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Las mejoras en pro del peatón detonan la gentrificación

Las mejoras en pro del peatón detonan la gentrificación

“La gentrificación es inminente, incluso en lugares donde hoy en día no se imaginaría: colonias populares como Apatlaco, Bondojito y la zona de Talismán” 

Roberto Remes Tello de Meneses, titular de la Autoridad del Espacio Público, habló para Centro Urbano sobre diversos fenómenos que atañen a la capital del país hoy en día. Uno de ellos es la gentrificación, la cual se hace presente cada vez más en distintos puntos de la metrópolis.

Pero, ¿la gentrificación beneficia al peatón? Al respecto, Remes Tello señaló que en realidad, las mejoras en pro del peatón, son aquellas que detonan el proceso de gentrificación y lo que no produce gentrificación, muere. Es lo que ocurre en colonias como San Rafael y Santa María la Ribera que gozan con gran atractivo estético. Si a éstas se les somete a una ampliación de banquetas y cambio total de luminarias, la caminata en las calles será más segura; no obstante, sus valores quedarán alterados y el costo de residencia en dichas zonas se irá al cielo, y las rentas comenzarán a multiplicar sus costos.

La gentrificación puede derivar en expulsión; por ejemplo, si en la colonia Atlampa comenzaran con este proceso, el entrevistado planteó que “si alguien renta, su departamento o cuartito de 2000 pesos mensuales, se va a ir a 10,000 en nada. Pero si no hago nada, ¿qué pasa? Tengo un barrio inseguro, abandonado, donde la dotación de servicios es un lío”. Parte de la problemática se da por la falta de voz de los barrios populares, algo que no ocurre en lugares como la zona poniente de la ciudad, donde las colonias de clase media alta y alta si cuentan con voz, debido a que en ocasiones, el poder adquisitivo se impone.

Desde el punto de vista del coordinador general de la Autoridad del Espacio Público, la gran carencia en las ciudades de todo México es la falta de estrategia; sin embargo, la gentrificación es inminente, incluso en lugares donde hoy en día no se imaginaría. Colonias populares como Apatlaco, Bondojito y la zona de Talismán, actualmente se ubican en el centro de la gran mancha urbana, cuentan con transporte que en lapsos cortos, llegan a los centros productores de empleo y si a éste se le implementara una mayor cantidad de líneas de servicio, sus condiciones de vida mejorarían considerablemente.

No obstante, el cuestionamiento de Tello de Meneses al respecto, recae en situaciones como: “¿Qué hago para que un adulto mayor que vive de una pensión, vende cualquier cosita y finalmente, su ingreso no va a pasar de 5,000 pesos al mes por el resto de su vida, no sea expulsado? Ahí es donde está la crueldad de la gentrificación. Yo creo que el problema no es la gentrificación, es la expulsión”.

“Cuando hablamos del derecho a la ciudad, hablamos entre otras cosas, del derecho al arraigo. Si yo soy de cualquier colonia, tengo un derecho al arraigo, que el desarrollo, que la gentrificación no me expulse de mi barrio”, puntualizó Roberto Remes. En lugares como Las Lomas, existen puntos donde hay mercados y comercios, donde de repente uno se encuentra con gente de bajos recursos. Son ellos los afectados de la gentrificación.

Al continuar con el caso de un adulto mayor que heredó una casona ubicada en una colonia de clase alta, una de las acciones que se podría tomar, sería permitir que la persona venda su propiedad y dejar que viva en el mismo barrio, donde a final de cuentas tiene sus raíces y su vida. Si esta acción es pensada para la gente de una zona de alto nivel económico, tiene posibilidad de aplicar para todos, la cuestión es desarrollar instrumentos de planeación para la ciudad.

Dentro de esta materia, Tello de Meneses señaló la problemática de las obras públicas y el mal confinamiento con el que cuentan, del cual la sociedad pide mejoras. El cómo actuar tiene que ver con procesos institucionales y normativas, que inclusive deberían ajustarse en torno a la problemática actual: “la obra pública podría tener un tercer contrato; normalmente tienes un primer contrato que es la obra, un segundo contrato que es la supervisión y podría tener un tercer contrato que fuera el confinamiento, o bien, un contrato más amplio con la supervisión, para que ésta se hiciera cargo del confinamiento; o un anexo al contrato, con su programación de pagos con la obra principal, para que si no hace un buen confinamiento, no le pagues cierto porcentaje a la empresa”.

Para Roberto Remes estas “son grandes batallas que todavía hay que dar, aunque de pronto podrías dar desde afuera con una agenda social o desde dentro, ¿qué hacemos, qué normativas tenemos que cambiar? Yo quiero hacer un foro, por ejemplo, de normatividad, en donde entremos a normatividad de obra, de movilidad y de otras naturalezas, hasta de publicidad, para que a final de cuentas, el peatón siempre quede protegido”.



Estudiante de Comunicación de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, con especialidad en Multimedia y Cultura. Apasionada por la radio, la música y la CDMX. Hablo mucho y río más, me gusta la cumbia, las chelas y el rock n’ roll.