una forma genérica, no tomando en cuenta circunstancias explicitas de las personas que habitaran y solo pensando en el letargo de miles de habitantes los cuales proliferan en el éxtasis  de la noche y las estrellas.

Las amenazas de nuevos núcleos urbanos en la periferia no dejan de estar al acecho, pues estos ostentan una gran carga económica hacia un sector constructivo, no obstante, en algunos lugares se están recuperando las alcobas olvidadas y abandonadas.

Eros, el dios griego del amor, ha dado la espalda al urbanismo moderno.

Otro factor significativo es la escasa evaluación de las consecuencias de expansión de la ciudad, tomando en cuenta el  concepto de ciudad  sexual, puedo decir que: llega un momento en que la ciudad está  en ardor por reproducirse, evidentemente el mecanismo que ocupa no es el más viable para millones de personas que funcionan bajo la movilidad de puntos distanciados, es esta reproducción entre todos los medios de duplicado  la más sórdida y mórbida contemporáneamente, es decir; hay un una lucha entre el hombre y la naturaleza por el territorio donde habitar, donde ambas expresiones ponen de manifiesto su temperamento salvaje, gran parte de estos debates de hombre-naturaleza, los gana la ciudad, por eso es una de las luchas más mórbidas de nuestros tiempos, sin embargo no podemos postergar la idea de que la sexualidad de la ciudad solo es autónoma, existe una alianza con el hombre, eso lo podemos comprobar en cualquier urbe de toda la historia de la humanidad, por eso es inalienable la ciudad sexual en nuestra simultaneidad urbanística y social. Italo Calvino, en  su libro, “Las ciudades invisibles” recrea y reinventa una visión de una ciudad llamada Cloe donde describe un erotismo urbano, es una ciudad donde las personas que pasan por las calles no se conocen y al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen. Continúa Calvino. Pasa una muchacha que hace girar una sombrilla apoyada en su hombro y también un poco la redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, los ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos. Pasa un gigante tatuado; un hombre joven con el pelo blanco; una enana; dos mellizas vestidas de coral… Un ciego con un guepardo sujeto por una cadena, una cortesana con abanico de plumas de avestruz, un efebo, una jamona. Y así, entre  quienes por casualidad se juntan bajo un soportal para guarecerse de la lluvia, o se apiñan debajo del toldo del bazar, o se detienen a escuchar la banda en la plaza, se consuman encuentros, seducciones, copulaciones, orgías, sin cambiar una palabra, sin rosarse con un dedo, casi sin alzar los ojos. Concluye Calvino, una vibración lujuriosa mueve continuamente a Cloe, la más casta de las ciudades.

Eros, el dios griego del amor, ha dado la espalda al urbanismo moderno.  Las políticas públicas y las formas administrativas de las ciudades no evalúan la sexualidad de sus urbes, dejan que fecunde a diestra y siniestra las tierras vírgenes sin evaluación y sin visión de problemáticas futuras, se sabe muy bien que las ciudades son entes a propagarse con el más mínimo acoso y aun así no toman en cuenta su reproducción, en este sentido existe una falta de retención de la mancha urbana. Por esto hemos tenido que inventar reglas indecentes sobre la nueva urbanidad  y la forma de canalizar el estudio de las ciudades a un tiempo que proteja a la sociedad y la reproducción de la polis, esta promiscuidad entre ciudad y sociedad es una pasión que realmente es importante en la forma de habitar las ciudades  porque la insensibilidad y la inhumanidad son factores que ocupa la urbe para adueñarse de las nuevas urbanidades en lugares cada vez más desérticos en cuanto a recursos y territorio  “El habitar no se produce allí donde se duerme y de vez en cuando se come, donde se mira la televisión y se juega con el ordenador personal; el lugar del habitar no es el alojamiento. Sólo una ciudad puede ser habitada, pero no es posible habitar la ciudad si ésta no se dispone para el habitar; es decir, si no ‘proporciona’ lugares. El lugar es allí donde nos paramos: es pausa; es análogo al silencio en una partitura. El territorio posmetropolitano ignora el silencio” (Cacciari, 2011)  y por otra parte, es considerable la sexualidad urbana hacia la planificación de nuevos advenimientos metropolitanos de los que se necesita urgentemente humanismo, donde se vive con un complejo proceso de relaciones sociales fragmentadas por muros de contextos de barrios distintos, donde existen nuevas dinámicas de habitar que no generan participación y mucho menos podemos encontrar democracia, existe una búsqueda de identidad sin la identidad constante de las personas, a través de esto se generan situaciones vertiginosas por parte de la sociedad y una soledad donde Eros nos ha abandonado.

 

Ulises Velasco Velasco, tengo 25 años y vivo en el Estado de México, actualmente curso el noveno semestre en UAEM (Universidad Autónoma del Estado de México). De mis cosas predilectas, la escritura, el cine, la escultura y  el urbanismo.

@VelascooUlises