Search

¿Qué tan alta la quieres? 

 

Cuando las familias tienen un terrenito se emocionan imaginando todo lo que pueden construir en él, y no es para menos, ya que son los cimientos de lo que será su mayor patrimonio. 

 

Poco a poco van construyendo un cuarto, dos, que luego se vuelven pisos, incluso hasta un tercer nivel para el cuarto de servicio o más bien la bodega de los tiliches.

 

Y todo es muy bueno mientras los jefes de la casa (llámense mamá y papá) están en una edad relativamente joven, pero al pasar de los años, cuando los hijos se van de la casa para formar su propio hogar, o bien, si el terreno familiar es grande lo construyen a un ladito, la avanzada edad llega y con eso los achaques.

 

Imaginen para un adulto mayor lo que significa tener una casa de dos pisos cuando el uso del bastón apenas le permite caminar. Esa enorme casa se convierte en semi abandonada, al menos del segundo nivel para arriba y más que una alegría se vuelve en angustia para los habitantes de ya una sola área.

 

Pero no sólo el lento caminar podría derivar en dicha situación, también alguna lesión puede hacer que un segundo piso se vuelva una pesadilla. Al respecto, una amiga me platicó como su joven vecina quedo en silla de ruedas tras un accidente, por lo que sus familiares improvisaron un elevador en su casa, sin embargo, la tragedia se hizo aún mayor cuando éste colapso provocándole la muerte. Entonces, el segundo piso que hasta entonces era maravilloso se volvió un infierno para sus habitantes.

 

Lo mismo sucede con las unidades habitacionales, como todo, la vivienda vertical tiene sus ventajas y desventajas, por una parte soluciona la falta de vivienda en lugares con poca reserva territorial para construir, como en el Distrito Federal, y en su caso, contribuye a dar solución a la demanda habitacional, pero… ¿se imaginan vivir en el piso 10? Claro que estos edificios cuentan con elevadores pero ¿y si se descompone uno? ¿o en caso de un temblor? No me imagino llegando agotada del trabajo y tener que subir 100 escalones, ¿y los adultos mayores? Tendrían que hacer escala en cada uno de los pisos para «saludar» a sus vecinos en lo que toman un poco de aire y ¿si alguien está discapacitado o ese día tuvo la mala fortuna de torcerse un tobillo?

 

Y es que no todas las personas pueden pagar un poco más para adquirir un departamento en la planta baja (que muchas veces cuenta con un jardín) o en el primer piso, pues estos son mucho más costosos que los que están «cerca del cielo», es más, ¡debería haber algún subsidio para ello!

 

En el caso de las casas existen programas como Hogar a tu Medida, del Infonavit, que permite adaptar una vivienda para facilitar la vida de las personas con alguna discapacidad, mediante instalaciones y dimensiones adecuadas, para lo cual, 184 mil derechohabientes podrán calificar para un crédito; no obstante, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) estima que son alrededor de 2 millones de ciudadanos los que padecen una discapacidad.

 

La decisión de que tan alta será una casa es de los propietarios, quienes deberán considerar todos estos aspectos; sin embargo, no quiero decir que lo mejor es que las casas sean de un nivel y vivir la mitad de la vida apretados toda la familia en un espacio pequeño teniendo tanto terreno para construir, pero si es necesario planear un futuro en el que se contemplen varias opciones como mudarse a una casa más pequeña una vez que pase la etapa de los hijos “vuelen del nido” o adaptar el segundo piso como un departamento independiente para así rentarlo y además obtener un ingreso extra.

 



Egresada de la carrera de Comunicación y Periodismo en la FES Aragón, UNAM. Aunque se especializó en Televisión prefiere estar detrás de una computadora haciendo lo que más le gusta: escribir. Su mayor experiencia como profesionista la obtuvo en Diario de México Edición USA, donde fungió como coordinadora editorial. Siempre perfeccionista y responsable, ahora se desempeña como Editora en Jefe dentro de Centro Urbano.