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La falta de respeto hacia el patrimonio cultural en México: el caso de la ex fábrica textil La Constancia Mexicana

POR NATALIA RIVERA SCOTT.

Cuando me fui a Florencia a estudiar restauración pensé que me iba a dedicar toda la vida a intervenir cuadros en un taller con musiquita y manicure bien hechecito. Así pasé la carrera, enamorada de los cuadros. Cuando regresé a México mi primer proyecto fue el rescate de cielos rasos (proyecto de re apertura del Museo José Luis Bello y González, hoy desmantelado y ultrajado por la administración de Rafael Moreno Valle para el Museo del Barroco y otros intereses), siendo “cuadros” de gran formato (telas de algodón decoradas con pintura al temple que se utilizaban como solución estética para cubrir las vigas en casonas de la época), se convirtió para mí en la aplicación de mis conocimientos y en la introducción a lo que se volvería mi pasión como restauradora: la intervención de inmuebles históricos.

El respeto al patrimonio artístico sí te lo enseñan en la carrera, porque finalmente de eso vas a comer, pero siempre he creído que los que lo tenemos en la sangre somos pocos y claramente no las instituciones gubernamentales que se supone fueron creadas para su protección (si, hablo del INAH y del INBA, entre otras). Para mí el acercarme de manera respetuosa a un bien mueble o inmueble ha sido siempre primordial en mi trabajo.

Así empecé a ejercer como residente de obra en proyectos de restauración integral de inmuebles históricos. La primera vez que vez un convento del S. X en restauración, tú como parte del enorme equipo de trabajo conformado por cientos de personas que se mueven por todos lados interviniendo portones, vigas, pisos, muros, pintura mural e instalaciones, te impactas. Para mí fue un “nací para hacer esto” y me volví muy aprensiva con mi trabajo: “son mis inmuebles temporalmente y los voy a proteger”.

Ese primer proyecto fue en Zacatlán de las Manzanas con la restauración del ex convento franciscano (acabamos de terminar la segunda etapa, en la que se rescató pintura única en el país). Después vino el Museo Regional Casa de Alfeñique y la ex fábrica textil La Constancia Mexicana, en la que, junto con la constructora ejecutora, yo participaría en la segunda etapa de intervención. En la Constancia supervisé y ejecuté acciones de restauración en distintas áreas. Intervenimos vestigios industriales, la fragua (en la cual también eliminamos depósitos de hidrocarburos de fracción media y pesada junto con el equipo de remediación ambiental), herrería, rescatamos pintura mural que se encontraba cubierta y limpiamos algunas de las máquinas industriales localizadas en Budas en un lapso de ocho meses. La última zona a la que tuvimos acceso fue a la pintura mural del vestíbulo en el proceso de término de la segunda etapa y probable inicio de la tercera.

La pintura se encontraba reseca, rígida, cubierta de polvo y se rompía al contacto. El trabajo era rescatarla y restaurarla. Empiezas por hacer pruebas y por investigar para determinar cuál es la mejor opción para su conservación. Existen distintas metodologías a las cuales uno puede recurrir. Lo primero fue realizar un velado, que es un proceso “básico” que sirve para poder proteger una superficie evitando que se exponga a mayor daño o pérdida para poder, también, trabajar el soporte, en este caso aplanados decohesos. Me tomó casi tres meses cubrir toda el área debido a lo delicado del proceso de velado en este caso, colocando cuadrados de papel japonés hidratando a través de ellos la pintura con agua aplicada con aspersor, y cola de conejo aplicada con brochas de pelo suave y poco a poco logrando que ésta “cediera” sin romperse para lograr re adherirla al soporte, inyectando posteriormente caseína con amoniaco para lograr una mayor adhesión y poder, así, consolidar los aplanados.

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En ese espacio de tiempo, la constructora “pierde” la tercera etapa y entra la de uno de los mismos socios, AYPP, de Armando Prida, conocido empresario poblano, que no es especialista en intervención de inmuebles históricos y por lo tanto no cuenta con el personal que pueda ejecutar este tipo de delicadas acciones. Quiero mencionar que así es como se provoca el daño irreversible en el patrimonio.

Las intervenciones siempre están autorizadas y supervisadas por el INAH o INBA, dependiendo de la época del inmueble o bien mueble. En este caso, Sergio Vergara, del INAH Puebla, que cuenta con una muy manchada reputación por autorizar trabajos bastante poco éticos, como es el caso de la ex fábrica textil de la tercera etapa en adelante, fue el supervisor por parte de la Institución.

