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Ciclismo urbano en la Ciudad de México como alternativa de movilidad y reivindicación ambiental

Las calles de la Ciudad de México son coloquialmente conocidas como la “jungla de concreto” lamentablemente moverte día a día puede resultar una tarea que poco a poco te hace asociar esté espacio con conceptos como ruidoso, contaminado, hostil, incluso peligroso… un espacio donde no nos encanta estar, dominado por el movimiento, básicamente el espacio entre edificios donde pasan o estacionan los coches. En el transcurso de pocas décadas la mayoría de las calles han ido mano a  mano perdiendo su múltiple naturaleza de enlace y de lugar.

Ante un panorama abrumador en términos de movilidad, la bicicleta en la ciudad tiene el potencial no solo de cambiar la manera en la que transitamos, sino muchos más aspectos de nuestras vidas cotidianas: que nuestras ciudades sean más habitables, más vitales, más tranquilas, más diversas, más seguras, además de más limpias… estos son algunos de los beneficios del uso de la bicicleta aparte de los relacionados a la salud que comúnmente se predican.Ciclismo Urbano en la CDMX - Zafir Malá

La gran contribución de la bicicleta en una urbe como la CDMX, está en su capacidad de ‘humanizar’ el espacio público tan gravemente devastado por los procesos de desarrollo que han llevado a organizarlo en función de agilizar los flujos (de vehículos, de mercancías, de renta). Desplazarse a pie, en bici o en transporte colectivo, hace que los espacios públicos y las calles, sean lugares vitales, diversos y seguros.

Estos beneficios no son abstractos, y en momentos como esté en el que la contaminación ambiental en la ciudad alcanza niveles tóxicos es necesario empezar a entender el potencial de ‘cura’ de la bicicleta y comenzar a actuar para que su uso sea posible, reconocido y priorizado por encima de los derechos de los vehículos motorizados… La bicicleta no es un remedio para todos los problemas urbanos pero, si realmente se integra en el sistema de movilidad de la ciudad (no solo como medio recreativo) y en su paisaje (no solo en la zona centro), puede contribuir a frenar e incluso a invertir algunos de sus procesos patológicos.

La necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo de ciudad y de calle, no es solo un modelo de movilidad, sino de convivencia y de inclusión.