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Planear ciudades para las personas

Jane Jacobs

Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste, Jane Jacobs

 

Jane Jacobs, divulgadora científica, periodista y urbanista, fue una de las personas más influyentes en la forma de ver las ciudades, se enfocaba en defender las manzanas pequeñas, calles transitadas y la mezcla de edificios residenciales y comerciales.

 

Nació un 4 de mayo de 1916 en Scranton, Estados Unidos y falleció el 25 de abril de 2006 en Toronto, Canadá. A lo largo de su vida se opuso a la planificación moderna, que da prioridad al automóvil sobre las personas: “No hay ninguna lógica que pueda ser impuesta a la ciudad; la gente la hace, y es a ella, no a los edificios, a la que hay que adaptar nuestros planes “; incluso logró detener megaproyectos que intentaban cambiar el entorno de Nueva York.

 

También argumentaba: “Las calles y sus aceras, los principales lugares públicos de una ciudad, son sus órganos más vitales. ¿Qué es lo primero que nos viene a la mente al pensar en una ciudad? Sus calles. Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste”.

 

Aseguraba que la ciudad pertenece a todos los que habitan en ella: “Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todo el mundo, sólo porque, y sólo cuando, se crean para todo el mundo”.

 

En 1961 escribió The Death and Life of Great American Cities, su obra más influyente, donde critica las prácticas de renovación urbana de los años 50 en Estados Unidos, pues aseguraba que los modelos que se seguían condujeron a la destrucción del espacio público.

 

Sus ideas sobre la autoorganización espontánea del urbanismo fueron aplicadas en el posterior concepto de sistemas emergentes, los cuales se caracterizan por resolver problemas sin necesidad de recurrir a un sistema jerarquizado; aquí el comportamiento individual de cada uno de los agentes produce el comportamiento colectivo.

 

Comparó el movimiento de las ciudades con el baile: “Pero no una danza de precisión y uniforme en la que todo el mundo levante la pierna al mismo tiempo, gire al unísono y haga la reverencia en masa, sino a la manera de un enredado ballet en el cual cada uno de los bailarines y los conjuntos manifiestan claramente sus elementos distintivos, que, como milagrosamente, se dan vigor y densidad mutuamente, componiendo entre todos un conjunto armónico y ordenado. El ballet de las aceras de una ciudad nunca se repite a sí mismo en ningún lugar, es decir, no repite la representación como en una gira; incluso en un mismo y único lugar, la representación está llena de improvisaciones”.

 

En su obra literaria también se incluye The Economy of Cities, de 1969; The Question of Separatism: Quebec and the Struggle over Sovereignty, 1980; Cities and the Wealth of Nations, en 1984; Systems of Survival: A Dialogue on the Moral Foundations of Commerce and Politics, 1992; The Nature of Economies, 2000 y Dark Age Ahead en 2004.

 

De igual forma aseguraba que, la forma en que está organizada una ciudad repercute directamente en la seguridad de los habitantes de la misma, “Una calle muy frecuentada tiene posibilidades de ser una calle segura. Una calle poco concurrida es probablemente una calle insegura (…) Ha de haber siempre ojos que miren a la calle, ojos pertenecientes a personas que podríamos considerar propietarios naturales de la calle (…) La seguridad de la calle es mayor, más relajada y con menores tintes de hostilidad o sospecha precisamente allí donde la gente usa y disfruta voluntariamente las calles de la ciudad y son menos conscientes, por lo general, de que están vigilando”.