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¿Después de la tormenta viene la calma?

Ya han pasado un poco más de dos semanas de que algunos de los Estados de la República se vieran afectados por el temblor. Y como es de esperarse quedaron muchos estragos de aquel fatídico acontecimiento, sin embargo, no puedo evitar sentir que ya ha pasado mucho tiempo.

Los noticieros ya no hablan tanto del tema,  y en las redes sociales poco a poco van cesando los comentarios o notas al respecto. La ayuda cada vez es menos, y creo que por desgracia era de esperar que esto pasara, ya que tenemos que regresar a la “normalidad”.

Aunque, sinceramente, me niego a creer eso, nadie puede ser totalmente como era antes de ese 19 de septiembre, algo te cambia, para bien o para mal. Y aún me sigue sorprendiendo como la desgracia puede sacar nuestra mejor o nuestra peor versión.

Vivía muy conflictuada al ver como mientras muchas personas sufrían o ayudaban, otras tantas seguían delinquiendo. Ese contraste tan marcado me movió mucho y me enojó.

Sin embargo, como bien dicen, hay que seguir viviendo y no veo nada de malo con eso, al contrario, lo veo muy sano. Desconectarnos unas horas de tanta desgracia, salir a convivir y no sentirnos culpables por ello, pero creo que lo importante es no olvidar.

No olvidar lo que unida la gente puede lograr, lo bueno que puede resultar si todos desde nuestro lugar aportamos nuestro granito de arena, de ayudar sin ver si los demás lo hacen o no.

Preferiría que no regresáramos a la normalidad, que esos cambios que como sociedad tuvimos no fueran sólo en las desgracias y que fuera día con día, pero sobre todo que no olvidemos qué hacer en esos momentos y cómo actuar ante un hecho de esa magnitud.

 


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