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Usos sociales del agua en la ciudad prehispánica . La historia de la urbanización lacustre.

POR CARMEN CONTRERAS.

Una comunidad lacustre es aquella que basa la mayor parte de su organización social en el uso del agua. Hubo una etapa histórica en que las ciudades se desarrollaron cerca de los grandes cuerpos de agua o ríos importantes, principalmente en zonas templadas o tropicales del centro de Mesoamérica. En aquellas condiciones surgen ciudades como Teotihuacán, Texcoco, Culhuacán y Tenochtitlan en la cuenca de México; Teotenango en el valle de Toluca; Tula en el valle del mismo nombre y Tzintzuntzan en el lago de Pátzcuaro. En las ciudades que alcanzaron una organización social compleja, el dios Tláloc o dios de la lluvia y el agua ocupó un lugar primordial. El culto a Tláloc se asociaba a la búsqueda de lagos, lagunas, ríos o manantiales como lugares propicios para los asentamientos.

La ciudad de Tenochtitlán fue fundada a partir del aprovechamiento del agua al igual que otras culturas, no solo en América sino en todo el mundo. La parte central de una cuenca cerrada que contenía cinco lagos: Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Chalco y Xochimilco fue el lugar en donde se edificó el asentamiento de la cultura mexica, la cual llegaría a dominar a los pueblos mesoamericanos. Efectivamente, lo que hoy conocemos como valle de México fue una cuenca cerrada hasta principios del siglo XVII, cuando se abrió el Tajo o Túnel de Huehuetoca. Esta cuenca permitió la existencia de lagos, lagunas y pantanos de poca profundidad. La extensión total de la cuenca, incluyendo las altas montañas que la delimitan y la zona lacustre misma fue de 8 mil kilómetros cuadrados. Para tener una idea de la superficie cubierta por agua Ángel Palerm señala que “los lagos, lagunas y pantanos, cubrían, hacia comienzos del siglo XVI, un octavo de la superficie total, o sea unos mil kilómetros cuadrados.”

Tenochtitlán

La precipitación pluvial dentro de la cuenca estuvo concentrada en una sola estación de lluvias, la que fue muy irregular en términos tanto de su distribución geográfica como estacional. Puede decirse que llovía más y con mayor regularidad donde resultaba menos útil para la agricultura; esto es, en las partes más altas, donde las heladas, la abrupta topografía y los suelos pobres hacían difíciles los cultivos (esta situación se ha modificado con el llamado “cambio climático”). Debido a estas condiciones ambientales fue necesario desarrollar una técnica de construcción de suelos en el agua que era posible mediante la compactación de lodos extraídos del fondo de los lagos. Estos suelos a su vez, estimularon la aparición de sistemas de cultivo intensivo con los que se aprovechó la abundancia de agua en algunas partes.

El desafío mayor que hicieron las culturas establecidas en las áreas lacustres de la cuenca de México a las condiciones del medio físico prevaleciente, lo constituyó el sistema de chinampas, que se extendieron principalmente por los lagos de Chalco y Xochimilco cubriendo la mayor parte de su superficie. Las chinampas aún constituyen un ejemplo del mayor aprovechamiento que se hace del agua para fines agrícolas. Son un notable invento al parecer proveniente de la cultura tolteca.

“Alrededor de 1327 un grupo de toltecas que había emigrado al sureste, regresaron y se mezclaron con los chichimecas, introduciendo entre ellos muchos adelantos… entre ellos el suelo a mano fabricado por el hombre. En esa época el nivel de los lagos aumentó y el cultivo de chinampas se hizo otra vez posible.”

La poca profundidad de los lagos y la calidad de sus aguas posibilitaron la agricultura en chinampería. Cuando nos referimos a esta actividad podemos entender el cultivo en una superficie de tierra que se construye extrayendo lodo del fondo de un lago que debe ser poco profundo, compactándolo para que alcance un nivel superior al del agua y poder establecer una parcela “artificial” cultivada con distintos productos hasta por seis veces en un año. Con este método se alcanza una explotación intensiva de la tierra. La palabra chinampa se deriva del náhuatl chinamitl, “seto o cerco de cañas” y pan que significa “sobre o encima” y es una adecuada descripción de lo que podemos apreciar todavía en Xochimilco y Tláhuac.

La agricultura por este medio también se desarrolló en las regiones de Xaltocan, Mexicaltzingo, Zumpango y Azcapotzalco, pero no de la misma forma y magnitud como la alcanzada por los pueblos de la parte sur, los cuales recibieron el nombre de chinampecas, cuyo origen étnico era diverso. Los más representativos fueron Xochimilco, Tláhuac, Mixquic, Tetelco y Tezompa.

De acuerdo con los trabajos de Jeffrey Parsons, las principales tareas de desecación de ciénegas y construcción de chinampas se llevaron a cabo de 1426 a 1467, años en los que se perfeccionaron las técnicas de cultivo para obtener productos con base en una explotación intensiva de la tierra. Se sabe, además, que para el siglo XV el antiguo lago de Xochimilco estaba completamente aprovechado y contaba con una compleja red de navegación formada por canales y acequias estratégicamente comunicadas para facilitar el paso de productos agrícolas entre los distintos barrios prehispánicos. Las vías de comunicación entre los islotes artificiales eran los canales o acequias que los dividían. Por ellos transitaban canoas (conocidas como “trajineras”) transportando gente, productos para el comercio y para el autoconsumo. Este sistema podría llamarse hoy “de movilidad lacustre”.