Es en la tercera etapa cuando AYPP designa a la arquitecta María Estrella Soledad Carvajal, sin experiencia alguna en intervención de bienes muebles, para el área de restauración, quien me pide le entregue la información de los procesos realizados sobre la pintura mural del vestíbulo, a lo cual, por supuesto me negué. El velado es un proceso que a simple vista se puede identificar y basta con utilizar agua caliente para retirarlo. Cualquier restaurador lo sabe. La arquitecta no supo nunca qué hacer y junto con su equipo arrancó el papel japonés y junto con él toda la pintura. Su intervención consistió en destruir la pintura, aplicar nuevos aplanados, resanar y repintar el área utilizando pintura a la cal, dejando el área como nueva, violando cada uno de los principios de restauración.

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Cuando me enteré de esto, empecé a escribir en mi blog, que siendo honesta, nadie lee. Sin embargo llegó a oídos del INAH y la constructora me amenazó. Fue entonces cuando decidí seguir investigando y publicar todos los nombres de los involucrados en la destrucción de patrimonio nacional y de la UNESCO en ese espacio arquitectónico. Siguieron conla eliminación de pisos de pasta y aplanados originales, el inadecuado movimiento de las máquinas textiles del área de telares y tróciles y la negligente limpieza en la que se eliminó la pátina de la superficie (al estilo El Caballito) dejándolas como nuevas. También hubo mal manejo de los residuos contaminantes (hidrocarburos de fracción pesada que son cancerígenos) en esas áreas. AYPP arrasó con la fábrica dejándola “bonita y linda” para su uso como sede de las orquestas y museo de música de Fundación Azteca.

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Este fue el inicio de un largo camino de destrucción de patrimonio por parte de esa constructora, siguiendo la demolición de la Antigua Casa del Torno, catalogada desde 1990 como edificio patrimonial en el marco jurídico de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos en el centro histórico de Puebla para la construcción del teleférico, entre otras.
En estos últimos años ha resonado mucho el terrible y desafortunado caso de El Caballito y recientemente la polémica intervención al Hemiciclo. Como restauradora y conservadora del patrimonio no dejo de sentir coraje, pero no son los únicos casos. Atentados contra el patrimonio son muy comunes en este país, en donde las autoridades protectoras son las últimas en realizar su trabajo, cuando autorizan proyectos, procesos e intervenciones incorrectas para después lavarse las manos o lanzar dictámenes y recomendaciones que llegan tarde, una vez que el daño irreversible está hecho. Entre esas instituciones, los ejecutores sin estudios (cuándo vamos a entender que un maestro de obra o un herrero o carpintero no son restauradores y son excelentes en sus áreas de trabajo pero no están capacitados para restaurar) ni preparación, los intereses económicos (el patrimonio es un gran negocio y a pocos les interesa su conservación) y políticos (el gobernador Rafael Moreno Valle junto con Antonio Gali y sus secuaces son responsables, entre otras cosas, del daño irreversible a los Fuertes de Guadalupe, por mencionar un ejemplo) y el patrimonio resulta ser el más desprotegido y el más afectado. México pierde.

Se vuelve un asunto completamente desesperanzador y como casi todo en México un “es imposible arreglar algo así”. El daño ya está hecho, si, pero somos uno de los países que cuenta con más patrimonio artístico y cultural en el mundo, pocos lugares debajo de Italia en la lista de la UNESCO. Somos un país que tiene todo, que cuenta con gente capacitada para cualquier cosa. Creo que es importante asignar la conservación y restauración a empresas y personas con el interés, pasión, capacidad e inteligencia para realizar tan delicada labor. Dinero hay, eso lo hemos tenido claro siempre, pero las autoridades tienen que dejar de hacer negocio prostituyendo el patrimonio y empezar a gastar para cuidarlo. No es justo para los restauradores serios, no es justo para el público, para el país seguir dejando pasar casos como estos, más Caballitos, más Hemiciclos sin denuncias efectivas que lleven a que los destructores paguen consecuencias bajo leyes de protección. El patrimonio nos pertenece a todos y como restauradores (los buenos restauradores) dedicamos nuestra vida a su conservación.

Rest. Natalia Rivera Scott es especialista en pintura sobre tela y madera, egresada del Istituto per l’arte e il restauro Palazzo Spinelli en Florencia, Italia.

@nat_riverascott