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Historias de la “narcoguerra”

Una historia de abusos y policías

Son las 9 de la mañana de un domingo cualquiera. En la unidad habitacional “El Reloj”, la tranquilidad matutina se ve interrumpida por el azotar de pies que indican que una persecución más, de esas que acaban en balazos, se lleva a cabo.

En una calle vacía, “El Melo”, un joven narcomenudista retirado, corre despavorido. Atrás de él, a una distancia que no rebasa los 200 metros, lo corretean de cerca dos tipos, que no son del barrio, pero tienen la intención de aniquilarlo.

Tras varios minutos de persecución, “El Melo” llega al corazón de la unidad. Entre edificios, plazas y juegos para niños, lo que convierte en un laberinto aquella unidad, el joven trata de escabullirse.

En un momento en que la condición física no dio para más, “El Melo” levanta la cabeza y se encuentra frente al edificio 45-B, aquel donde recogía la mercancía cuando se dedicaba al negocio de las drogas.

En un acto desesperado por salvar la vida, “El Melo” intenta escalar la reja que sirve como barrera de entrada al edificio. Para su mala suerte, esa mañana, la reja que siempre se encuentra de par en par, estaba cerrada.

En su intento de entrar al edificio por el balcón que se encuentra entre el 1er y 2do piso, los verdugos le dan alcance. Con el último aliento que les queda, suben a la reja para tumbar a un “Melo” desesperado y cansado.

Tras un jalón de la playera y un golpe en las costillas, “El Melo” cae, luego de tratar de aferrarse a la reja. Ya en el suelo, los verdugos comienzan la fiesta.

Entre puñetazos y patadas, los verdugos intentaron deshacer a aquel joven. Golpeaban la cabeza de su víctima a sabiendas que ahí s alojaba una bala, proyectil que llegó a esa zona luego de un primer intento por acabarlo meses atrás de este ataque.

En el suelo, “El Melo” clamaba piedad. “¡Párenle! ¡Ya estuvo!”, gritaba el joven con la intención de apelar al buen corazón de los sujetos.

Tras varios minutos de golpiza, uno de los verdugos sacó el arma de fuego. El sonido de tres detonaciones cruzaron toda la unidad, sin movimiento en las calles aún.

Uno de los disparos atravesó la pierna del joven. Desde la altura de la cadera, en dirección la rodilla, la bala destruyó el muslo de “El Melo”. La sangre de inmediato brotó. El proyectil había pulverizado una de las venas.

La agonía del joven se prolongó por más de 30 minutos. A pesar del arribo de cuerpos de auxilio, la ayuda no tuvo éxito. Los paramédicos se declararon incompetente para atender la herida del joven. Aseguraron no tener el material para tratar el daño.

Cerca de las 11:30, camino al nosocomio en la ambulancia, el joven perdió la vida y pasó a formar parte de las víctimas mortales de la violencia desatada en México desde 2006.



Editor de Vivienda en Centro Urbano. Egresado de la maestría en Periodismo Político de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García (EPCSG). Estudió la licenciatura en Comunicación en la Universidad Mexicana. Amante de la crónica y el reportaje. Admirador de Vicente Leñero y Miguel Ángel Granados Chapa.