Las obras para extender los cultivos de riego, los de chinampas y aquellas destinadas a la navegación, aumentaban la capacidad de producir mayores excedentes que, a su turno, permitían dedicar aún más trabajo humano para nuevas obras, para más población urbana, en una creciente organización socio-política.

chinampa

La antigua ciudad prehispánica basó en gran medida su poderío en el uso del agua; la existencia de los lagos no fue un impedimento para establecer una estructura urbana que reflejaba una organización política centralizada en la medida en que más grupos sociales se incorporaban al dominio mexica. La intensificación de la agricultura, la creación de nuevos suelos cultivables y las facilidades del transporte favorecieron las altas densidades poblacionales y la concentración urbana. El poder económico y demográfico desarrollado por Tenochtitlán en la cuenca de México, combinado con una organización política y militar, cuyo campo de acción se apoyaba en los sistemas hidráulicos, hizo posible la consolidación del dominio de esta urbe sobre los pueblos lacustres que se extendieron en la región de Lerma.

Por supuesto que el uso del agua no se reducía al desarrollo de la agricultura, también fue el soporte de otras actividades productivas y de la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad prehispánica. Para que esto fuera posible fue necesario construir grandes obras de abastecimiento y distribución. Estas obras formaron un sistema que representó una forma de dominio sobre los pueblos sojuzgados por los mexicas. Por ejemplo, se sabe que en aquellos tiempos los pueblos pequeños debían pagar un tributo para transitar por algunos canales que poseían compuertas, las que eran cerradas cuando no se cumplía con el pago en especie evitando así el intercambio sin un control de las autoridades centrales.

A pesar del buen funcionamiento de las obras hidráulicas de abastecimiento y para la producción agrícola, en la ciudad de Tenochtitlán el agua también provocó grandes calamidades que, a través de la experiencia y de algunas construcciones, se fueron resolviendo. El ejemplo más notable es el albarradón de Netzahualcóyotl que permitió por un tiempo el control de las inundaciones.

El agua no siempre fue un elemento aliado de la antigua ciudad, también se tuvo que luchar para sobrevivir con ella. A pesar de esto, la existencia del sistema lacustre siguió siendo el soporte de la actividad humana hasta la conquista de México. Es importante señalar que quienes aprovecharon las condiciones de la cuenca de manera más productiva habían sido los pueblos que se formaron en los lagos de Xochimilco y Chalco. De la fisonomía y organización social de la antigua ciudad caracterizada por el uso dominante del agua para actividades agrícolas y de circulación de productos, solo queda lo que llamamos región lacustre de la Ciudad de México ubicada en lo que hoy es parte de las delegaciones Xochimilco y Tláhuac. De las 9 mil hectáreas de suelo productivo en chinampas, quedan alrededor de 2 mil, contando las que se preservan por decreto en el Parque Ecológico de Xochimilco y en la zona turística.

Desde 1997 se trató de implementar un plan para la restauración de las zonas chinamperas y ejidales de Xochimilco y Tláhuac con incentivos a la agricultura en la ciudad mediante créditos, así como convenios de colaboración entre universidades y autoridades para desarrollar técnicas de saneamiento y aprovechamiento de aguas. No obstante, la continuidad de estos programas se ha suprimido o modificado desde distintas dependencias gubernamentales. Sus acciones se encuentran desarticuladas e incluso se contraponen como política pública, por ejemplo: impulsar el desarrollo habitacional, reducir los recursos de los Programas Operativos Anuales por delegación encaminados a metas de conservación ecológica, la elaboración de programas ambientales sin un plan rector que involucre a los municipios conurbados y, sobre todo, el uso que los partidos políticos hacen de los grupos demandantes de vivienda promoviendo la urbanización irregular.

La política urbana actualmente sigue tolerando por un lado, la desaparición del agua para la agricultura de aquella zona y, por otro, la expansión de los asentamientos afectando áreas agrícolas a través de los cambios de usos de suelo y la desintegración de la propiedad ejidal. Consecuentemente, los grupos que habitan la región lacustre han ido modificando su organización interna, su identidad, el trabajo y su relación con el entorno físico. Los habitantes de la región lacustre han tenido que adaptarse cambiando los rubros de ocupación y las formas de trabajo, la estructura de sus familias (entendida como unidad productiva), los medios y tecnologías para la producción agrícola. Pero esta adaptación está lejos de concebirse como una forma de equilibrio social, puesto que en el proceso adaptativo se van generando conflictos y la fragmentación de los grupos sociales. A pesar de su valor histórico y ambiental, esta zona de la ciudad de México tiende a desaparecer sin que haya un plan rector integral que se consolide a partir de una visión del desarrollo urbano que reconcilie la modernidad con el pasado histórico.

Cuenca de México

Socióloga por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM con especialidad en Transversalidad de Género en la Política Social e Identidad Cultural y Espacio Público por el Museo Nacional de Arquitectura de Suecia. Subdirectora de Auditorías de Movilidad y responsable de los Programas de Igualdad de Género y Movilidad en la SEMOVI CDMX. Lo que escribo es a título personal.

CARMEN CONTRERAS CHÁVEZ es Socióloga por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM con especialidad en Transversalidad de Género en la Política Social e Identidad Cultural y Espacio Público por el Museo Nacional de Arquitectura de Suecia. Subdirectora de Auditorías de Movilidad y responsable de los Programas de Igualdad de Género y Movilidad en la SEMOVI CDMX.

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