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Los desafíos de la vivienda para Brasil

Por Pablo Lazo*

Durante los últimos veinte años, el mejoramiento de la calidad de vida en los países latinoamericanos se ha demostrado con la aparición, planeada o no, de nuevos asentamientos urbanos en las principales ciudades de la región. En Brasil, este fenómeno ha acontecido con mayor brutalidad debido a dos razones: la implementación del programa “Mea Casa Mea Vida” (MCMV) del gobierno federal en un lapso de tiempo muy corto y, la importancia de resolver el tema de las favelas en las principales ciudades de este país. En el breve periodo comprendido entre 1920 y 2001, el número de asentamientos informales en América Latina aumentó de 111 mil  a 127 mil, como consecuencia del rápido proceso de urbanización en la región (CEPAL, 2004). Para 2010, esta cifra alcanzó 135 mil y la proyección es que este aumento no disminuirá hasta después de 2035. Estas viviendas fueron construidas sin ningún tipo de apoyo técnico de ingenieros o arquitectos, o de financiamiento del gobierno, y sin cumplir con las leyes y normas sobre la ocupación de suelo y vivienda. No todas las viviendas se consideran informales o precarias y, entre ellas, también encontramos viviendas de clase media. Este hecho revela una compleja relación entre las leyes urbanas, el mercado privado y la exclusión social; arquetipo de la condición de la vivienda en la mayoría de los países de latinoamericanos con excepción de Chile y Costa Rica.

El experimento de MCMV se puede comparar con el proyecto original del Infonavit en los años setenta, en la medida en que ambos programas surgieron como parte de una agenda política y bienestar social, pero carentes de un componente de innovación tecnológica, como sí lo fueron los programas de vivienda, de la posguerra europea de mitad del siglo XX. Con el paso del tiempo ambos proyectos (MCMV e Infonavit) se han convertido en un problema endémico de producción masiva de vivienda social con bajo costo de construcción y un cortísimo ciclo de vida. Si bien ambos proyectos se convirtieron en una panacea para satisfacer el déficit de vivienda (prácticamente en una década 4 millones de mexicanos y 12 millones de brasileños pasaron de tener una favela a una casa) el modelo generó un círculo vicioso dentro del sistema de diseño, construcción y financiamiento bajo el cual los desarrolladores de vivienda buscaron maximizar la rentabilidad reduciendo la innovación en el proceso constructivo, el proceso de diseño y buscando siempre, un suelo barato para urbanizar.

Urbanizar la periferia

La enorme tasa de ocupación ilegal de tierras urbanas ha llevado a consecuencias desastrosas no sólo para las personas que viven en ellas sino a la sociedad en su conjunto, y para el medio ambiente y la sostenibilidad de nuestro ecosistema. La ocupación ilegal de las colinas escarpadas, márgenes de ríos, pantanos, costas y llanuras de inundación afectan negativamente a la vida de los ocupantes que están en riesgo de morir bajo deslizamientos de tierra e inundaciones. Por otra parte, este tipo de ocupación puede ser la causa de la deforestación, contaminación del agua y sedimentación. Desde 2006,  más del 80% de los 200 millones de brasileños viven en las ciudades. De acuerdo con el censo demográfico realizado en 2010, el 38% de la población total: 62 millones de personas vive en 11 metrópolis (209 municipios); 82% de las personas que habitan en viviendas (en su mayoría favelas) viven en estas metrópolis; y la misma área es responsable del 33% del déficit de vivienda (2 millones 192 mil 396 unidades en el 2008).

En ciudades de países como Brasil y México, la desregulación y producción de los servicios públicos debido a la privatización, la guerra fiscal, el rol social cada vez más débil del Estado, y las políticas económicas han tenido un impacto dramático en un territorio que siempre ha sido parcialmente regulado por la tradición de la informalidad. Es un territorio sustancialmente segregado caracterizado por tierra muy exclusiva y con amplia voracidad especulativa entre los mercados de bienes raíces. El surgimiento del programa MCMV en Brasil fue el resultado de un cambio paradigmático de la problemática social derivada de la falta de vivienda. En 2003, el recién elegido Presidente Luiz Inácio Lula da Silva creó el Ministerio de las Ciudades, exigido mediante movimientos sociales como Reforma Urbana. El Ministerio de las Ciudades se esforzó por unir a las políticas de vivienda, transporte y saneamiento a la política sectaria y la planificación del suelo urbanizable. Esta última, siempre responsabilidad de la ciudad, pero ahora en manos del Ministerio Federal, funcionó como una importante institución que fomentaría y promovería la formación para la elaboración de Planes Directores de la ciudad, que posteriormente fueron desarrollados mediante una campaña nacional. Esto dio origen a una planificación de suelo estratégica en donde el programa MCMV se vendría a implantar en todo Brasil. Desde 2005 hasta la fecha, así se han creado más de 4 millones de vivienda principalmente en al noreste. Actualmente, los resultados del programa MCMV no distan mucho de los del programa del Infonavit (único comparable en cantidad de viviendas construidas y demanda solicitada). Entre las principales causas de la decepción se encuentran: mala calidad, proyectos abandonados después de los primeros años, localización errónea, programa de incentivos equivocado y una sectorialización de los proyectos desvinculados de los proyectos de infraestructura, principalmente de transporte (F. Freitas, MCMV, 2013).

¿Cuáles serían las lecciones del programa MCMV para la siguiente generación del mismo?

Primero: el programa está reformulando sus mecanismos de financiamiento dividiendo el apoyo a los sectores desarrolladores y de la construcción al mismo tiempo que crea un fondo de innovación para desarrollar tecnologías constructivas. Los desarrolladores podrán optar por tecnologías, y en contra partida, recibir una serie de incentivos fiscales directamente aplicables a la etapa del proyecto y ejecución de obra. Segundo: priorizar proyectos intraurbanos de media-alta densidad vinculados a nodos de infraestructura de transporte. Tercero: se propone incubar el tema de una tipología de vivienda con capacidad de crecimiento flexible o expansión particular con el fin de fomentar arraigo por el bien inmueble del residente. Cuarto: utilizar al programa MCMV como un mecanismo de equilibrio en el desarrollo territorial de sur a norte, cuyo principal motor económico gira en torno a la industria de la construcción. Quinto: diversificar los mecanismos de financiamiento para distintos tipos de producción de la vivienda: favela (autoconstrucción), comisión y vivienda nueva. Una lectura positiva de la revisión y reestructuración del programa podría ser que Brasil busca invertir en reformular un modelo para diseñar y construir vivienda reconociendo sus fallas y atenderlas para la siguiente década. México es quizá el único país comprobable en tamaño de mercado y demanda con Brasil, ambos aspiran a producir más de 500 mil viviendas en cinco años (Coulomb, 2007; Maricato, 2011). Quizá ha llegado el momento en que el gobierno de México tenga que invertir en transformar el modelo del Infonavit para frenar el evidente deterioro del sistema de producción de vivienda. Además del progreso hecho en materia jurídica con la nueva Política de Vivienda, se precisa una agenda de planeación urbana y diseño arquitectónico en conjunto que haga contrapeso a la agenda política que busca satisfacer el derecho a la vivienda digna en calidad y no sólo cantidad.

Fuente: * 5° Foro Internacional de Vivienda Sustentable